CONSERVANDO LOS RESTOS
SUMA TEOLÓGICA
Ia Parte
Cuestión 2
LA EXISTENCIA DE DIOS
ARTÍCULO 2
¿Puede demostrarse la existencia de Dios?
Objeciones: Por las que parece que la existencia de Dios no puede demostrarse:
1ª. Porque la existencia de Dios es un artículo de fe, y las cosas que son de fe no son susceptibles de ser demostradas; puesto que la demostración produce la ciencia, en tanto que la fe tiene por objeto lo que no se ve, como dice el Apóstol Hebr., 11. Por consiguiente la existencia de Dios no puede demostrarse.
2ª. El medio de demostrar una cosa es partir de lo que ella es. Pero con respecto a Dios no podemos saber lo que es, sino únicamente lo que no es, como lo dice San Juan Damasceno De orth. Fid. 1,4. Por consiguiente no podemos demostrar la existencia de Dios.
3ª. Si se demostrase la existencia de Dios, sería únicamente según sus efectos. Pero no hay proporción entre Dios y sus efectos; puesto que es infinito y sus efectos son finitos, y no hay proporción entre lo finito y lo infinito. Luego, como una causa no puede ser demostrada por un efecto que no lo es proporcionado; la existencia de Dios no puede ser demostrada.
Por el contrario: dice San Pablo Rom. 1, 20: Lo invisible de Dios nos lo hacen conocer las criaturas, que ha formado. No sucedería esto, si no se pudiese demostrar la existencia de Dios por medio de sus obras; que lo primero, que de alguna cosa debe conocerse, es su existencia.
Respondo diciendo que hay dos clases de demostración:
Una, que se funda en la causa, y que se llama propter quid, y que es a priori absolutamente hablando.
Y otra, que se funda en el efecto, y se llama demostratio quia, y esta es a priori relativamente a nosotros. Cuando un efecto nos es más conocido que su causa; por medio del efecto venimos en conocimiento de ella.
Mas por cualquier efecto puede demostrarse su propia causa, si tal efecto es más conocido quoad nos; porque, cuando los efectos dependen de su causa, puesto el efecto, necesariamente preexiste la causa.
Por consiguiente la existencia de Dios, que con relación a nosotros no es evidente por sí misma, puede ser demostrable para nosotros por los efectos, que de Él conocemos.
Respuesta a las objeciones:
1ª. La existencia de Dios, y todas las cosas que podemos conocer acerca de Él con las luces de la razón, como lo dice el Apóstol Rom. 1, no son artículos de fe, sino preámbulos para ellos, porque la fe presupone las luces naturales, como la gracia presupone la naturaleza y la perfección lo perceptible.
Nada impide, sin embargo, que aquel, que no comprende una demostración, acepte como creíble lo que en sí mismo es demostrable y accesible a la inteligencia.
2ª. Cuando una causa se demuestra por su efecto, es necesario, para demostrar la existencia de la causa, servirse del efecto en lugar de la definición de la causa misma; y esto es lo que se hace principalmente con relación a Dios.
Porque, para probar la existencia de una cosa, es necesario tomar como medio de demostración el sentido que se da a la palabra que se expresa, pero no la esencia de la misma; puesto que, después de haber conocido la existencia de una cosa, es cuando se examina lo que es.
Ahora bien, los nombres que damos a Dios, están tomados de los efectos que produce.
Por consiguiente, demostrando la existencia de Dios por sus efectos, podemos tomar como medio de demostración el significado que se da a su nombre.
3ª. No es posible conocer perfectamente una causa según sus efectos, si no guardan proporción con ella; pero un efecto cualquiera, si nos es conocido, demuestra la existencia de su causa, como lo hemos dicho en el curso de este artículo. Así es como podemos demostrar la existencia de Dios por sus efectos, por más que no podamos, por el mismo medio, conocerle según su esencia.
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ARTÍCULO 3
¿Existe Dios?
Objeciones por las cuales parece que Dios no existe:
1ª. Porque, si de dos contrarios el uno fuese infinito, el otro estaría completamente destruido. Pero bajo el nombre de Dios se entiende un bien infinito. Por consiguiente, si Dios existe, el mal no debe existir; más, como éste existe en el mundo, de aquí se deduce que Dios no existe.
2ª. Lo que puede hacerse con pocos principios, no debe ser la obra de muchos. Pero parece que cuanto vemos en el mundo puede ser producido por otros principios, en la hipótesis de que Dios no existiese; porque las cosas naturales se reducen a su principio, que es la razón o la voluntad humana. Por consiguiente no es necesario admitir la existencia de Dios.
Por el contrario: en la Escritura Sagrada dice Dios Ex. 3,14 Yo soy el que soy.
Respondo diciendo que la existencia de Dios puede demostrarse de cinco maneras:
La primera y más evidente prueba es la que se deduce del movimiento; porque es cierto por la experiencia que en este mundo hay cosas, que se mueven.
Pero todo lo que se mueve recibe el movimiento de otro; porque ningún ser puede moverse, sino en tanto que tiene poder para ello con relación al objeto, hacia el cual sea movido.
Una cosa no mueve a otra, sino en cuanto existe en acto, porque mover no es otra cosa que hacer pasar un ser de la potencia al acto; y un ser no puede pasar de aquélla a éste, sino por medio de otro, que está en acto. Así es como lo cálido en acto, cual es el fuego, hace que el combustible, que es cálido en potencia, sea cálido en acto; y por esto lo mueve y modifica.
Mas no es posible que el mismo ser esté a la vez en acto y potencia, sino en conceptos diferentes; porque lo que es cálido en acto, no puede serlo al mismo tiempo en potencia, y sí frío simultáneamente en potencia.
Por consiguiente es imposible que el mismo ser mueva y sea movido bajo el mismo concepto y del mismo modo, o que él se mueva a sí mismo; y por lo tanto es necesario que todo lo que se mueve sea movido por otro.
Si pues el que da el movimiento él mismo está en movimiento, es preciso que lo reciba de otro, y este de otro; pero no procediendo hasta el infinito, porque en este caso no habría primer motor, y por consecuencia tampoco habría algo que moviese a otro; porque los segundos motores no mueven, sino en cuanto son movidos por un primero. Así un bastón no se mueve, sino cuando le mueve la mano que se sirve de él.
Por consiguiente es preciso remontarse a un primer motor, que no sea movido por otro, y este primer motor es el que todo el mundo llama Dios.
La segunda prueba se deduce de la naturaleza de la causa eficiente.
En efecto, en las cosas sensibles hallamos cierto encadenamiento de causas eficientes.
No se encuentra, sin embargo, ni es posible, que una cosa sea causa eficiente de sí mismo; porque entonces sería anterior a sí misma, lo que repugna; ni es posible que para las causas eficientes se remonte uno de causas en causas en serie infinita; puesto que en todas las causas eficientes ordenadas la primera es causa de la intermedia, y esta de la última; ya sea que las causas intermediarias sean muchas, o que solamente haya una.
Pero quitada la causa, se quita también el efecto; luego, si en las eficientes no se admite una primera causa, no hay ni puede haber última ni intermedia.
Ahora bien, si por medio de las eficientes se remonta uno de causa en causa hasta el infinito, no habría causa eficiente primera, y por consecuencia no habría ni último efecto, ni causas eficientes intermediarias; lo que evidentemente es falso.
Luego es necesario admitir una primera causa eficiente, y esta es la que todo el mundo llama Dios.
La tercera prueba está sacada de lo posible y de lo necesario, y se expone de este modo:
En la naturaleza hallamos cosas que pueden ser y no ser, toda vez que hay quien nace y quien muere, y que puede por consecuencia ser y no ser.
Ahora bien, es imposible que tales seres existan siempre; porque lo que es posible que no exista, alguna vez no existe.
Por consiguiente, si todos los seres han podido no existir, ha habido un tiempo en que nada existía. Si así hubiera sido, nada existiría ahora; porque lo que no existe no puede recibir el ser, sino de lo que existe.
Por consiguiente, sino hubiese existido ningún ser, hubiera sido imposible que ninguna cosa empezase a existir; y por lo mismo nada existiría ahora, lo que a todas luces es falso.
Por lo tanto no todos los seres son posibles, sino que es preciso que en la naturaleza haya un ser necesario.
Pero todo ser necesario o tiene la causa de su necesidad en otra causa, o no: y, como no es posible que se proceda hasta lo infinito en las cosas necesarias, que tienen en sí la causa de necesidad, como tampoco en las causas eficientes, según lo dicho en este artículo; se deduce que es preciso admitir un ser, que sea necesario por sí mismo, que no tome de otra parte la causa de su necesidad, sino al contrario que él sea la causa de necesidad respecto de los demás; y este ser es el que todo el mundo llama Dios.
La cuarta prueba está tomada de los diversos grados, que se notan en los seres.
En efecto, se observa en la naturaleza algo más o menos bueno, más o menos verdadero, más o menos noble, y así en todo lo demás.
El más y el menos se dice de los objetos diferentes, según que se aproximan de diversa manera a un tipo el más elevado: así un objeto es más caliente, a medida que se aproxima más a lo más cálido por excelencia.
Por consiguiente hay algo, que es lo verdadero, lo bueno, lo noble por excelencia, y por tanto el ser por excelencia; porque lo que es verdadero por excelencia, es ente por excelencia, como lo dice Aristóteles en Met. l.2, text. 4.
Ahora bien, lo que lleva por excelencia el nombre de un género, es causa de todo lo que contiene este género; así el fuego, que es lo que hay de más caliente, es causa de todo lo cálido, como lo dice el mismo filósofo Met. l. 2, text. 4; hay pues algo, que es causa de lo que hay de ser, de bondad y de perfección en todos los seres: y a esta causa es la que llamamos Dios.
La quinta prueba está tomada del gobierno del mundo.
En efecto, vemos que los seres desprovistos de inteligencia, como los cuerpos naturales, obran de un modo conforme a un fin; pues se los ve siempre, o al menos muy a menudo, obrar del mismo modo, para llegar a lo mejor; de donde se deduce, que no es por casualidad, sino con intención deliberada, llegan de este modo a su fin.
Los seres desprovistos de conocimiento no tienden a un fin, sino en tanto que son dirigidos por un ser inteligente, que lo conoce; como la flecha es dirigida por el arquero.
Luego hay un ser inteligente, por el que todas las cosas son dirigidas a su fin; y este ser es al que se llama Dios.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Según dice San Agustín In Enchirid. C. 11: siendo Dios soberanamente bueno, no permitiría que hubiese nada malo en sus obras, si no tuviese suficiente poder y bondad para sacar el bien del mal mismo. Por consiguiente a su bondad infinita pertenece el permitir que exista el mal, y sacar de él el bien.
2ª. Obrando la naturaleza por un fin determinado bajo la dirección de un agente superior; es necesario que se refieran a Dios, como a su causa primordial, todas las cosas, sobre las que actúa la naturaleza. Del mismo modo, todo cuanto se hace deliberadamente, debe estar en relación con una causa más elevada que la razón y la voluntad humana; porque estas son cosas mudables y defectibles, y todo lo que es movible y defectible debe reducirse a un primer principio inmóvil y necesario por sí mismo, como lo hemos demostrado en este mismo artículo.

