MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.
Hoy nos encomendamos a:
SAN PEDRO CRISOLOGO, ARZOBISPO DE RAVENA, DOCTOR DE
LA IGLESIA (F. 450)

San Pedro nació en Imola, en la Emilia oriental. Estudió las ciencias sagradas, y recibió el diaconado de manos de Cornelio, obispo de Imola, de quien habla con la mayor veneración y gratitud. Cornelio formó a Pedro en la virtud desde sus primeros años y le hizo comprender que en el dominio de las pasiones y de sí mismo residía la verdadera grandeza y que era éste el único medio de alcanzar el espíritu de Cristo.
Según la leyenda, San Pedro fue elevado a la dignidad episcopal de la manera siguiente:
Juan, el arzobispo de Ravena, murió hacia el año 433. El clero y el pueblo de la ciudad eligieron a su sucesor y pidieron a Cornelio de Imola que encabezase la embajada que iba a Roma a pedir al Papa San Sixto III que confirmase la elección. Cornelio llevó consigo a su diácono Pedro. Según se cuenta, el Papa había tenido la noche anterior una visión de San Pedro y San Apolinar (primer obispo de Ravena, que había muerto por la fe), quienes le ordenaron que no confirmase la elección. Así pues, Sixto III propuso para el cargo a San Pedro Crisólogo, siguiendo las instrucciones del cielo. Los embajadores acabaron por doblegarse. El nuevo obispo recibió la consagración y se trasladó a Ravena, donde el pueblo le recibió con cierta frialdad.
El emperador Valentiniano III y su madre, Gala Placidia, residían entonces en Ravena. San Pedro gozó de su estima y confianza, así como de las del sucesor de Sixto III, San León Magno. Cuando San Pedro llegó a Ravena, aún había muchos paganos en su diócesis y abundaban los abusos entre los fieles. El celo infatigable del santo consiguió extirpar el paganismo y corregir los abusos. En la ciudad de Classis, que era entonces el puerto de Ravena, San Pedro construyó un bautisterio y una iglesia dedicadas a San Andrés.
Se distinguió por la inmensa caridad e incansable vigilancia con que atendió a su grey, a la que alimentó constantemente con el pan de vida, que es la palabra de Dios. Se conservan todavía muchos sermones del santo que son siempre muy cortos, pues temía fatigar a sus oyentes.
En el siglo IX, se escribió una biografía de Pedro que da muy pocos datos sobre él. En los sermones del Santo, se encuentran largas exposiciones doctrinales y pocas exhortaciones y afectos.
Aunque el estilo oratorio de San Pedro no es perfecto (Butler afirma en otra parte que su vocabulario es «exacto, sencillo y natural»), el contenido de sus sermones movió a Benedicto XIII a declarar al santo doctor de la Iglesia, en 1729.
Se cuenta que San Pedro predicaba con tal vehemencia que a veces la emoción le impedía seguir hablando. Predicó en favor de la comunión frecuente y exhortó a los cristianos a convertir la Eucaristía en su alimento cotidiano. El heresiarca Eutiques, que fue condenado por San Flavio el año 448, escribió una circular a los prelados más distinguidos para justificarse. En su respuesta, San Pedro le decía que había leído su carta con la pena más profunda, porque así como la pacífica unión de la Iglesia alegra a los cielos, así las divisiones los entristecen. Y añade que, por inexplicable que sea el ministerio de la Encarnación, nos ha sido revelado por Dios y debemos creerlo con sencillez. En seguida, exhorta a Eutiques a someterse sin discusión.
Ese mismo año, San Pedro Crisólogo recibió con grandes honores en Ravena a San Germán de Auxerre; el 31 de julio, ofició en los funerales del santo francés, y conservó como reliquias su capucha y su camisa de pelo. San Pedro Crisólogo no sobrevivió largo tiempo a San Germán. Habiendo tenido una revelación sobre su muerte próxima, volvió a su ciudad natal de Imola, donde regaló a la iglesia de San Casiano varios cálices preciosos. Después de aconsejar que se procediese con diligencia a elegir a su sucesor, murió en Imola el 2 de diciembre, probablemente el año 450, y fue sepultado en la iglesia de San Casiano.
Vida de Santos
Alban Butler
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