Padre Juan Carlos Ceriani: SERMÓN DEL PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Sermones-Ceriani

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Habrá prodigios en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra consternación de las gentes, a causa de la confusión que les causará el sonido del mar y de las olas, consumiéndose de miedo los hombres por la expectación de lo que sucederá a todo el mundo; porque se conmoverán las virtudes de los cielos, y entonces verán venir al Hijo del hombre sobre una nube con gran majestad y poderío. Cuando comiencen a verificarse estas cosas, mirad arriba, y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. Y les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles, cuando han echado su fruto, sabéis que es porque está cercano el estío; de la misma manera vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os digo de verdad que no pasará esta generación sin que sucedan estas cosas. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

El Año Litúrgico se abre con la Misa del Primer Domingo de Adviento y se cierra con la del XXIV Domingo después de Pentecostés.

No hemos de creer que sea casualidad, sino prudente propósito de adoctrinarnos, el que tanto el Evangelio de la una como el de la otra Misa, que juntas encierran el año eclesiástico, nos describan las señales del fin del mundo, no como un acontecimiento ajeno a nosotros, por distar miles de años, sino como un suceso que puede muy bien ocurrir en nuestros días.

Como hemos considerado el Domingo pasado, carecerían de sentido las expresiones reiteradas y conminatorias del Señor ordenándonos escudriñar esas señales, si fuera inconveniente o inoportuno el tratar de estos temas.

Abramos nuestro Misal y leamos con atención el principio y el fin del año litúrgico.

El Evangelio de la Misa del Primer Domingo de Adviento, tomado del capítulo XXI de San Lucas, dice que:

Habrá prodigios en el sol, en la luna y en las estrellas.

En la tierra consternación de las gentes, a causa de la confusión que les causará el sonido del mar y de las olas.

Consumiéndose de miedo los hombres por la expectación de lo que sucederá a todo el mundo.

Se conmoverán las virtudes de los cielos.

Verán venir al Hijo del hombre sobre una nube con gran majestad y poderío.

La enfermedad mental específica del mundo moderno es pensar que Cristo no vuelve más; o al menos, no pensar que vuelve.

En consecuencia, el mundo moderno no entiende lo que le pasa. Dice que el cristianismo ha fracasado. Inventa sistemas, a la vez fantásticos y atroces, para salvar a la humanidad. Ha dado a luz una nueva religión; y sobre su base quiere construir otra torre de Babel que llegue al cielo; quiere reconquistar el jardín del Edén con las solas fuerzas humanas.

El mundo de hoy está hambriento de profecía. Es lógico que así suceda. Ante el cúmulo impresionante de calamidades concretas, y las amenazas potenciales de otras peores, resulta comprensible y lógica esta apetencia humana.

Lo trágico y deplorable es que, al silenciarse la Buena Profecía, los hombres llenan el vacío con la Falsa Profecía. Desprecian las señales dadas por Nuestro Señor y buscan signos en el cielo…, como los fariseos…

Esta falsa profecía toma muy diversos nombres y adopta los más insólitos disfraces: Espiritismo, Astrología, Esoterismo, Nueva Era, Psicoanálisis, Masonería, Humanismo, Modernismo, Conciliarismo…

Para contrarrestar la acción nefasta y disolvente de estos falsos profetas, resulta apremiante estudiar y conocer la Profecía Sagrada, la que nos legó Jesucristo, la que registraron los tres Evangelistas sinópticos y la que sintetizó el Águila de Patmos, San Juan Apóstol, en su Apocalipsis.

El desarrollo cronológico de la Sagrada Escritura marca dos puntos culminantes: el Primer Advenimiento, el nacimiento de Cristo en Belén; y el Segundo Advenimiento, que será el regreso del Redentor en la plenitud de su omnipotencia y majestad.

El primer suceso fue profetizado con toda exactitud en los libros del Antiguo Testamento.

Para aquel futuro acontecimiento, también hay anuncios, signos y señales bien determinados en el Nuevo Testamento.

De modo, pues, que en la comprensión de este supremo problema teológico está centrado el nudo focal del Cristianismo; como lo está también la clave para entender el sentido de la Historia.

+++

Si estudiamos con atención el artículo sobre la Parusía del Padre José Rovira, hallaremos mucha claridad sobre las cuestiones más importantes de este dogma de fe.

Quien no lo leyó o no lo meditó suficientemente, puede encontrarlo Aquí

En cuanto al tiempo y la hora de la Parusía, cuatro cosas se nos dicen en las Sagradas páginas:

a) lo primero, que será pronto;

b) lo segundo, que no es inminente;

c) lo tercero, que su hora es desconocida;

d) lo cuarto, que será súbita e inesperada.

Podría preguntarse cómo es que la venida de Cristo podrá ser inesperada, siendo así que han de precederle tantas señales.

A esto se responde que será inesperada, como fue inesperado el diluvio en los tiempos de Noé.

Porque no faltaban ciertamente entonces señales y predicciones del diluvio. Y el mismo Noé, que se los anunciaba y que por orden de Dios construía aquella gran arca, para salvarse en ella con su familia y los animales, ¿qué otra cosa era sino una predicción viviente y continua del castigo de Dios?

Pero los hombres no hicieron caso de aquellas predicciones, y se fueron acostumbrando a ellas; y así, cuando vino el diluvio, les atrapó desprevenidos.

Y esto mismo sucederá con el advenimiento de Cristo, porque, al ver las señales próximas de su venida, la mayor parte de los hombres, acostumbrados a juzgar de las cosas con criterio meramente natural, mirarán aquellas señales como fenómenos de la naturaleza, como efectos de la corrupción y perversidad humana, y así la venida de Cristo les sorprenderá de improviso y desprevenidos.

Aunque Cristo Señor Nuestro dijo que la hora de su Venida es desconocida, dio, con todo, a sus discípulos, y en ellos a nosotros, algunas señales por las que pudiese de algún modo vislumbrarse la proximidad de su Venida.

+++

Estas señales son de diversas clases; las unas remotas, las otras próximas; unas en el cielo, otras en la tierra; unas en la naturaleza, otras en la sociedad humana.

Señales remotas de la venida de Cristo son:

1ª) Las guerras, hambres, pestes, terremotos.

2ª) Las persecuciones y martirios de los Apóstoles y de los Siervos de Dios.

3ª) Los escándalos y persecuciones y martirios, los odios y discordias.

4ª) La seducción de los falsos profetas.

5ª) Consecuencia de todo esto será el acrecentarse la maldad y el enfriarse la caridad.

6ª) Jerusalén será destruida y será hollada y conculcada por las gentes hasta que se cumplan los tiempos de las naciones.

7ª) La predicación del Evangelio por todo el mundo.

Señales próximas:

A) En el mundo

1ª) Voces o rumores acerca de la próxima venida de Cristo.

2ª) Otra señal será la aparición de falsos Cristos y falsos profetas que harán prodigios o portentos fingidos y aparentes, con los cuales inducirán a error y engañarán a los hombres.

3ª) El espíritu de apostasía e irreligión y de rebelión de que habla San Pablo en su Segunda Carta a los Tesalonicenses.

4ª) La venida de los dos testigos que, según la interpretación de muchos Santos Padres, son Elías y Enoc.

5ª) En fin, otra señal será el Anticristo, llamado así por antonomasia, el que San Pablo llama hombre de pecado o de rebelión e hijo de perdición, el que se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora, hasta el punto de sentarse él en el templo de Dios y mostrarse y aparecer como si fuese Dios; aquel inicuo, cuya venida será, según la operación de Satanás, con gran poder y con señales y milagros mentirosos y con todo engaño de iniquidad.

Muchos de estos signos ya se han cumplido. Ver el magnífico texto del Padre Castellani, publicado con ocasión de su 118º aniversario de su nacimiento: Aquí

+++

Detallando un poco este misterioso personaje, el Anticristo, dice San Juan que se le dieron a la Bestia cuatro cosas, permitiéndolo así Dios:

a- potestad de obrar durante cuarenta y dos meses (o sea tres años y medio o mil doscientos sesenta días, como se dice en otros textos).

b- una boca que habla grandezas y blasfemias contra Dios; para blasfemar su nombre y su tabernáculo y a los que moran en el cielo.

c- el hacer la guerra contra los santos y el vencerlos.

d- potestad pobre toda tribu y pueblo y lengua y gente, y le adorarán todos los habitantes de la tierra; todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

A esta Bestia, el Anticristo, se añade la segunda Bestia, el Pseudoprofeta, que será como lugarteniente del Anticristo; y hará que cualesquiera que no adoraren la imagen de la bestia sean muertos; y que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se pongan una marca en su mano derecha o en sus frentes; y que ninguno pueda comprar ni vender, sino el que tenga la señal o el nombre de la bestia o el número de su nombre.

Será, pues, el Anticristo un rey poderoso que recibirá la potestad del dragón o del diablo, por permisión divina, que tendrá por lugarteniente al Pseudoprofeta y reinará en toda la tierra y será adorado por todos los habitantes de ella menos por los escogidos, los que tienen sus nombres escritos en el libro de la vida del Cordero; y por eso perseguirá a los santos.

Mas no será el Anticristo el único rey en la tierra, pues que San Juan habla también de otros diez reyes que tendrán poder juntamente con la bestia, los cuales tienen un mismo consejo y darán su poder y su autoridad a la Bestia.

Habrá entonces otras calamidades y plagas o castigos de Dios que describe San Juan en el capítulo XVI, y habrá también grandes guerras. Porque los diez reyes y la Bestia o el Anticristo, tomarán y asolarán é incendiarán la ciudad de Babilonia, metrópoli del vicio, la gran ciudad que tiene su reino sobre los reyes de la tierra y con la cual prevaricaron los reyes de la tierra.

Por fin, se juntarán los reyes y el Anticristo para pelear contra el Cordero; y el Cordero los vencerá porque Él es el Señor de los señores y el Rey de los reyes; y los que están con Él son llamados, escogidos y fieles.

B) En el cielo

A estas señales próximas de la Parusía en el mundo o en la sociedad humana, se juntarán otras señales en el cielo, que predijo Jesucristo en su Evangelio y las trae también el Profeta Joel en su profecía: Y luego, después de la aflicción de aquellos días, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes del cielo serán conmovidas.

+++

Estudiando las características de la Parusía, el Padre Rovira dice que en la Sagrada Escritura suele esta Venida compararse con la siega, después de la cual se separa el trigo de la cizaña, como en la parábola del buen grano y el malo.

Tiene, pues, la Parusía o Venida de Cristo un triple aspecto:

1°) Carácter de juicio, de discreción y separación de buenos y malos, y de justa remuneración y retribución de unos y de otros.

2°) Carácter de guerra para quebranto y destrucción de los malos.

3°) Carácter de auxilio y socorro y salvación para los buenos.

De ahí es que el mismo Jesucristo proponga su venida como un bien y como motivo de consuelo para los justos, como dice en San Lucas: Y cuando comenzaren a suceder estas cosas (las señales próximas de la Parusía), mirad y alzad vuestras cabezas, porque ya está cerca vuestra redención…

+++

Entrando ya en los diversos pormenores de la Parusía, se detallan los siguientes acontecimientos:

1º.- La Venida gloriosa de Cristo

La Parusía no es otra cosa, según dijimos, sino la segunda venida de Cristo. Vendrá Cristo Jesús del cielo adonde subió en su gloriosa ascensión; mas no vendrá como vino la primera vez, cuando el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, cuando nació de Santa María Virgen en el portal de Belén y fue reclinado en un pesebre, cuando, en fin, se hizo en todo semejante a los hombres menos en el pecado, de tal suerte que era tenido por el hijo del carpintero; antes vendrá y aparecerá con gloria, con la gloria y esplendor de su divinidad, como Él mismo dijo a sus Apóstoles.

2º.- La escolta de Cristo

Pero Cristo no vendrá solo. Como Rey que es, vendrá acompañado de su corte. San Juan nos lo presenta seguido de los ejércitos del cielo. Vendrá el Señor acompañado de sus Ángeles, como Él mismo, indicó al explicar la parábola de la cizaña; y más claramente lo dijo en otra ocasión: El Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus Ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras.

3º.- La resurrección de los Santos y la congregación de los escogidos

Verdad es que acerca de este punto no están de acuerdo los teólogos e intérpretes, puesto que comúnmente dicen que la resurrección ha de ser de todos juntos y a un mismo tiempo.

Mas esta resurrección particular de los Santos será como un privilegio, y así puede admitirse que, cuando aparecerá Cristo en su segunda Venida para destruir el Anticristo, resucitarán por privilegio, no todos los Santos, sino solamente algunos.

Vendrá, pues, el Señor sobre las nubes y acompañado de sus Ángeles con gran poder y majestad, y enviará sus Ángeles con gran voz y con sonido de trompeta y congregarán sus escogidos de los cuatro vientos desde un confín de los cielos hasta el otro confín.

¿Pero, y quiénes son estos escogidos, y de dónde y adónde se han de congregar?

Estos escogidos de que habla aquí el Señor son de la tierra y de la tierra se han de tomar, y así parecen indicarlo claramente aquellas palabras que añadió después: Entonces dos estarán en el campo, el uno será tomado y el otro será dejado; dos estarán moliendo en una muela, la una será tomada y la otra será dejada.

Pero, ¿y para qué serán tomarlos, o adónde han de ir? Eso mismo preguntaron los discípulos a Cristo: ¿Adónde, Señor? Y Él les respondió: En donde quiera que estuviere el cuerpo, allí se congregarán las águilas, que es como si dijera, así como las águilas o los buitres se congregan alrededor del cuerpo, así los escogidos se reunirán y juntarán alrededor de Cristo glorioso.

De esta congregación de los escogidos habla también San Pablo en su Primera Carta a los Tesalonicenses, pero advierte que ha de preceder a ésta la resurrección de los que murieron en el Señor.

San Pablo distingue claramente dos clases de justos que se le juntarán a Jesucristo. Los unos serán los muertos que resucitarán primeramente, resucitarán incorruptos; los otros serán los vivos, los cuales no morirán, sino que serán transformados de mortales y corruptibles en incorruptibles e inmortales, y juntamente con los otros serán arrebatados por el aire sobre las nubes al encuentro de Cristo.

¿Quiénes, pues, serán estos justos escogidos, que serán tomados y arrebatados para que se junten con Cristo en su venida?

El texto de San Juan parece indicar dos clases de escogidos: los unos son los degollados por el testimonio de Jesús, esto es, los mártires, o todos o algunos, y en primer lugar los Apóstoles a los cuales prometió el mismo Cristo que en la regeneración se sentarían sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel; los otros son los que no adoraron a la bestia ni recibieron su señal, aunque no hayan sido martirizados sino que estén vivos, pues, de lo contrario, no había para qué distinguirlos de los mártires.

Y de los unos y de los otros, dice San Juan, que vivieron; de los mártires porque resucitaron, de los otros porque, aunque estaban vivos, fueron transformados y comenzaron a vivir vida incorruptible e inmortal.

4º.- La derrota y destrucción del Anticristo

 Efecto de la Venida de Cristo será también la destrucción del Anticristo y en general de todas las potestades antiteocráticas, que se oponen al gobierno de Dios.

Junto con esta derrota y destrucción, parece probable que ha de ponerse también la atadura y encarcelamiento del diablo y de las potestades infernales.

5º.- El Reino de los Santos

Destruidas las potestades antiteocráticas y encadenado y encarcelado el demonio, se seguirá luego el Reino de Cristo y de los Santos.

Este reino lo predice el Profeta Daniel al profetizar que a la destrucción del Anticristo y de las otras potestades antiteocráticas le seguirá no sólo un triunfo, sino un reino de Cristo y de los Santos, un reino, que será sobre la tierra o debajo del cielo, como dice Daniel, un reino en que el poder será del pueblo de los santos, al cual pueblo todos los reyes le servirán y obedecerán.

Es, por consiguiente, muy probable que inmediatamente después de la muerte del Anticristo no se acabará el mundo, sino que se seguirá todavía la Santa Iglesia, el reino de los Santos que ejercerá la soberanía sobre toda la tierra.

Entonces, destruido el reino del Anticristo, la Iglesia reinará en toda la tierra, y de los judíos y de los gentiles se hará un solo redil con un solo pastor.

6º.- La Resurrección Universal y Juicio Final

Se seguirá después la sublevación o rebelión de Gog y Magog contra la ciudad de los Santos.

Luego, más tarde, el fuego de la conflagración, con el cual serán encendidos y abrasados los cielos y los elementos.

Y por fin, terminará todo con la resurrección última y el juicio final.

San Pablo dice con toda precisión: Porque como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno por su orden: como primicia Cristo; luego los de Cristo en su Parusía; después el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya derribado todo principado y toda potestad y todo poder. Porque es necesario que Él reine “hasta que ponga a todos los enemigos bajo sus pies”. El último enemigo destruido será la muerte. Porque “todas las cosas las sometió bajo sus pies”… Y cuando le hayan sido sometidos todas las cosas, entonces el mismo Hijo también se someterá al que le sometió todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.

Por último, como remate y complemento de todo sucederán los cielos nuevos y la tierra nueva, que vio San Juan en el Apocalipsis; y la nueva ciudad de Jerusalén, que baja del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido, el tabernáculo de Dios con los hombres; y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios con ellos será su Dios.

+++

Jesucristo vuelve, y su vuelta es un dogma de nuestra fe.

Es un dogma de los más importantes; es un dogma bastante olvidado; es un espléndido dogma poco meditado.

Su traducción es esta: el mundo no continuará desenvolviéndose indefinidamente, ni acabará por azar, dando un encontronazo con alguna estrella, ni terminará por evolución natural de sus fuerzas elementales, sino por una intervención directa de su Creador.

El Universo no es un proceso natural, como piensan los evolucionistas o naturalistas, sino que es un poema gigantesco, un poema dramático del cual Dios se ha reservado la iniciación, el nudo y el desenlace; que se llaman, teológicamente, Creación, Redención, Parusía.

Varones galileos, ¿qué estáis allí mirando al cielo? Este Jesús que habéis visto subir al cielo, del mismo modo un día volverá a bajar del cielo, dijeron los dos Ángeles de la Ascensión.

Ese será el desenlace del drama de la humanidad.

El dogma de la Segunda Venida de Cristo, o Parusía, es tan importante como el de su Primera Venida, o Encarnación.

Si no se lo entiende, no se entiende nada de la Escritura ni de la historia de la Iglesia.

El término de un proceso da sentido a todo el proceso. Este término está no sólo claramente revelado, sino también minuciosamente profetizado.

Las terroríficas visiones del Apocalipsis inducirían pánico y desesperación, si no estuviesen equilibradas por las promesas más dulces.

Cuando comiencen a verificarse estas cosas, mirad arriba, y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención… Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios…