HISTORIA DE LAS HEREJÍAS EN LA IGLESIA

CONSERVANDO LOS RESTOS II

Vigésimoprimera entrega

 

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LA EDAD NUEVA
Las grandes herejías revolucionarias

II. EL MOVIMIENTO HUSITA

I. De Inglaterra a Bohemia. Si las doctrinas de Wyclif alcanzaron tanta resonancia en el siglo XV, eso se debió en gran parte a que hallaron en Bohemia un altavoz que repitió con formidable énfasis algunas de sus más peligrosas ideas. Y allá perduraron hasta la gran revolución luterana. ¿Por qué en Bohemia echaron más hondas raíces que en Inglaterra? Porque se puso de su parte un elemento que les dio consistencia, robustez y fanatismo: el nacionalismo checo.

Intelectualmente, Juan Hus era inferior a Wyclif, ya que su originalidad de pensamiento puede decirse nula; todas sus ideas filosóficas y teológicas se las emprestó al profesor de Oxford. Pero Hus logró en su tierra lo que Wyclif no consiguió en la suya: incorporar la herejía a la política nacionalista y no presentarse sólo como un reformador, sino también como un héroe nacional.

Desde que en 1348 se fundó la Universidad de Praga, las relaciones culturales con otras universidades se avivaron, primero con París y después con Oxford. Estrecháronse luego los lazos políticos, y desde que en 1382 Ricardo II de Inglaterra contrajo matrimonio con Ana de Luxemburgo, hermana de Wenceslao de Bohemia, los largos caminos que corren entre ambos países se vieron frecuentados de embajadores, cortesanos, maestros y estudiantes, que se intercambiaban ideas y libros. Así llegaron a Praga los escritos de Wyclif, primero los filosóficos, después los teológicos.

Sabemos que el ardiente nacionalista checo Adalberto Rankowde Ericinio, maestro de Hus y teólogo de Praga, considerado por los husitas como precursor de su movimiento, fundó, poco antes de morir en 1388, algunas becas para estudiantes checos en la Universidad de Oxford.

Los universitarios de Praga se dividían en cuatro naciones: la bavárica, la saxónica, la polónica y la bohémica. Contra los prepotentes alemanes peleaban los checos furiosamente; los alemanes propugnaban en filosofía el nominalismo, los checos eran fautores del realismo; y ésta fue una razón más para que los checos buscasen inspiración filosófica y teológica en Oxford, donde reinaba el realismo escotista, por nadie tan crudamente defendido como por Wyclif.

Existen pruebas de que hacia 1391 las obras filosóficas de este maestro oxoniense eran conocidísimas en Praga; en la Biblioteca Real de Estocolmo se guardan cinco tratados de filosofía de Wyclif escritos de la propia mano de Juan Hus, con notas marginales del copista, que delatan su admiración hacia el autor. Tras la filosofía entró en Praga la teología wiclefita, y causó el efecto de una chispa de fuego en un polvorín, porque el ambiente del país le era propicio y el estado de ánimo de los checos estaba como para estallar en revolución.

2. Condiciones ambientales y psicológicas. Que el campo se hallaba preparado para la siembra wiclefita, se echará de ver por las noticias que siguen. Desde antiguo quedaban en Bohemia reliquias de peligrosas sectas, como cátaros y valdenses. Allí había muerto Pedro Valdés en 1217, y en los años siguientes se propagaron sus discípulos en tal forma, que en la primera mitad del siglo XIV (1318-1342…), por más que el tribunal de la Santa Inquisición mandó a la hoguera a varios de ellos que se decían «apostólicos», «hermanos de la pobreza voluntaria», «hermanos del libre espíritu», etc., no pudo extirparlos del todo. Estos crearon un fermento antirromano, que se acrecentó con las predicaciones de los espirituales reformistas, fanáticos y rebeldes al Papa.

Por otra parte, era evidente que la Iglesia en Bohemia necesitaba reforma; las riquezas y la vida cómoda habían excitado muchas falsas vocaciones al sacerdocio, y eran muy numerosos los eclesiásticos, altos y bajos, que llevaban una vida nada evangélica y quebrantaban habitualmente la ley del celibato.

Dábase la coincidencia de que la mayor parte de los obispados, abadías y dignidades eclesiásticas estaban en manos de alemanes; así que, cuando el pueblo y los predicadores reformistas levantaban su voz contra la corrupción del clero, lo hacían con un tono especialmente vivaz y ardoroso, porque clamaban a la vez contra las riquezas y vicios del clero germánico.

Una saludable reforma eclesiástica se habla iniciado en el reinado del emperador Carlos IV, fundador de la Universidad, cuyo consejero y cooperador Arnesto de Pardubicz (1297-1364), primer arzobispo de Praga, adornado de eximias virtudes y modelo de prelados, laboró fervorosamente en diversos concilios y sínodos por la restauración de la disciplina y elevación del nivel moral y religioso. También su sucesor, Juan Ocko de Wlasim, el primer cardenal de Bohemia, se preocupó de la reforma del clero. Y no menos el sobrino y sucesor de éste, Juan Jenzenstein, que compartió con su santo vicario general, Juan de Nepomuk, la gloria de luchar y sufrir por los derechos de la Iglesia, teniendo que buscar refugio en Roma, donde murió en 1400.

Entre los más ardientes predicadores de aquel siglo debe colocarse Juan Milic de Krensier, arcediano de Praga y oficial algún tiempo de la Cancillería imperial. Renunciando a todos los cargos y dignidades, se consagró a la predicación popular, llevando una vida pobre y ascética. Diariamente predicaba en lengua checa al pueblo, exhortándolo a la penitencia y a la recepción frecuente de la eucaristía; diariamente predicaba también a los alemanes, y acostumbraba igualmente sermonear a los clérigos en latín, reprendiendo ásperamente sus vicios y enseñando que era pecado el estudio de las artes liberales. ¡Lástima que en sus predicaciones populares mezclase ideas joaquinistas, heredadas de los espirituales, vaticinando el próximo fin del mundo y la venida del anticristo, cuya edad había comenzado en 1367! Acusado de herejía ante la Inquisición romana, se presentó para defenderse personalmente. Puesto en libertad por el Papa Urbano V, regresó a Praga y fundó una casa y capilla, denominada “Jerusalén”, que fue el centro de su actividad reformatoria. Acusado de nuevo por los frailes mendicantes y por los párrocos de la ciudad, se dirigió, con el fin de justificarse, a Avignon, donde murió en 1374.

Discípulo suyo fue el canónigo Matías de Janow (+ 1394), de fácil oratoria popular, siempre basada en la Biblia, cuya lectura constituía sus delicias. Recomendaba a todos, aun a los seglares, la comunión diaria, y predicaba un cristianismo interior, espiritual y verdadero, criticando ciertas manifestaciones del culto externo, principalmente en la veneración de los santos y de las reliquias, y otros abusos que él —contagiado de extrañas ideas apocalípticas— tildaba de manifestaciones del anticristo. Obligado por el concilio provincial de Praga de 1389 a retractarse de algunas afirmaciones temerarias, se sometió humildemente.

Amigo de Milic y partidario, como él, de la reforma eclesiástica era el caballero checo Tomás de Stitny (+ 1401), cuyos escritos de devoción en la lengua materna han sido alabados por su maestría y riqueza de formas y cuya espiritualidad práctica y popular ha sido comparada por Loserth con la de Tomás de Kempis.

No es preciso enumerar otros reformadores. La fidelidad a la Iglesia romana se conservaba generalmente en todos, pese a algunos errores particulares y a ciertas extremosidades de lenguaje. Pero no se puede negar que los ánimos estaban en fermentación, anhelosos de una reforma con tendencias espiritualistas y patrióticas. En este ambiente caldeado no le costó mucho a Juan Hus provocar una tempestad religiosa.

3. Juan Hus, maestro de Praga y predicador. Hemos indicado cómo los escritos de Wyclif traídos a Bohemia fueron los que provocaron el movimiento revolucionario, cuyo caudillo y portaestandarte se llamó Juan Hus.

Nacido hacia 1370 de pura estirpe checa y de familia humilde en el pueblecito de Husinec, hizo sus estudios en la Universidad de Praga. Maestro en artes en 1396, siguió los cursos de teología al mismo tiempo que enseñaba filosofía. En 1400 se ordenó de sacerdote, y sólo en 1404 alcanzó el título de bachiller en teología, sin llegar nunca al doctorado. Esto no obstante, gozaba entre los universitarios de gran autoridad. Le hicieron decano de la facultad de artes en 1401 y desempeñó el rectorado de 1402 a 1403.

Era docto, aunque sin originalidad de pensamiento; buen dialéctico, buen orador. Loserth demuestra que todos los autores que Hus cita en sus libros los halló en las obras de Wyclif, no los leyó directamente; y las ideas que parecen más personales suyas no son sino extractos —con frecuencia al pie de la letra— del pensador inglés. Nadie puso en duda la integridad y austeridad de sus costumbres; si algún vicio tenía, era el de la jactancia y presunción. Como buen eslavo, se dejaba arrebatar fácilmente por la exaltación religiosa. Acrecían su fama de rectitud y doctrina sus mismas cualidades físicas, el rostro pálido y ascético, la estatura prócer y la efervescencia de su hablar elocuente.

Señal del mucho aprecio que gozaba en la corte es que el rey Wenceslao lo nombrara en 1402 predicador de la iglesia de Bethleem, fundada por Matías de Janow para la predicación en idioma eslavo, y que la reina Sofía lo eligiese por confesor. Sus sermones eran violentas invectivas contra la vida depravada de los clérigos, clamando con urgencia por la reforma de la Iglesia.

Un antiguo discípulo de Hus llamado Jerónimo de Praga regresó de Oxford en 1401 ganado enteramente al wiclefismo y trayendo consigo algunos escritos teológicos de Wyclif, como el Trialogus y el Dialogus sive speculum Ecclesiae militantis, copiados por su mano. La adoración del maestro Jerónimo por el hereje inglés alcanzaba tales límites, que solía decir: «Quien no ha estudiado las obras de Wyclif, no hallará jamás la raíz verdadera del conocimiento»; y, entre sus recuerdos de Oxford, trajo un cuadro en que Wyclif estaba representado como «príncipe de los filósofos».

Hus leyó con avidez los libros wiclefitas, tradujo al idioma checo, con la ayuda quizás de Jerónimo de Praga, el Trialogus y se asimiló perfectamente otros del mismo autor, v.gr., De Ecclesia, De potestate papae, De civili dominio, incorporándolos fragmentariamente a sus propias obras, como lo ha demostrado Loserth en un cotejo paralelo de las mismas.

4. Tumultos universitarios. Hallándose vacante la sede arzobispal de Praga, pidió el cabildo a los profesores de la Universidad, en su mayoría alemanes, que reprimiesen los avances del wiclefismo. Así lo hizo la Universidad el 28 de mayo de 1403, prohibiendo que se enseñasen 45 tesis extractadas de los libros de Wyclif; 24 de ellas eran las que había condenado el concilio londinense de 1382 (el del terremoto) y las otras 21 las había extractado, por orden de la Universidad, el maestro Juan Hüber, de Silesia.

La protesta airada de Hus diciendo que estas 21 no estaban extractadas con fidelidad y que las otras podían interpretarse en sentido ortodoxo, no fue atendida, y en adelante a nadie le fue permitido leerlas en público ni en privado.

Desde este momento Hus se lanza decididamente por las vías del wiclefismo. Y ocurrió que aquel mismo año de 1403 fue elegido arzobispo de Praga el joven Zbynek, de Hasenburg (en latín Sbinco), que en los primeros años le testimonió a Hus excesiva benevolencia, ilusionándose con su ardiente celo por la reforma. Empezó por nombrarle miembro (con otros dos maestros) de una comisión encargada de examinar los milagros que decían obrarse en el santuario de Wilsnack, donde el párroco había encontrado tres hostias sanguíneas, que sobreexcitaban la devoción de innumerables peregrinos. La respuesta de Hus fue contraria a la devoción popular, y en un escrito —De omni sanguine Christi glorificato (1404)— declaró que todo aquello era pura superstición. En consecuencia, el arzobispo prohibió las peregrinaciones.

Poco después fue designado por el mismo Sbinco, en 1405, «predicador sinodal del clero de Praga». Ni siquiera perdió el favor del arzobispo cuando en 1405 recibió éste unas letras del Papa, Inocencio VII, ordenándole proceder enérgicamente contra los errores wiclefitas. Sbinco reunió un sínodo, en el que se prohibió terminantemente la teoría eucarística de Wyclif; al profesor Estanislao Znain, que había escrito un tratado De remanentia panis, se le obligó a retractarse; pero Hus, que en la cuestión de la eucaristía no comulgaba con el hereje inglés, siguió gozando de respeto y estima. Solamente cuando en 1407 sus sermones disgustaron profundamente al clero por las violentas diatribas que lanzaba contra la avaricia de los eclesiásticos, declarando herejes a cuantos percibiesen derechos de estola o acumulasen beneficios, Juan Hus fue denunciado al arzobispo Sbinco, y éste hubo de privarle del cargo de predicador sinodal.

Al año siguiente, la Universidad determinó prohibir de nuevo los 45 artículos wiclefitas, especialmente los referentes a la eucaristía; Hus se interpuso, y con él toda la nación bohémica de la Universidad, consiguiendo que el decreto se redactase en tal forma, que sólo se prohibiese enseñar esos artículos si se les daba temerariamente un sentido herético y escandaloso.

El husitismo empezó a triunfar con ocasión del cisma de Occidente y del concilio de Pisa. El rey de Bohemia, Wenceslao, a quien los príncipes germánicos habían arrebatado la corona imperial en 1400, no renunciaba a recobrarla algún día con auxilio del Papa Gregorio XII, a quien por lo mismo procuraba tener contento. Así, cuando en 1408 el pontífice romano se lamentó de los avances del wiclefismo en Bohemia, Wenceslao encargó al arzobispo la recogida de todos los libros de Wyclif. Pero luego, por motivos políticos y porque no esperaba gran cosa de Gregorio XII, abandonó su obediencia y mandó a todos los prelados de su reino y a la misma Universidad de Praga que observasen en la cuestión del cisma la más completa neutralidad.

Sbinco, el arzobispo, se negó por entonces a separarse del Papa romano; y en la Universidad solamente la nación bohémica (no las otras de Baviera, Sajonia y Polonia) obedeció al mandato del rey. En represalias, cambió Wenceslao el régimen de la Universidad, estableciendo (19 de enero 1409) que en adelante en todos los asuntos universitarios la nación bohémica tuviese tres votos, mientras que las otras tres naciones juntas no tendrían más que uno. Con esto, la preponderancia que antes poseían los alemanes pasó a los checos. Muchos de los polacos dejaron Praga, trasladándose a Cracovia. Los alemanes en masa —más de 2.000 según Eneas Silvio— se dirigieron a su patria, dando origen a la Universidad de Leipzig.

Mucho sufrió la Universidad de Praga con esta fuga de maestros y estudiantes, pero el nacionalismo checo habla alcanzado un triunfo, y lo peor era que triunfaba con ello el wiclefismo. Juan Hus, creado rector en octubre de aquel año, comienza a adquirir ante sus compatriotas proporciones de héroe nacional. Disfruta del favor de la corte, en especial de la reina Sofía, y no tiene reparo —él que tan cauto se había mostrado hasta ahora— en presentarse como jefe y cabeza de los wiclefitas de Bohemia y en enfrentarse abiertamente a su prelado.

5. Anatemas contra Hus. Hasta aquí se trataba de una controversia casi exclusivamente universitaria. Ahora se inicia una etapa de difusión popular y revolucionaria. En el concilio de Pisa acababa de ser elegido un nuevo papa, Alejandro V, al que prestó acatamiento el rey de Bohemia con la Universidad. Viendo el arzobispo Sbinco que se quedaba casi enteramente solo en la obediencia de Gregorio XII, reconocida todavía por los alemanes, juzgó prudente adherirse al nuevo papa pisano, y al hacerlo le manifestó con dolor la triste situación de Bohemia por causa de la propaganda wiclefita, que inundaba ciudades y campos. Decíale que el clero no quería obedecer ni se dejaba gobernar; que las censuras eclesiásticas eran públicamente despreciadas; que los nobles, imbuidos de ideas wiclefitas, creían que los clérigos se les debían someter a ellos y que el rey tenía derecho a los bienes de la Iglesia.

En respuesta, el papa Alejandro V expidió una bula el 20 de diciembre de 1409 prohibiendo la predicación en las capillas o iglesias privadas, condenando las 45 tesis de Wyclif y mandando recoger todos los escritos del heresiarca inglés. Promulgó el arzobispo la bula pontificia y ordenó entregar todos los escritos wiciefitas; el 16 de julio de 1410, cerca de 200 libros fueron quemados en el palacio arzobispal delante del cabildo y de numerosos sacerdotes, no obstante la protesta de la Universidad. Despreciando la prohibición pontificia, Hus continuó predicando en la iglesia privada de Bethleem, ateniéndose a la doctrina de Wyclif, que decía: «Licet alicui diacono vel presbytero praedicare verbum Dei absque auctoritate Sedis apostolicae sive episcopi catholici» (art.14), y el 25 de junio de aquel año, en unión con otros muchos de la nobleza, de la Universidad y del pueblo, apeló al nuevo papa Juan XXIII. Este pontífice, que se hallaba en Bolonia, encomendó al cardenal Colonna el examen de la causa.

Entre tanto, clamorosos tumultos populares tenían lugar en las calles de Praga, especialmente en los suburbios, donde las turbas insultaron con voces injuriosas y canciones burlescas al arzobispo Sbinco, que el día 18 de julio había lanzado la excomunión contra Hus y sus secuaces. El cabecilla de los alborotadores era aquel Jerónimo de Praga que en Oxford había bebido el veneno wiclefita y en París había sido perseguido por sus ideas heterodoxas. Él por sus propias manos metió en prisión a dos monjes y a otro lo arrojó a las aguas del Moldava.

Hus se gloriaba desde el púlpito de que todo el pueblo checo estaba con él, empezando por la corte.

En uno de sus sermones decía: «Mirad: ya se ha cumplido el vaticinio de Jacobo de Taramo, según el cual en el año 1409 se alzará un perseguidor del Evangelio, de las epístolas y de la fe de Cristo. Es el papa que acaba de morir, del que yo no sé si está en el cielo o en el infierno, el que escribió en sus pellejos de asno que el arzobispo debía quemar los libros de Wyclif, en los cuales tantas cosas buenas se contienen… Mirad: yo he apelado y sigo apelando contra las decisiones del arzobispo. Pero vosotros, ¿me queréis seguir?» Y el pueblo gritó unánime: «Sí, queremos seguirte». «Es tiempo ya (prosiguió Hus) que los que quieran defender la ley de Dios se ciñan la espada y se apresten a luchar, como en el Antiguo Testamento».

Citado por el cardenal Colonna a comparecer en la curia papal, se negó a obedecer, apelando al romano pontífice, lo que le mereció la excomunión de parte del cardenal (febrero de 1411). El examen de la causa, por orden de Juan XXIII, pasó al cardenal de Brancaccio, el cual confirmó la decisión de Colonna. Consiguientemente, el arzobispo Sbinco la promulgó el 15 de marzo, excomulgando a Hus con todos sus partidarios y poniendo en entredicho la ciudad de Praga.

Lejos de someterse, Hus predicaba con más ardor, apelando del papa al concilio universal, sin que el desidioso y perdulario Wenceslao le fuese a la mano. No es que el rey aprobase la herejía, pero tampoco quería oponerse al movimiento husita, cuya trascendencia religiosa no llegó a ver y cuya tendencia nacionalista checa le convenía promover. Lo que hizo, a fin de apaciguar los ánimos, fue ensayar una aparente concordia entre Hus y el arzobispo. Sbinco se comprometió a pedir a la Santa Sede la anulación de las censuras contra Hus si éste realmente se apartaba del error; mas, cuando se persuadió que sus adversarios obraban de mala fe y que Hus lo calumniaba en carta a los cardenales, pensó que el rey de Hungría, Segismundo, elegido recientemente emperador, podría traer la paz enderezando la política y la conducta de su hermano Wenceslao, y se puso en camino para Hungría. Desgraciadamente, murió el 28 de septiembre de 1411.

LLORCA, GARCIA VILLOSLADA, MONTALBAN

HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA

Primer entrega:  LAS GRANDES HEREJÍAS ¿Qué es una herejía y cuál es la importancia histórica de ella?

Segunda entrega: La herejía en sus diferentes manifestaciones

Tercer entrega: Herejías durante el siglo IV. El Concilio de Constantinopla (381)

Cuarta entrega: Grandes cuestiones dogmáticas. San Agustín. Pelagianismo y semipelagianismo

Quinta entrega: El semipelagianismo

Sexta entrega: Monofisitismo y Eutiques.  San León Magno. Concilio cuarto ecuménico. Calcedonia (451)

 Séptima entrega: Lucha contra la heterodoxia.  Los monoteletas

 Octava entrega:  Segunda fase del monotelismo: 638-668

Novena entrega: La herejía y el cisma contra el culto de los íconos en oriente

Décima entrega: El error adopcionista

Undécima entrega: Gotescalco y las controversias de la predestinación

Duodécima entrega:  Las controversias eucarísticas del siglo IX al XI

Decimotercera entrega: El cisma de oriente

Decimocuarta entrega: El cisma de oriente (continuación)

Decimoquinta entrega: La lucha de la Iglesia contra el error y la herejía

Decimosexta entrega: Herejía de los Cátaros o Albigenses

Decimoséptima entrega: Otros herejes

Entrega especial (1era parte): La inquisición medieval

Entrega especial (2da parte): La inquisición medieval

Vigésima entrega: La edad nueva. El Wyclefismo