SAN ESTANISLAO DE KOSTKA

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.

Hoy nos encomendamos a:

SAN ESTANISLAO DE KOSTKA, CONFESOR.

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Nació el bienaventurado Estanislao en el reino de Polonia elaño de 1550, en un castillo de sus padres, que se llama Kostkovo; y su padre se llamó Juan Kostka, y su madre Margarita Kaiskan, personas ilustres y principales en aquel reino, y más ilustres por haber conservado siempre la religión católica y piedad, en cuyo linaje ha habido muchos señores palatinos, electorales, senadores, capitanes, obispos y otros de alta dignidad.

Entre los otros hijos que tuvieron sus padres, uno fue nuestro Estanislao, el cual, habiendo pasado loablemente su niñez, y siendo ya de edad de trece años, fue enviado de su padre con otro hermano suyo mayor, llamado Pablo, a la ciudad de Viena, cabeza de la provincia de Austria, donde a la sazón residía el emperador Maximiliano, para que debajo de la disciplina y magisterio de los padres de la compañía de Jesús (que en aquella ciudad tiene un insigne colegio) aprendiese virtud y buenas letras. Dióse tan buena maña Estanislao, y puso tanta diligencia en el estudio, que con su buen ingenio hacia ventajas a sus condiscípulos y era amado de todos por su buena condición y modestia. Ibase luego por la mañana cada día antes de entrar en las aulas a la iglesia de la compañía a hacer oración, y lo mismo hacia las tardes acabadas sus lecciones. Huía de las malas compañías como de serpientes venenosas, y de las conversaciones livianas y libres, y de cualquiera cosa que no oliese a devoción.

Era muy amigo del silencio y pensaba mucho las palabras que había de decir. Tenía una modestia alegre y una alegría modesta y afable. Trataba de muy buena gana con gente sencilla y sincera. Era muy compasivo y socorría con lo que podía a los que tenían necesidad. El primero que se levantaba de la cama por la mañana en casa, era él. No se contentaba de oír cada día una misa: en las fiestas oía todas cuantas podía. Su vestido era muy llano y sencillo, y por grande que fuese el frio (como lo suele ser los inviernos en aquellas partes), nunca llevaba guantes ni quería que ningún criado le acompañase, sino cuando su hermano o su maestro se lo mandaban.

Todas las oraciones y declamaciones que componía para ejercitarse en la elocuencia comunmente eran de las grandezas y alabanzas de la santísima Virgen, nuestra Señora, de la cual era devotísimo, y cada día le rezaba el rosario. Ocupábase de muy buena gana todos los ratos que podía en la oración, no solo de día, sino también de noche, levantándose de la cama para orar cuando los otros dormían, y con la oración juntaba muchos actos de humildad y de mortificación; porque a veces, sin ser visto, barría el aposento de su hermano, y con disimulación ayunaba muchos días y castigaba a menudo su carne virginal con ásperas disciplinas; y aunque su hermano muchas veces le reprendía por verle tan recogido y retirado, a él no se le daba nada, por que tenia los ojos puestos en Dios, a quien solo deseaba agradar.

Andando tan bien ocupado y estando tan bien dispuesto Estanislao, el Señor le encendió más en su amor y le inspiró que entrase en la religión de la compañía de Jesús; y él se determinó a entrar e hizo voto de ello, aunque no descubrió este su propósito sino a su confesor, a quien pasados seis meses manifestó su determinación y el voto que había hecho.

Por este mismo tiempo le sobrevino una grave y peligrosa enfermedad, y al principio de ella, estando en su aposento, le apareció el demonio en figura de un gran perro negro, horrible y espantoso, y por tres veces le acometió y se llegó a la garganta para ahogarle; pero Estanislao se encomendó muy de veras al Señor, y con su favor y la señal de la cruz le ahuyentó de manera que desapareció aquel monstruo y no le acometió más. Creció tanto la enfermedad que llegó al cabo y los médicos le desahuciaron; y el bendito mozo se vio muy afligido, no tanto con la muerte que tenia presente, como porque deseaba comulgar y recibir el cuerpo del Señor por viático, y no sabia cómo poderlo hacer; porque el huésped, en cuya casa posaba él y su hermano, era hereje.

Acudió al Señor, y encomendóse muy entrañablemente y con gran devoción a la bienaventurada virgen y mártir santa Bárbara, así porque esta santa es patrona y abogada de la congregación de los estudiantes del colegio de la compañía de Jesús de Viena, donde él estudiaba, como especialmente por haber leído en su vida que todos los que le son devotos y se encomiendan a ella no mueren sin sacramentos; y antes de esto el día mismo de santa Bárbara, que es a 4 de diciembre, habiendo acabado de confesar y comulgar, le suplicó que le alcanzase gracia del Señor que no saliese de esta vida sin recibir los santísimos sacramentos de la Iglesia; y ahora, estando tan apretado de la enfermedad y con peligro de morir, de nuevo y con mayor instancia se lo suplicó.

0yóle el Señor, y una noche, estando despierto y muy fatigado del mal de la muerte, vio entrar en su aposento a la bienaventurada Santa Bárbara, acompañada de dos ángeles vestidos de un resplandor celestial, que con reverencia traían el santísimo Sacramento, de cuyas manos él le recibió. Hallóse presente un ayo suyo, que se llamaba Juan Bilinski, y después fue canónigo de Plozka, a quien Estanislao avisó que hiciese profunda reverencia al santísimo Sacramento que le traía la gloriosa Santa Bárbara.

Después de este tan gran favor recibió otro singular y no menos maravilloso; porque estando muy congojado del mal y casi al cabo de la vida, le apareció la Virgen sacratísima, nuestra Señora, con el niño Jesús en los brazos, y le habló y le dijo que se entrase en la compañía; y dejándole al niño Jesús sobre la cama desapareció la Madre santísima, y Estanislao, con este favor y celestial regalo, comenzó a mejorar y cobró entera salud, con grande admiración de los médicos que le habían curado, los cuales decían que aquella salud era milagrosa y contra todas las reglas de medicina.

Estos dos favores del Señor tan raros y admirables pocos días antes de su muerte manifestó el beato Estanislao; porque sin reparar en lo que decía, Dios, nuestro Señor, se los hizo decir a un grandísimo amigo y condiscípulo suyo, que se llamaba Estéban Augusto, y al padre Manuel de Sá: aunque después de haberlos descubierto reparó en lo
que había dicho sin mirar en ello, y quedó como corrido y lloroso; y de estos dos testigos después se supieron.

Cobrada la salud, acordándose del voto que había hecho de entrar en la compañía y lo que la santísima Virgen le había mandado estando enfermo, no vio la hora de ponerlo por obra. Tratólo con su confesor, y entendió que en Viena no le recibirían por estudiar en nuestro colegio sin consentimiento y bendición de su padre; mas él, ni quería aguardar tanto tiempo, ni esperaba poder alcanzar esta licencia de su padre; y su hermano Pablo, como era diferente en las costumbres e intentos de su hermano, dábale mala vida y tratábale mal de palabras y aun de manos: lo cual el bienaventurado mozo llevaba con mucha paciencia y alegría interior, porque padecía por la virtud; pero exteriormente mostraba algún sentimiento para tomar ocasión de ejecutar sus buenos propósitos y entrarse en la compañía. Y así un día se lo dijo a su hermano, y que le trataba de manera que le obligaba a dejarle e irse de su casa; y que así lo haría. y que él daría cuenta de él a sus padres; y otra mañana se lo tornó a decir, y el hermano con gran cólera y saña le respondió que se fuese en hora mala a donde quisiese.

Estanislao con mucha paz de su alma y alegría tomó esta ocasión como venida del cielo, y se vistió pobremente, y se confesó y comulgó, y encomendándose muy de veras a Dios y a su santísima Madre se partió luego a pie de Viena hacia la ciudad de Augusta en busca del padre Pedro Canisio, que a la sazón era provincial de la provincia de Germania la alta, para quien llevaba cartas de un padre grave de la misma compañía, que vivía en el colegio de Viena, y era predicador de la majestad de la emperatriz doña María.

Cuando su hermano Pablo echó menos a su hermano Estanislao sintiólo mucho y conoció que su enojo y mal término había echado a su hermano de casa, buscóle por toda Viena en los templos y conventos de religiosos, y no pudo hallar rastro de él; pero finalmente, por el dicho de un estudiante húngaro. condiscípulo de Estanislao, y mucho más por un billete que el mismo hermano había escrito a su ayo y dejado dentro de un libro, entendió la resolución y camino que había tomado; y el hermano y el ayo, y otro criado y el huésped de la casa, fueron tras él en un coche a gran priesa.

Alcanzáronle y halláronle en un campo, y fue nuestro Señor servido que conociéndolos él no le conocieron por verle en aquel traje. Pasaron adelante, y con salir los caballos de refresco, y ser briosos y fuertes, se pararon de manera que el cochero nunca pudo hacerles ir adelante, y les fue fuerza volver atrás. Con esto quedó Estanislao consolado y libre de aquel peligro, y prosiguiendo su camino y llegando a un pueblo entró una mañana en una iglesia, que al parecer era de católicos, con gran deseo y propósito de recibir el Santísimo Sacramento en ella; pero después supo que la iglesia no era de católicos sino de herejes, y quedó sobremanera afligido y desconsolado. Volvióse a nuestro Señor y suplicóle con afectuosas lágrimas que no le privase del mantenimiento de su alma que tanto deseaba. 0yóle el Señor, y como padre piadoso quiso regalar a su devoto hijo, y envióle del cielo un ángel de admirable hermosura, que de su mano le dio la sagrada Comunión, como otra vez lo había hecho cuando estuvo enfermo y arriba queda referido.

Con este esfuerzo del cielo se alentó y cobró mayores fuerzas Estanislao; llegó a la ciudad de Augusta, y no habiendo hallado al padre Canisio se fue a Dilinga, que está como diez leguas de Augusta, y allí le halló, y fue de él recibido con mucha caridad, y poco después le envió a Roma con otros dos compañeros, a donde, habiendo entrado en los diez y ocho años de su edad, llegó con extraordinario gozo y fue recibido del padre Francisco de Borja, general de la compañía, el día de los gloriosos apóstoles San Simón y Judas, a 28 de octubre del año 1567.

Llegó habiendo caminado más de doscientas y sesenta leguas a pie, bien cansado del trabajo del camino, pero muy gozoso por verse en el puerto que él tanto deseaba.

Cuando su padre supo lo que su hijo Estanislao había hecho y que había entrado en Roma en la compañía, no se puede fácilmente creer el sentimiento que tuvo, porque le amaba muy tiernamente según la carne y sangre. Escribióle luego una carta brava y colérica, con grandes amenazas, diciéndole que había deshonrado a su casa y linaje entrando en la compañía, y que si en algún tiempo volviese a Polonia le sacaría, aunque estuviese debajo de tierra, y que en lugar de las muchas riquezas, cadenas de oro y joyas que le había pensado dar si viviera en el siglo, le cargaría de prisiones y cadenas de hierro. A esta carta respondió Estanislao por una parte con mucha modestia y humildad, y por otra con gran fortaleza y constancia: que él no merecía padecer por aquel Señor que tanto había padecido por los hombres; pero que cuando el Señor fuese servido ninguna cosa le podría suceder de mayor gusto y contento para su alma que morir por guardar los votos que había hecho, sin quebrantar en un punto lo que a Dios había prometido.

No podía hartarse de dar gracias a nuestro Señor con suaves y copiosas lágrimas cuando se vio en el noviciado de la compañía, quebradas ya las cadenas e impedimentos de sus deudos, y en el puerto seguro de la sagrada religión, y fuera de las ondas y tormentas del siglo.

Parecíale que ya no tenia padre en la tierra sino en el cielo, ni otra madre sino a la santísima Virgen. Miraba a todos los otros novicios como a santos para imitar sus virtudes, y teníase por indigno de vivir entre tantos ángeles, y por gran favor y misericordia de Dios poderse emplear en servir a los que tan de veras le servían. Era muy humilde y bien fundado en el conocimiento de sí mismo y en el deseo de ser humillado y abatido por amor del Señor, y mostrábalo en el vestido; y de esta suerte llegó a tanto Estanislao, que por medio de su oración dio Dios suma tranquilidad a un hermano, librándole de una tormenta que padecía.

Tuvo señalado don de lágrimas, las cuales derramaba en grande abundancia y con maravillosa suavidad. Ilustrábale Dios, nuestro Señor, con su luz celestial, y dábale tanta inteligencia de las cosas espirituales que todos se maravillaban de ver tanta prudencia y discreción espiritual en un mozo de tan pocos años y en un novicio de tan pocos dias. Y no eran menores las consolaciones y gustos espirituales que el Señor infundía a aquella alma bendita y el fuego de amor divino con que le abrasaba, que algunas veces era tan encendido y fervoroso que venia a desmayarse y desfallecer, y era necesario con lienzos mojados y agua fresca bañarle y refrescarle el pecho por el grande fuego que sentía en él, y notablemente le debilitaba y enflaquecía el cuerpo.

Pues ¿qué diré de aquella singular y entrañable devoción que tuvo a la Reina de los ángeles, nuestra Señora ? Porque de sólo pensar en ella se derretía en dulzura, y de día y de noche no parece que pensaba en otra cosa sino en cómo la serviria y en meditar los misterios de su santa vida.

La devoción y afecto de esta soberana Señora que bullia en su pecho rebosaba por la boca, saludándola muy a menudo con el Ave María y hablando siempre de sus grandezas y virtudes, y entreteniéndose las noches en amorosos coloquios con la misma Virgen, llamándola: «Madre mía, Madre mía.». Era tan sabida entre los novicios esta devoción de Estanislao para con nuestra Señora, que para darle gusto cuando estaban con él, ellos mismos movían plática y trataban de loores, privilegios y excelencias de esta Señora; y por su respeto ordenó el maestro de novicios que a la hora que se juntaban a la quiete, al principio y fin de ella se hincasen todos los novicios de rodillas hacia la iglesia de Santa María la Mayor, saludando a la sacratísima Virgen y pidiendo su bendición; y que lo mismo hiciesen en las noches acabado el examen de conciencia, suplicándole que amparase y favoreciese a todos los que tenían deseo de entrar en la compañía.

Con esta devoción y ternura con la Virgen deseó morir la vigilia de su gloriosa Asunción, y dijo que así sería, como fue y adelante se dirá. Pues, ¿qué diré de las otras virtudes tan raras y singulares que de la fuente copiosísima y perenne de la divina liberalidad por este caño y arcaduz de la santísima Virgen se derivaron en el alma de este bienaventurado novicio; qué de su obediencia tan puntual, tan eterna y perfecta, que nunca halló repugnancia en cosa que se le mandase, porque para él la voz de Cristo y su voluntad siempre estaba ajustada con la voluntad del superior; qué de su mansedumbre, de su afabilidad, de su compostura, de su modestia y silencio, y de aquella mortificación tan rigurosa y austera con que afligía su cuerpo con ayunos, disciplinas y cilicios. como si fuera grandísimo pecador, siendo cosa cierta. por testimonio de los confesores que le confesaron generalmente, que nunca en su vida pecó mortalmente, y que muchas veces en las confesiones ordinarias no hallaban materia de absolución?.

Finalmente, todos los novicios se miraban en él como en un espejo y dechado de santidad, y el maestro de los novicios los exhortaba a mirar e imitar sus ejemplos, y todos los que le trataban y conversaban familiarmente le tenían por mozo escogido de Dios y muy rico de virtudes y merecimientos, y en sólo mirarle se componían y encendían en el amor y temor santo del Señor.

Echando, pues, el bienaventurado Estanislao tantos y tan esclarecidos rayos de virtudes, y habiendo en tan pocos días de noviciado caminado a tan largos pasos y ganado tanta tierra, o por mejor decir, tanto cielo; abrasado del amor divino y encendido deseo de honrar en el cielo a la Virgen Santísima, le suplicó que le llevase a su patria para gozar de su gloriosa vista; y el Señor se lo concedió, y sucedió de esta manera.

A los 8 de agosto, ante víspera del fortísimo mártir San Lorenzo, habiéndole cabido aquel mes a este santo, conforme a la costumbre de la compañía comenzó a pensar en su martirio, con un fervoroso deseo de imitarle y de ser encendido en vivas llamas de amor del Señor; y aquel día, estando todos los novicios juntos, les preguntó cómo podría uno ser abrasado por Cristo, nuestro Señor, a imitación de San Lorenzo. Y habiendo respondido algunos lo que se les ofrecía, dijo Estanislao que para gloria del santo quería hacer algunas mortificaciones, y por medio del mismo santo escribir una carta a la Santísima Virgen, su Madre (que así la solía llamar), suplicándole afectuosamente que le sacase presto de este destierro para hallarse presente en el cielo a la fiesta de su gloriosa Asunción. Con este intento la víspera de san Lorenzo salió al refectorio con pública disciplina y de rodillas dijo sus faltas, y besó los pies a todos y comió en el suelo, pidiendo la comida y bebida de limosna, como se usa en la compañía; y de allí se fue a servir a la cocina, y con la ocasión del fuego que allí había se puso a meditar el tormento de las parrillas del glorioso san Lorenzo, lo que hizo con tanta vehemencia e intención, que allí le dio un grande desmayo y fue necesario llevarle a la cama. Sobrevínole una calentura que, aunque al principio fue ligera y los médicos decían que no era cosa de peligro, él dijo al padre rector que sin duda moriría de aquella enfermedad; y después más claramente dijo que no se levantaría de aquella cama, y que moriría sin falta la víspera de la Asunción de nuestra Señora. Y así en aquel mismo día comenzó a desfallecer notablemente, y conociendo que se acercaba la hora de su dichoso tránsito, pidió con grande instancia y humildad al padre rector que le dejase echar y morir en el suelo para imitar en algo la pobreza del Salvador, que pobre y desnudo murió en la cruz.

Echáronle en un colchoncillo sobre el suelo, y habiéndole sobrevenido un gran flujo de sangre con un sudor frio, y recibido los santos sacramentos de la Confesión, Viático y Extremaunción con singular ternura y devoción, luego fijó los ojos en el cielo y estuvo un rato sin hablar palabra, elevado y trasportado en Dios hasta que el padre rector le preguntó si estaba resignado en las manos del Señor y aparejado para salir de esta vida caduca cuando el fuese servido. Entonces con mucha alegría de su alma respondió: «Mi corazón está aparejado, Dios mio, mi corazón está aparejado. Y habiéndose tornado a reconciliar y recibido a los padres y hermanos que le venían a visitar con mucha dulzura y amor, regalándose con una imagen de nuestra Señora, que en vida solía temer delante de los ojos, y besándola y abrazándola con afecto y ternura extraordinaria, y dicho otras oraciones devotas y propias de aquel tiempo … hizo un coloquio en latín, hablando con un crucifijo, tan largo y tan amoroso, que bien se echaba de ver que no era sacado de los libros, sino de lo más íntimo de su corazón. En él dio infinitas gracias al Señor por todos los beneficios y misericordias, así generales como particulares que de su liberalísima mano había recibido, y le suplicó le perdonase sus pecados y que recibiese en paz su alma y en sus manos sacratísimas, no hartándose de besar las llagas de los pies, manos y costado, y últimamente las de la cabeza; y pidió que le dijesen la letanía de los santos, que por suertes le habían cabido aquellos pocos meses que había estado en la compañía, y él los tenia escritos. y les suplicaba que en aquel trance le socorriesen.

Estando en esto le apareció la santísima Virgen acompañada de otras muchas purísimas vírgenes, con las cuales estuvo regaladamente hablando un rato, y luego con un suave silencio entregó su bienaventurado espíritu al Señor que le había criado a tres horas de la noche del día 14 de agosto del año 1568, y a los diez y nueve de su edad y diez meses de su noviciado. En pocos días de vida vivió mucho y alcanzó grandes merecimientos y coronas como si hubiera vivido muchos años.

Quedó el cuerpo difunto tan hermoso, con el rostro tan sereno y los ojos tan claros como si no hubiera espirado; y notóse que todo el tiempo de la enfermedad (si no era cuando le hablaban y preguntaban alguna cosa) siempre estaba con los ojos cerrados, aunque despierto; y algunas veces cuando los abría, como si despertara, los levantaba al cielo con un semblante alegre y risueño, como quien veía alguna cosa que causaba en su alma gran gozo y júbilo.

Enterráronle en una caja (que fue cosa particular, pero indicio de la opinión que tenia de su santidad) en la iglesia de San Andrés de la misma casa de los novicios, y fue el primero de la compañía que en ella se enterró. Fue notable el concurso que hubo en su entierro, no solo de los de la compañía que estaban en Roma, sino de otra mucha gente, y tanta la devoción con que le besaban los pies y la ropa y procuraban hacer alguna reliquia suya, que el doctor Francisco Toledo, que después fue cardenal, admirado de esto dijo : «Gran cosa es que un mozo novicio y polaco, muerto, mueva en Roma tanto a la gente para ver y tocarle y besarle como a santo.»

Creció esta opinión de la santidad de Estanislao con el libro de su vida que dos años después de su muerte se imprimió en Roma en lengua italiana, con nombre de beato, y en Polonia se escribió en latín, y corría por todo aquel reino, y muchos leyéndola se movieron a entrar en la compañía. Fue esto de manera, que en el mismo reino de Polonia comenzaron a pintar la imagen de Estanislao y estamparla con nombre de santo; y no solamente el pueblo y gente vulgar, sino también los obispos, prelados, palatinos, señores y gente principal, y hasta el mismo rey, a tenerla en su palacio y reverenciarla como imagen de santo. Y el día del arcángel san Miguel del año de 1604, habiéndose llevado a la ciudad de Calisian algunas reliquias de este bienaventurado novicio, fueron recibidas con pública y solemne procesión y sermón, acudiendo todos a besarlas con particular devoción y afecto.

En el año de 1602 la santidad del papa Clemente VIII, que había sido legado en el reino de Polonia, concedió dos breves, el uno en que daba el título de beato al hermano Estanislao, y el otro en que concedía diez años y diez cuarentenas de indulgencia a todos los que el día de su muerte visitasen cierta capilla que se le había erigido en su patria. Y en la misma ciudad de Roma es venerado su sagrado cuerpo, y el año de 1605 a 14 de agosto, que es el día en que murió (como dijimos), la santidad de Paulo V, habiendo leído el sumario de la vida y milagros del bienaventurado Estanislao, dio licencia para que se pusiese en público su imagen junto a su sepulcro, con lámpara y con las memorias y votos de los milagros que nuestro Señor por él había obrado; y así se hizo con extraordinario concurso de la ciudad y corte de Roma, cantando la misa el mismo embajador del rey de Polonia y toda la música del papa con grande ornato y magnificencia; y al domingo siguiente infra octava, cantó la misa pontifical el obispo de Servia, asistiendo a ella el embajador y toda la nobleza de Polonia que había en Roma.

Lo mismo se hizo en el reino de Polonia en muchas iglesias, y levantaron altares ricamente adornados con reliquias a imágenes del bienaventurado Estanislao, de donde le han enviado muchos y muy ricos dones para adorno de su sepulcro y del altar que tiene en Roma, donde cada día es visitado y reverenciado con particular devoción por los muchos y grandes milagros que continuamente obra el Señor por su intercesión en diversas partes, y cuelgan sus votos para memoria de los beneficios recibidos de la mano del Señor por medio de este bienaventurado mozo y novicio de la compañía.

Algunas personas devotas suyas, haciendo oración, han sentido una fragancia celestial y olor suavísimo que salia de su sepulcro; y habiéndole abierto muchos años después de muerto, hallaron su cuerpo entero y sin alguna corrupción. Los milagros que nuestro Señor hasta ahora ha obrado por este siervo suyo se pueden ver en el libro que anda impreso de su vida, de los cuales yo referiré aquí brevemente algunos.

En la provincia de Rusia, estando un sacerdote que le era muy devoto gravemente enfermo, le apareció el bienaventurado Estanislao acompañado con otros dos santos, y le dijo que presto se verían juntos en la gloria, de lo cual el sacerdote quedó consolado, y de allí a pocos días murió.

En Roma un hombre, que se llamaba Nicolás Nursino, estaba endemoniado y gravemente atormentado de los espíritus malignos, y quedó libre por los merecimientos delbienaventurado Estanislao.

En el reino de Francia una señora muy ilustre, llamada Teodora Ligvivila, estaba de la cintura abajo toda tullida por cierta ponzoña que la habían dado, y haciéndose llevar a la iglesia en una silla, y suplicando a nuestro Señor que por los merecimientos del bienaventurado Estanislao la librase de aquella enfermedad, súbitamente cobró salud, y delante de mucha gente se levantó de la silla en que estaba y comenzó a andar por sus pies con admiración de todos los que allí estaban, y mucho más de los médicos que la tenían por incurable.

0tras mujeres han sido socorridas en los partos revesados y peligrosos: otros enfermos de calenturas continuas y cuartanas, fatigados de apretura y sangre del pecho, de palpitaciones de corazón, de hinchazones de todo el cuerpo, de mal de ojos, de brazos quebrados y de otras enfermedades, y casi desahuciados alcanzaron entera salud, o encomendándose al bien aventurado Estanislao, o bebiendo un poco de vino en que se había lavado un hueso suyo, o con un diente, o con una astilla de su ataúd, o con otra reliquia suya.

Y aconteció en Roma el año de 1602 que, estando un caballero polaco con calentura continua y casi tísico, rogó a un sacerdote muy devoto del bien aventurado Estanislao que hiciese oración por él; y el buen sacerdote con grande autoridad y confianza dijo a la calentura : «Por los merecimientos del bienaventurado Estanislao yo te mando que salgas de este enfermo, y no vuelvas más a él.» El sacerdote lo dijo, y Dios concurrió con su palabra, y el caballero quedó sano y sin calentura.

Por estos y otros milagros es muy frecuentado el sepulcro del bienaventurado Estanislao en Roma, y hay tanto concurso a él, que algunos días es necesario a todas horas tener abierta la iglesia del noviciado de San Andrés, donde está con tanta riqueza y adorno, que en el libro que anda escrito de las cosas notables de Roma, hablando de la iglesia de San Andrés de Monte-Cavallo, se pone por cosa insigne el sepulcro del bienaventurado Estanislao.

Fue este santo novicio de mediana estatura, cabello negro, de color blanco y colorado , el rostro lleno, los ojos alegres, de hermoso aspecto y de una tan rara y singular modestia, que daba muestras de su virginal pureza, y con su vista movia a los que le miraban a devoción y castidad.

La vida del bienaventurado Estanislao se ha sacado de lo que sus maestros de novicios y confesores han dicho o escrito, y de lo que Jorge Soboritano y otros autores poco después de su muerte escribieron de él, y principalmente de los procesos que en Italia, Francia, Flándes, Bohemia, Polonia y España, han hecho los obispos y personas puestas en dignidad. El que atentamente la leyere podrá sacar de ella muchos y raros ejemplos de virtud, y entender que no hay edad inhábil para Dios, y que en pocos años el que es prevenido de su gracia y se emplea de veras en su servicio puede ganar mucho, y muriendo en breve alcanzar más gloria que los que viven largos años con tibieza y flojedad.

Novicio era Estanislao, mozo noble, rico y delicado de complexión; pero en solos diez meses que vivió en la compañía se dio al estudio de la perfección con tanto ahínco y valor, que viviendo fue tenido por santo, y después de muerto, Dios, nuestro Señor, ha mostrado que lo fue, esclareciéndole con tantos milagros como se cuentan en su vida.

Leyenda de oro 

R. Dr. José Palau

Leer el Santo Evangelio del día y catena aurea