MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
SAN VIDAL, y SAN AGRÍCOLA, MÁRTIRES
Escribiendo el bienaventurado san Ambrosio A las vírgenes, y tratando de los mártires san Vidal y san Agrícola, dice estas palabras: « La condición y estado bajo del hombre no le es impedimento para que no sea estimado, ni la grandeza del linaje le hace digno de loa, sino la fe. Porque el esclavo y el libre son una
misma cosa en Cristo, y cada uno recibirá de Dios el premio del bien o del mal que hubiere hecho. Ni la servidumbre nos quita, ni la libertad nos da, porque la una y la otra se pesan con el mismo peso delante del Señor; ni hay diferencia en los merecimientos del esclavo que bien sirve, ni del libre que goza de su libertad. Porque la mayor dignidad de todas es servir a Cristo, y por esto san Pablo se gloría de ser esclavo de Cristo, porque esta servidumbre es gloriosa: de la cual se precia el Apóstol, y con razón; pues nuestra suma gloria es que Dios nos haya estimado en tanto, que nos compró con la sangre de su bendito Hijo.»
Todo esto es de san Ambrosio, a propósito de los santos mártires Vidal y Agrícola, de los cuales Agrícola era caballero principal, y Vidal esclavo suyo, y ambos cristianos; y por esta causa fueron presos en Bolonia, ciudad de Italia, y martirizados siendo emperadores Diocleciano y Maximiano, tan fieros enemigos de Cristo, nuestro Salvador, que nunca se vieron hartos de sangre de cristianos. Era Agrícola hombre noble (como dijimos) y bien acondicionado, y tenia muchos amigos; y queriendo el presidente atemorizarle y no matarle, comenzó por Vidal, su esclavo, y mandóle atormentar y azotar crudamente, para que viendo el amo los atroces tormentos que su siervo padecía se reportase y se dejase persuadir, y adorase a los falsos dioses. Atormentaron a Vidal los verdugos tan sin piedad, que quedó el cuerpo del santo tan lleno de llagas y heridas, que no tenia en él cosa sana donde poner los ojos, ni sangre que derramar, según estaba exhausto y consumido. Levantó el glorioso mártir sus ojos al cielo y pidió humildemente a Dios que recibiese su espíritu, para que él recibiese la corona que su santo ángel le había mostrado.
Oyóle el Señor, y en acabando su oración le dio su alma.
Estaba Agrícola presente a este espectáculo, con el cual el juez le quiso espantar y apartarle de su intento para que escarmentase en la cabeza de su siervo; y esto con una cruel piedad (como dice san Ambrosio) pues le quería privar de la gloria del martirio. Mas Agrícola no se turbó por los tormentos de Vidal, antes se animó y encendió más en el amor de Dios, deseando tenerle compañía, y seguir al que ya iba delante, y no ser menos valeroso en la fe de Cristo que lo había sido su mismo esclavo.
Como el juez le vio tan constante convirtió la blandura que con él había usado en saña, y se embraveció y le mandó poner en una cruz, y así se hizo, traspasándole y fijando sus sagrados miembros con muchos y duros clavos; y el santo, levantado en alto, representando con aquel género de martirio a su Señor, mostrando que tenia en poco todo lo de la tierra, y que anhelaba al cielo, donde tenia su corazón, el mismo día que Vidal entre los azotes y tormentos dio su espíritu al Señor, él le dio el suyo en la cruz; y el amo y el esclavo fueron iguales en el martirio y en la corona.
Sepultaron sus cuerpos en un cementerio y osario de judíos, y así dice san Ambrosio que estuvieron las rosas entre las espinas, y la luz entre las tinieblas, hasta que Dios los reveló. Cuando se descubrieron y se hubieron de trasladar fue el santo prelado a Bolonia, convidado del obispo de aquella ciudad para honrar al Señor y gozar de aquel nuevo tesoro y de la gloria de los santos. El mismo san Ambrosio dio a las vírgenes parte de sus reliquias, y les dice estas palabras: «Yo os he traído preciosos dones y cogidos con mis manos, que son los trofeos de la cruz, cuya gracia conocéis en las obras, y los mismos demonios las confiesan. 0tros alleguen oro y plata y saquen estos metales de las venas debajo de tierra, busquen joyas y piedras preciosas, que al fin se acaban y muchas veces son dañosas a los que las poseen. Nosotros habemos recogido los clavos del mártir, y muchos, porque más fueron las heridas que padeció que los miembros en que las padeció. Recogímos tambien la sangre que derramó, y con la cual triunfó de la muerte, y el madero de la cruz en que estuvo colgado.»
Esto dice san Ambrosio, el cual colocó este tesoro y preciosas reliquias en la ciudad de Florencia, en un templo que una Santa y rica Señora, llamada Juliana, había edificado.
San Gregorio Turonense cuenta algunos milagros que obró nuestro Señor por intercesión de estos santos mártires, y dice que parte de sus reliquias fueron llevadas a Francia, y que Namacio, obispo de la ciudad de Albernia, las colocó en una iglesia que él mismo había labrado. Fue su martirio a los 4 de noviembre (en que la santa Iglesia celebra su fiesta) y en el año del Señor de 303, imperando los dichos Diocleciano y Maximiano, y de ellos hacen mención los martirologios romano y de Usuardo, San Paulino, obispo de Nola; Gregorio Turonense. y los otros más modernos que han escrito vidas de santos.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

