SAN HUBERTO

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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 Hoy nos encomendamos a:

SAN HUBERTO, OBISPO Y CONFESOR.

Descendiente de una familia noble de Aquitania pasó su juventud en la corte de Tierri III. Entregado entonces a las vanidades mundanas la gracia le tocó de repente para hacerle digno vaso de elección.

Resolvió no vivir mas que para Jesucristo. Púsose bajo la dirección de san Lamberto, obispo de Mastrich, y adelantó tanto en santidad que cuando murió aquel obispo Huberto fue unánimemente elegido para sucederle, el año 708.

Puso desde luego todo su cuidado en imitar en sus acciones a su glorioso predecesor, y en efecto llegó a conseguirlo de tal manera, que su episcopado fue de los más gloriosos que la religión haya producido.

Su celo no se limitó a su diócesis; los países más distantes fueron testigos del ardor y del fruto de sus penosos viajes, emprendidos para ganar almas para Jesucristo. Como su ministerio era el de un apóstol el Señor le concedió el don de milagros, que aumentaron considerablemente el fruto de sus misiones.

Un día que estaba haciendo la procesión de rogaciones con todo su clero la ceremonia fue interrumpida por los gritos de una mujer que estaba poseída del demonio; el santo hizo sobre ella la señal de la cruz, y al momento quedó libertada.

Trasladó su sede episcopal de Mastrich a Lieja, y en esta última ciudad, después de haberse despedido de su rebaño, en un tierno y patético discurso, en que ansiaba el fin de su vida, murió tranquilamente el día 30 de mayo del año 797. Su fiesta se celebra hoy en memoria de una traslación de sus reliquias.

Leyenda de oro

R. Dr. José Palau

 

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