LA ARMADURA DE DIOS
LA VIRGEN MARÍA
Y SU PATRONATO EN AMÉRICA
NUESTRA SEÑORA APARECIDA
A unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, villa del Estado de Sao Paulo, se encuentra el pueblo de Aparecida, que debe su nombre y origen al Santuario de la Virgen que fue levantado en 1743.
En octubre de 1717 pasaba por Guaratinguetá con rumbo a Minas, el gobernador de Sao Paulo, Pedro de Almeida y Portugal. Los pescadores de la zona querían darle la mejor atención, por lo que tendieron sus redes al río Paraíba del Sur, pero con escasa fortuna.
Viendo esto, uno de ellos llamado Joao Alves, corrió hasta el lugar denominado Itaguassú, y habiendo allí lanzado sus avíos de pesca, sacó del primer lance entre las mallas de su red una imagen de la Virgen a la que falta la cabeza. Volvió de nuevo a lanzar la red en otra dirección y esta vez logró aprisionar la cabeza de la imagen.
Lleno de asombro ante tal hallazgo, dirigió su barca hacia la orilla y después de limpiarla descubrió que era la Virgen Inmaculada. Sus compañeros participaron de esta alegría y animados por este suceso volvieron a echar sus redes consiguiendo una abundante pesca.
Aún se ignora el cómo vino a parar al río esta imagen, pero todo hace creer que se remonta a los primeros tiempos de la colonización de Brasil.
Los pescadores se llevaron a la imagen y en la casa de uno de ellos, le arreglaron un sencillo altar. Más tarde otro pescador al trasladarse a Itaguassú, construyó en su nuevo domicilio un oratorio y en él puso la imagen, ante la cual los vecinos se reunían para rezar el Rosario y entonar himnos.
En 1904 fue coronada canónicamente, y en 1930 Pio XI la nombró Patrona de Brasil.
La historia de la aparición
Estamos en el nacimiento de Sao Paulo. Es el año 1554. Un grupo de jesuitas dirigidos por el Padre José de Anchieta llegan con el deseo de transmitir el tesoro de la fe cristiana a los indios Tupis y Guaranis. Fundan la ciudad y ésta se convierte en un importante centro de evangelización.
Los misioneros inculcaban con mucho celo la devoción a María Santísima, poniendo de relieve el papel que Ella, como Madre de Dios, realizó en la obra de la redención.
Todas las tardes se tenía la catequesis y se rezaba el Santo Rosario. En muchas aldeas y villas existían las célebres Cofradías del Rosario, se hacían procesiones y se realizaban novenas de preparación a las fiestas religiosas. Así, bajo la protección y el cuidado de María se sigue desarrollando la historia de Brasil.
Llega octubre de 1717. El gobernador de la capitanía de Sao Paulo, Don Pedro de Almeida, está haciendo un viaje hacia Minas Gerais siguiendo el camino del Valle del Paraíba. Para la alimentación del gobernador y su comitiva habían pedido a los pescadores del lugar que reunieran la mayor cantidad de peces que pudieran.
Los pescadores, entre los que estaban Domingos Garcia, Joao Alves y Filipe Pedroso, tomaron sus canoas, se dirigieron al río Paraíba y comenzaron a trabajar llenos de entusiasmo. Lanzaban las redes una y otra vez pero era inútil, no conseguían pescar nada.
Navegaron unos 6 km río arriba, hacia el puerto de Itaguassú. Echaron nuevamente las redes y lo único que sacaron fue una figura de cerámica, cubierta de barro y sin cabeza. Al lanzarlas nuevamente apareció la cabeza y descubrieron que se trataba de la imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.
Después de esto lanzaron nuevamente las redes y obtuvieron una gran cantidad de peces. Los pescadores regresaron a sus casas felices de haber conseguido una pesca tan maravillosa y muy admirados por lo que había ocurrido.
La tradición dice que una vez que sacaron el cuerpo y la cabeza, la silueta endeble de la Virgen aparecida se volvió extremamente pesada, y ya no pudieron llevársela para ningún lado.
Hay dos fuentes históricas sobre el hallazgo de la Imagen, que se encuentran en el Archivo de la Curia Metropolitana de Aparecida (anterior a 1743) y en el Archivo Romano de la Compañía de Jesús. La historia se registró por primera vez por el Padre José Alves Vilela, en 1743; y por el Padre Joao de Morais y Aguiar, en 1757, registro que se encuentra en el Primer Libro de la Parroquia de San Antonio de Guaratinguetá.
El pueblo de Nuestra Señora Aparecida se encuentra a 7 km de Guaratinguetá, villa del Estado de Sao Paulo.
La Imagen
Se ignora completamente como es que la imagen fue a parar al río. Pero sí se conoce su autor, un monje llamado Frei Agostino de Jesús, monje benedictino del monasterio de Santa Ana de Parnaíba, en Sao Paulo, quien la moldeo en el año 1650.
La Virgen es de color moreno y está vestida con un manto grueso bordado, sus manos se ubican en el pecho en posición de oración.
La Imagen sacada del río era de terracota y medía cerca de 40 cm de altura. Los monjes benedictinos que la describen en aquella época acreditan que originalmente era policromada, como era costumbre en la época. El color canela que presenta en la actualidad probablemente se debe a la exposición al humo de las velas de los devotos.
Ella representa a Nuestra Señora en su Inmaculada Concepción. Por eso su título completo es Nuestra Señora de la Concepción Aparecida
Qué sucedió después con la Imagen
Filipe Pedroso conservó esta imagen en su casa, junto a Lorenzo de Sá por unos seis años. Luego se fue a vivir a Ponte Alta donde permaneció unos nueve años. Y pasado este tiempo marchó a vivir a Itaguassú, donde había encontrado la Imagen.
En 1733 Filipe regaló la imagen a su hijo Atanasio Pedroso. Atanasio hizo construir un oratorio y colocó la imagen de la Virgen sobre el –así llamado– altar de palos.
En este oratorio se reunía todos los sábados con su familia y un grupo de vecinos para recitar el Rosario y alabar a la Santísima Virgen.
En 1737, el Vicario de Guarantinguetá hizo construir ahí una capilla para los fieles. Pronto comenzaron a suceder prodigios extraordinarios y la fama de la Virgen empezó a correrse espontáneamente. El número de peregrinos que venían de los poblados cercanos creció mucho y la capillita de Itaguassú ya era insuficiente.
Primeros milagros
* Estando la noche serena, repentinamente las dos velas que iluminaban la Virgen se apagaron. Hubo espanto entre los devotos. Una tal Silvana da Rocha, queriendo encenderlas nuevamente, no llegó, pues ellas se encendieron por sí mismas. Este fue el primer milagro de Nuestra Señora.
* A mediados de 1850, un esclavo llamado Zacarías, preso por gruesas cadenas, al pasar por el Santuario, pide al amo permiso para rezar a Nuestra Señora Aparecida. Recibiendo la autorización, el esclavo se arrodilla y reza contrito. Las cadenas, milagrosamente, se sueltan de sus manos dejando a Zacarías libre.
* Madre e hija caminaban a las orillas del río Paraíba del Sur cuando sorprendentemente la hija, ciega de nacimiento, comenta asombrada a su madre: “Mamá, qué linda es esta iglesia” (Basílica Vieja).
* Un caballero de Cuiabá, pasando por Aparecida, al dirigirse para Minas Gerais, vio la fe de los peregrinos y comenzó a burlarse de ellos diciendo que aquella fe era una estupidez. Quiso probar lo que decía entrando a caballo en la iglesia. No lo consiguió. La pata de su caballo quedó aprisionada en la piedra de la escalera de la iglesia (Basílica Vieja) y el caballero, arrepentido, entró en la iglesia como devoto.
* Un cazador estaba volviendo de su cacería ya sin municiones cuando de repente se encontró con un enorme jaguar. Él se vio acorralado y el jaguar pronto para atacar, entonces el cazador pide desesperado a Nuestra Señora Aparecida por su vida y de pronto el jaguar da vuelta y se retira.
* Un padre con su hijo fueron de pesca. Durante la pesca, la corriente era muy fuerte y en un descuido el niño cayó al río. El muchacho no sabía nadar; la corriente lo arrastraba cada vez más rápido; y el padre desesperado pidió a Nuestra Señora Aparecida que salvara al niño. De repente, el cuerpo del muchacho dejó de ser arrastrado, mientras que la fuerte correntada continuaba; y el padre salvó al niño.
La Basílica
Aparecida es una ciudad y municipalidad del Estado de Sao Paulo localizada en el valle del río Paraíba, a veces se le llama Aparecida del Norte.
El Padre José Alves, Vicario de la Parroquia de Guaratinguetá, mandó construir una capilla más grande a la original a la de 1737 en el Morro de los Coqueiros, que estaba más cerca de la Parroquia.
El templo se inauguró el 26 de julio de 1745 bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida, y dos años después surgió en torno a él un pequeño poblado.
El número de peregrinos siguió creciendo de modo extraordinario y la devoción se extendió por todo Brasil. Muy pronto comenzaron a dedicarse capillas e Iglesias a nuestra Señora Aparecida y por todas partes era invocada como Madre y Patrona.
En 1852 se hizo una nueva construcción y más tarde otra en 1888. La Matriz Basília albergaba la imagen antes del Santuario Nacional. En 1904 la imagen fue solemnemente coronada y ganó un manto azul. Antes la imagen llevaba mantos rojos y blancos en referencia a la Inmaculada Concepción. En 1908 el templo fue elevado a la categoría de Basílica menor.
El 16 de junio de 1930 el Papa Pío XI declaró a Nuestra Señora Aparecida Patrona de Brasil.
Durante la Revolución Constitucionalista de 1932, la imagen de la Patrona fue llevada a la capital Sao Paulo para ser guardada, porque la Iglesia temia por su integridad. El Valle del Paraíba, donde está la Matriz Basílica, era una de las áreas de combate de las tropas.
En 1946 se comenzó la construcción de la actual Basílica. Es el segundo santuario mariano más frecuentado del mundo.
ANTIGUA BASÍLICA

ACTUAL BASÍLICA

Gigantesca, con su torre de 100 metros de altura, su cúpula de 70 metros, su nave en forma de cruz griega de 173 metros de largo y 168 metros de ancho, con una superficie total de 18.000 metros cuadrados. Su capacidad de acogida es de 75.000 fieles.
Por sus medidas, Nuestra Señora Aparecida es la segunda Basílica más grande del mundo, después de la de San Pedro de Roma.
Nuestra Señora Aparecida es, entre otros, el sitio de peregrinación que tiene lugar cada año el 12 de octubre, que es su Fiesta Patronal. Misma fecha del descubrimiento de América (12/10/1492), de la aclamación de D. Pedro I como Imperador de Brasil (12/10/1822) y de la inauguración de la imagen del Cristo Redentor (12/10/1931).
Sólo en 1953 el 12 de octubre pasó oficialmente a ser el Día de la Patrona. La fecha ya había sido celebrada el día 8 de diciembre – Fiesta de la Inmaculada Concepción –, también los domingos de mayo, mes de María y 8 de septiembre, fecha de Su nacimiento. La elección del día 12 de octubre fue para aproximar la celebración de la fecha de su hallazgo en el río.
La devoción a la Inmaculada Concepción o Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, mueve a millares y millares de católicos brasileños. Dos o tres veces al año van con fe, a pie, a caballo, en carreta, en moto, en auto o en autobus, para homenajear, agradecer o solicitar algún don a la Virgen.
El clima de los homenajes comienza el 12 de octubre, cuando la ciudad de Aparecida es invadida por más de doscientos mil peregrinos de los cuatro puntos del país (seis veces su propia población que tiene un poco más de 34 mil habitantes).
A modo de resumen
El 6 de noviembre de 1888, Su Alteza Real la Princesa Isabel visitó por segunda vez la Basílica y ofreció a la Santísima Virgen, en pago de una promesa hecha en su primera visita, el 8 de diciembre de 1868, una corona de oro incrustada de diamantes y rubíes, junto con un manto azul, ricamente adornado.
El 28 de octubre de 1894, llegó a Aparecida un grupo de Sacerdotes y Hermanos de la Congregación de los Misioneros Redentoristas, para trabajar en la atención de los peregrinos que acudían a los pies de la Imagen para rezar con la Señora «Aparecida» de las aguas.
El 8 de septiembre de 1904 la Imagen fue coronada con la riquísima corona donada por Su Alteza Real la Princesa Isabel y fue cubierta por el manto bordado en oro y pedrería, símbolos de su realeza y patronato.
La celebración solemne fue dirigida por Don José Camargo Barros, con la presencia del Nuncio Apostólico, muchos Obispos, el Presidente de la República Rodrigues Alves y numeroso pueblo.
Después de la coronación, el Santo Padre concedió al Santuario de Aparecida otros favores: Oficio y Misa propia de Nuestra Señora Aparecida, e indulgencias para los peregrinos que van en romería al Santuario.
El 29 de abril de 1908, la iglesia recibió el título de Basílica Menor, consagrada el 5 de septiembre de 1909, y recibiendo los huesos de San Vicente Mártir, traídos de Roma con permiso de Su Santidad el Papa Pío X.

El 17 de diciembre de 1928, la villa que se formó alrededor de la iglesia, en lo alto del Morro de los Coqueiros, se convirtió en municipio, viniendo a llamarse Aparecida, en homenaje a la Virgen, que fuera responsable de la creación de la ciudad.
Nuestra Señora de la Concepción Aparecida fue proclamada Reina de Brasil y su Patrona Oficial, el 16 de julio de 1930, por decreto de Su Santidad el Papa Pío XI, siendo coronada.
Por la Ley nº 6.802, del 30 de junio de 1980, el entonces Presidente de la República, General Joao Figueiredo, sanciona que:
«Es declarado feriado nacional el día 12 de octubre, para culto público y oficial a Nuestra Señora Aparecida, Patrona de Brasil».





