MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.
Hoy nos encomendamos a:
SAN MARCELO, CENTURION, Y DOCE HIJOS SUYOS, TODOS MÁRTIRES

Entre los muchos ilustres mártires que ha habido en España, uno es san Marcelo, soldado y centurión, o capitán de cien soldados, así por haber él muerto gloriosamente por Cristo, como por haber por su ejemplo animado a doce hijos suyos para que le siguiesen y diesen alegremente su vida por aquel Señor que por ellos había dado la suya en la cruz.
Del padre y de los hijos hablaremos aquí, y referiremos lo que hallamos en las historias eclesiásticas y en algunos breviarios y santorales antiguos de España.
El martirio de san Marcelo, escrito por los notarios de su mismo tiempo, referido por el padre fray Lorenzo Surio en su quinto tomo a los 30 de octubre, resumido en pocas palabras, fue de esta manera.
Celebrando las legiones militares de la provincia de Galicia el nacimiento del emperador Diocleciano con coronas de flores y rosas en sus cabezas, y llegándose a ofrecer el incienso que llevaban en las manos a una estatua del mismo emperador, Marcelo, centurión de la legión llamada Trajana, que se hallaba presente, abominando (como era razón) tan detestable sacrificio, con desprecio no quiso ofrecer el incienso. Causó esto admiración a los otros soldados, y comenzaron a amonestarle que sacrificase y se conformase con los demás; y él encendido en el amor de Dios y menospreciando las honras y bienes de la tierra, se quitó el cíngulo militar y arrojóle con la espada, confesando claramente que era cristiano.
Fue acusado delante de Fortunato, tribuno de aquella legión y presidente de aquella provincia, hablóle y respondióle Marcelo con gran libertad, y él le mandó llevar aprisionado a la ciudad de Leon para oírle allí otra vez. Examinóle la segunda vez, y de la plática resultó que Fortunato le envió aprisionado a Agricolao, prefecto del pretorio, que a la sazón se hallaba en la ciudad de Tánger, metrópoli de la provincia Tingitania, en África, que en aquel tiempo estaba sujeta a la jurisdicción del presidente de España. Llevóle a cargo un soldado, llamado Cecilio Arba; padeció san Marcelo grandes trabajos en aquel largo camino por ir con prisiones y sin ningún regalo.
Después que llegó y fue preguntado por Agricolao sobre el caso, y Marcelo hubo respondido grave y constantemente a sus preguntas, y confesado claramente lo que había hecho y dicho, y que era cristiano y que no se dejaría vencer de temor ni espantos, ni tormentos, para apartarse un punto de la confesión de Jesucristo, el prefecto pronunció sentencia en la forma siguiente contra él: «Es mi voluntad y mando que sea degollado Marcelo, porque públicamente violó y quebrantó el juramento del cargo de centurión en que servía en la guerra, renunciándolo y echándolo de sí, y en la audiencia del presidente dijo palabras de desatino y locura.»
Oyendo esta sentencia Marcelo, dijo: «Dios te haga bien;» y con esto fue degollado. Su cuerpo fue allí sepultado, y en tiempo de los reyes católicos don Fernando y doña Isabel, por la buena diligencia de un clérigo, llamado Isla, fue trasladado de Tánger a Leon, y puesto en una iglesia de su nombre de San Marcelo, que es la más principal parroquia de la ciudad. Está el santo cuerpo sobre el altar mayor en una arca dorada de muy lindo talle.
En el Breviario antiguo de aquella ciudad se dice que la mujer de san Marcelo se llamó Noria, y que cuando supo la muerte de su marido y de algunos de sus hijos rogó a Dios que la llevase para sí, y que murió luego. Tiénenla por santa y en gran veneración, y también un pozo en que dicen que estuvo el cuerpo de Noria algún tiempo.
El martirio de San Marcelo fue por los años del Señor de 298, imperando Diocleciano. El Martirologio romano y el de Beda y los demás hacen mención de él a los 30 de octubre, y el Breviario toledano pone un himno de su martirio y gloriosa corona.
LOS HIJOS DE SAN MARCELO, CENTURION, MÁRTIRES
El Breviario de Evora y Juan Vaseo en la Corónica de España dicen que los doce hijos de San Marcelo se llamaron por estos nombres: Claudio, Lupercio, Victórico, Facundo, Primitivo, Genuterio, Celedonio, Fausto, Januario, Marcial, Servando y German, y que todos fueron mártires.
El Santo de cada día
por Edelvives
Leer el Santo Evangelio del día y catena aurea
