JORGE DORÉ: POESIA

¿Hasta cuándo, Dios mío, veremos con tristeza
como prosperan todas las obras del malvado?
¿Cuánto más sufriremos triunfar al hombre impío
que enceguecido elude tus luces a su paso?

¿Cómo es posible, cómo, que tantos que ayer fueran
tus discípulos fieles te hayan abandonado
para abrazar inmundas doctrinas de demonios,
aliarse a tus verdugos y frecuentar sus antros?

¿Hasta qué negra sima descenderá el rebelde
en busca de placeres y utópicos legados?
¿Cuántos becerros de oro más habrán de fundirse
antes de que tu ira descargue como el rayo?

¿Cuántos vientres maternos más habrán de sumarse
a la carnicería de un mundo depravado
que mientras se despoja de sus propias entrañas
ampara con sus leyes sus instintos más bajos?

¿Hasta cuándo veremos proliferar el crimen,
perpetuar la mentira y cometer los actos
más viles en el nombre de perversas doctrinas
a las que la cordura debiera hacer pedazos?

Mira que el adversario se ha vuelto prepotente
y cada vez tus hijos tienen menos espacio
donde rendirte culto: –tus templos hoy acogen
a millones de Judas que sirven a otros amos–.

¿Hasta cuándo, Díos mío, le llamarán orgullo
a las depravaciones de la carne? ¿Hasta cuándo
veremos este ataque brutal contra la infancia
por parte de las hordas del mal premeditado?

¿Hasta cuándo la injuria a tu cruz y a tu Madre
serán una constante del odio cotidiano?
¿Cuándo presenciaremos tu divina justicia,
la que hoy, humildemente, te estamos suplicando?

Ten piedad, Jesucristo, de nuestras muchas faltas.
Otórganos la gracia que todo buen cristiano
precisa y que el ataque rabioso del Maligno
no logre sorprendernos con los brazos cruzados.

Y mientras abrazamos tu perenne doctrina
y el mundo nos hostiga con su rencor diario
haznos perseverantes en esa fe sublime
que nuestros enemigos pretenden arrancarnos.