EL CRISTIANISMO EN LOS CANTARES POPULARES

CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN

Esta poesía popular viene de la España del Siglo de Oro; y en esa tradición hispano-católica encontramos el fondo mismo del alma nacional, que muy poco debe al barbarismo precolombino, tan reivindicado por los revolucionarios.

Los Cantares son trasunto del alma española de la época colonial; todos ellos revelan una tradición poética nacida al arrullo del romance clásico, que los soldados y misioneros de la España grande de los siglos XVI y XVII trajeron al Nuevo Mundo.

El deber de la hora actual es salvar esa cultura y reanudarla.

Por esta razón, entregamos al pensamiento católico estos florilegios, con el deseo de que muchos jóvenes recojan este tesoro poético, y reanuden la honrosa tradición de cultura bruscamente interrumpida por la irrupción de una civilización tan brutalmente material que ha olvidado el significado esencial de la vida cristiana, e incluso ya de la simplemente humana.

MI VOZ A TI SE LEVANTA

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Mi voz a Ti se levanta
en mi triste desconsuelo,
yo te imploro Virgen Santa,
como avecilla que canta,
fijando vista en el cielo.

Cual humilde trinitaria
mi existencia es bien sombría,
y en mi vida solitaria,
envío a ti mi plegaria,
acéptala Madre mía.

Tú sabes Madre querida,
que en mi tierna juventud,
al ver la flor de mi vida
por la desgracia mecida
busqué asilo en la virtud.

Tú que guías al mortal
como antorcha celestial,
desde lo alto de tu trono,
por la plegaria que entono,
guiad que en mundo estoy.

Imploro tu protección
y te ruego Virgen pura,
que veles mi corazón,
morada de tu pasión,
y de ilusión sepultura.

Tú que miras con ternura,
compadece la orfandad
de la que con alma pura
alza su voz a la altura,
implorando tu piedad

Nota de Don Alfonso Carrizo: Me fué dictada por la señora Ignacia Pacheco en 1915. Decía esta señora, que siendo ella maestra en la Puerta (Ambato) recogió a una niña huérfana, ex discípula suya. Había  perdido esta criatura Padre y Madre y no quedaba en el mundo ninguna persona encargada de su crianza, y ella la llevó a su lado. Fué para esta huérfana que doña Ignacia, compuso este cantar.