SANTA OSITA

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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SANTA OSITA, VIRGEN Y MÁRTIR.

Fue santa 0sita inglesa de nación e hija del rey Eritevaldo y de Vulreberga que era hija de Penda, rey de los mercios. Desde niña fue muy bien inclinada A recogimiento, honestidad y todas las obras de virtud. Había en aquel tiempo dos señoras principalísimas y santas vírgenes en lnglaterra, Moduvena, abadesa de cierto monasterio, donde vivían muchas doncellas con grande recogimiento; y Edita, hermana del rey Alfrido, que asimismo fue madre y maestra de otras doncellas que vivían apartadas de todo trato del mundo.

Fue entregada 0sita a Santa Moduvena para que la criase, y ella la dio de su mano y la encomendó a Edita, pareciéndole que estaría mejor en su compañía. Acaeció que un día Edita envió a 0sita con un libro a Moduvena y al pasar por una puente de madera sobre un rio, vino un viento tan recio que la arrebató y la arrojó en el rio, y las corrientes la llevaron tras sí, y se hundió y ahogó en aquel rio. De allí a tres días, estando orando Moduvena, le apareció un ángel y le dijo que fuese apriesa al rio. Fue y halló a santa Edita que buscaba a 0sita, porque no había tornado a casa después que la había enviado con el libro. Allí entendieron que Osita se había ahogado. Pusiéronse en oración, suplicando a nuestro Señor que se la restituyese y sacase del profundo de aquel rio. Acabada la oración Moduvena la llamó con voz clara y sonora tres veces, diciendo: «0sita, 0sita, 0sita, en el nombre de la Santísima Trinidad sal fuera del rio.» Y 0sita respondió: «Héme aquí, señora, héme aquí, héme aquí.». Y luego salió de las aguas con su libro en la mano sin lesión alguna. Murió santa Moduvena, y 0sita volvió a casa de sus padres, creciendo cada día en virtud y loables costumbres. Cuando llegó a edad para poderse casar, Sigero, rey de los sajones orientales, la pidió a sus padres por mujer; y por más que ella le repugnó y contradijo (porque tenia propósito de guardar su pureza virginal perpétuamente), como por fuerza la hicieron casar. Vino el día de las bodas que se habían aparejado con aparato real, y la santa doncella con muchos gemidos y suspiros se encomendaba de todo corazón al Señor, suplicándole que no permitiese que perdiese la joya tan preciosa de la virginidad; después con varios achaques y excusas procuraba conservarla y no consumar el matrimonio, hasta que un día el rey la llamó y la hizo entrar en un aposento más secreto para gozar de su extremada hermosura y belleza, cosa que él tanto deseaba y ella aborrecía. Mas en el mismo tiempo se levantó un gran ruido en el palacio real por un ciervo de extraordinaria grandeza que había aparecido a la puerta del mismo palacio, y el rey, dejando a la reina Osita sin tocarla, salió a ver el ciervo, y viéndole (como era amigo de caza) se determinó seguirle con sus cazadores hasta cogerle. De esta manera quedó 0sita libre esta vez, haciendo gracias a nuestro Señor que por aquel medio la había librado; y para no verse en otra tal, llamó luego a algunos religiosos siervos de Dios, y les declaró su intento; y ellos le cortaron el cabello, y le dieron el hábito de religión y el velo, y la consagraron monja. Al cabo de algunos días volvió el rey de la caza, y queriendo ver a su mujer, hallóla vestida de monja, y supo que había hecho voto de castidad y tomado por esposo a nuestro Señor Jesucristo; y aunque le pesó no quiso hacerle fuerza ni apartarla de aquel tan santo propósito, ántes le mandó edificar un edificio acomodado para vivir religiosamente, y le dio algunas posesiones y tierras para su sustento. Luego que esto se supo muchas doncellas desearon acompañar y servir a santa 0sita, y ella tomó algunas, enseñándoles la perfección con su ejemplo, porque su vida era muy austera, muy callada, muy penitente, por extremo dada a la oración, y mas parecía un retrato del cielo que vida de mujer en carne flaca. Pero resplandeciendo la santa virgen con tanta virtud y recogimiento, nuestro Señor, para darle dos coronas de virgen y mártir, permitió que unos cosarios de Dinamarca, gente feroz y bárbara, viniesen a aquella parte de Inglaterra donde 0sita estaba, y destruyendo y quemando toda aquella tierra dieron en el monasterio y la prendieron; y el capitán de ellos, sabiendo la calidad de la bienaventurada virgen , comenzó con halagos, promesas
y amenazas a persuadirla que adorase a sus falsos dioses y negase a Jesucristo, y como la hallase constante y firme en la confesión y amor de su dulce Esposo, le mandó cortar la cabeza. Mas sucedió una cosa digna de referirse aquí. En cayendo en el suelo la cabeza de la santa virgen el cuerpo se levantó, y con las manos alzó la cabeza del suelo, y por camino derecho se fue con ella hasta la iglesia de los apóstoles San Pedro y San Pablo por espacio de casi tres estadios, que hacen trescientos y setenta y cinco pasos.

Halló la puerta de la iglesia cerrada y llamó a ella con las manos ensangrentadas, y dejando allí las señales de su preciosa sangre cayó en tierra. En el lugar donde fue degollada brotó una fuente de agua clarísima que daba salud a muchos dolientes de varias enfermedades. Sepultaron su sagrado cuerpo sus padres en una arca de plomo, en una iglesia de Aslesber honoríficamente … y Dios por ella hizo muchos milagros. Allí estuvo hasta que la misma santa virgen apareció a un hombre y le mandó que tomase su cuerpo, así como estaba en aquella caja de plomo, y le llevase a la iglesia Chichante, donde ella había vivido y sido martirizada, y que no temiese, porque ella le ayudaría y favorecería en aquel camino y empresa.

Hízolo el hombre, y llegó con las reliquias de la santa virgen adonde ella le había mandado; y Mauricio, obispo de Londres, las recibió y colocó con gran reverencia; y el obispo Rofense, que estaba presente y gravemente enfermo, luego cobró la salud.

Tomaron unos marineros un pedazo de mármol del portal de la iglesia de Santa 0sita, pusiéronle en su barco para llevarle secretamente, y luego el barco quedó inmoble, hasta que los marineros conocieron su culpa y restituyeron a la iglesia el mármol que habían tomado. Un clérigo hizo voto en el monasterio de Santa 0sita de hacerse monje, descuidóse de cumplir lo que había prometido a Dios. Cayó malo, y estando para morir pidió favor a la santa virgen, y ella le apareció y le reprehendió de su ingratitud y de no haber cumplido el voto que había hecho; y prometiendo él de nuevo que enmendaría su vida y tomaría el hábito de monje, la santa virgen le dijo:

«Yo tengo compasión de tí, si tú la tienes de tí mismo y quieres servir a Dios, aunque tarde;»

y con esto le tocó, y el clérigo sanó y se hizo monje, y sirvió a nuestro Señor loablemente, y vino a ser prior del convento de San Bartolomé de Londres.

A una mujer contrahecha y que no se podía alzar la sanó; y a otro mozo mudo y sordo le restituyó la lengua y el oído; y a otra doncella que no podía menear el brazo, le dio entera salud. Ésta, habiendo hecho voto de castidad, después se casó; aparecióle Santa 0sita y con un aspecto severo la reprendió de aquel pecado, y de tal manera la ató de los pies invisiblemente, que en ninguna manera los podía mover, hasta que con muchas lágrimas alcanzó del Señor que la perdonase y la restituyese el uso de sus pies por la intercesión de la santa virgen.

A otra que hacía muchos años no podía andar, le apareció san Edmundo, arzobispo que fue cantuariense, y le mandó que fuese a la iglesia de Santa Osita, porque allí alcanzaría la salud que deseaba, y luego la alcanzó.

La vida de esta santa escribió Alberico Veero, regular; tráela el padre fray Lorenzo Surio en su quinto tomo a los 7 de octubre, y los autores que escriben la Historia de Inglaterra hacen mención de ella; y el Martirologio romano a los 16 de setiembre, de santa Edita, que fue maestra de santa 0sita, como habemos dicho; y allí dice el cardenal Baronio en sus Anotaciones que floreció por los años del Señor de 980; y también escribe de ella Rodulfo, In poli cron., lib. vi, cap. 7. (P. Ribadeneira.)

Leyenda de oro

R. Dr. José Palau

 

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