MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
SAN PRIMO Y SAN FELICIANO, MÁRTIRES.
Los bienaventurados san Primo y san Feliciano, cuya conmemoración celebramos hoy, fueron franceses de nación y naturales de Agen, ciudad importante en Gascuña. Durante la cruelísima persecución que a principios del siglo IV movieron contra los cristianos los emperadores Diocleciano y Maximiano vivian a la sazón los gloriosos mancebos Primo y Feliciano en la dicha ciudad de Agen, los cuales convertidos por la predicación de san Caprasio estaban tan encendidos en el amor de Dios, que deseaban padecer la muerte por su respeto. Con esta idea se fueron entrambos con grande audacia y ánimo delante del presidente reprendiéndole su crueldad, y diciéndole: «Impío y cruel tirano, ¿no te afrentas de dar tantos tormentos y tratar tan mal a los cristianos?» Respondióles Daciano: «Vosotros estáis engañados siendo cristianos y apartándoos del servicio de nuestros dioses. Nosotros no estamos engañados, le respondieron ellos, sino que Dios nos ha sacado del pozo del infierno, que es la idolatría, donde el demonio detiene las almas de los malos, y sabemos que no hay otro Dios sino el de los cristianos, y que vuestros dioses son muertos, porque ni oyen, ni sienten.» Entonces el presidente encendido en cólera les mandó azotar con mimbres diciéndoles: «Si no sacrificáis a los dioses que tanto habeis ofendido, yo os haré morir con diversos tormentos.
Nosotros adoramos al Señor que ha hecho el cielo y la tierra, le respondieron, y a tu ídolo es por demás, que no le adorarémos, aunque nos quites mil vidas.»
Entonces el tirano para alcanzar victoria de ellos los quiso llevar por otro camino, tratándoles algunas veces con caricias y afabilidad, y otras con amenazas, pensando de esta suerte salir con su intento. Pero los invictos caballeros de Jesucristo de ninguna manera aflojaron de su santo propósito. Viendo el presidente la constancia de los mártires mandó con una voz furiosa llevarles al templo de los dioses, y que si no querían sacrificar les quitasen la vida. Lleváronles al sacrificio de los ídolos, pero ellos, no solo no sacrificaron, sino que repitieron en alta voz que querían más perder la vida por el martirio que no ofender al Señor. En resolución, viendo los gentiles que los santos no querían hacer sacrificio a sus dioses como ellos deseaban, les llevaron a la plaza, donde fueron degollados juntamente con su maestro san Caprasio y la bienaventurada virgen santa Fe, y sus santas almas fueron llevadas a la bienaventuranza eterna, coronadas con corona de martirio.
En la vida que precede de la gloriosa mártir santa Fe hemos dicho ya como los sagrados cuerpos de es tos santos mártires fueron recogidos de los cristianos y sepultados escondidamente; los cuales luego que cesó el furor de la persecución trasladó Dulcidio, obispo de Agen, a la magnífica iglesia que él había edificado a honra de nuestra Señora, llamada también Santa Fe. Pasados de esta traslación muchos años quiso el Señor que por los de 970, reinando en Cataluña el conde de Barcelona Borrell, fuesen trasladados los sagrados cuerpos de san Primo y Feliciano de la iglesia de la ciudad de Agen a la villa de Besalú e iglesia del monasterio de San Pedro de la orden de san Benito, donde Dios por ellos ha hecho y hace grandes milagros, los cuales por negligencia no se han escrito. Tiénese por tradición en la referida villa de Besalú que cuando traían los cuerpos de estos mártires y llegaron a la parroquia de Moyá, teniendo los que les traían mucha sed, se durmieron con ella, y después despertando se hallaron milagrosamente a su lado con una fuente, la cual desde entonces se llama la fuente de San Primo, en memoria de cuyo milagro se edificó después una iglesia encima de esta fuente a invocación de San Primo y Feliciano, donde se acostumbra acudir cada año la tercera fiesta de Pascua en procesión, llevando los cuerpos de dichos santos.
Son estos bienaventurados mártires abogados contra muchas enfermedades, especialmente de la jaqueca , así es que en el día de su fiesta se acostumbra hacer ciertas coronas de flores, las cuales procura muchísimo la gente alcanzar por hallar en ellas notable y pronto remedio contra el dolor de cabeza. También lo son contra la tempestad de piedra, y los que padecen de muelas hallan alivio tocando una que al efecto se guarda en un relicario.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

