MARÍA DEL MAR MARTINEZ- LA DEVOCIÓN MARIANA

LA ARMADURA DE DIOS

NUESTRA SEÑORA MARÍA DEL MAR

La Virgen del Mar es una de las tantas advocaciones marianas, Patrona de Almería (Provincia que pertenece a Andalucía, España).

Existe otra advocación a la Virgen del Mar en la ciudad de Santander (Cantabria, España).

En Almería, su imagen se conserva en la Iglesia de Santo Domingo y Santuario de la Virgen el Mar. Su festividad se celebra el sábado anterior al último domingo del mes de agosto.

El segundo domingo de enero se celebra una romería a la Ermita de Torregarcía, lugar donde fuera encontrada en 1502.

Se trata de una talla en una pieza de dura madera de nogal de estilo gótico y de autor anónimo. La imagen se presenta con el Niño en el brazo derecho, y corona formando un solo bloque.

Historia

Torre García, donde apareciera la Imagen, y la Ermita al fondo

La imagen fue encontrada en la playa de Torregarcía por el vigía Andrés de Jaén en la mañana del 21 de diciembre del año 1502, procedente probablemente de un navío naufragado o asaltado por piratas berberiscos.

Según el Padre Tapia, debió ser entallada en las mismas atarazanas, valencianas o catalanas, donde fuera construido el navío que la portaba. Por tanto no debe ser muy anterior al año de su aparición.

Al llegar a la costa le faltaba la parte posterior de la cabeza y de la espalda. Tenía señales de haber tenido unas argollas de hierro con las que habría estado sujeta a un zuncho de hierro en una cámara de la nave, tal y como era común en la época.

Desde el 1º de enero de 1503, en que es llevada por los Frailes al Camarín en la Capilla Mayor de la Iglesia de Santo Domingo, hasta mediado el siglo XVII, la imagen muestra ese aspecto. De esta época es su ropaje, para lo que se le añadieron dos brazos postizos, y una imagen del Niño, y se le recortó la corona de madera para añadirle una de metal. Del siglo XVIII son ciertas alhajas. Sin embargo estas fueron robadas la noche del 23 de agosto de 1891 (segundo robo, sin que se tengan referencias del primero). En 1936 desaparecen las joyas y la corona. Actualmente dispone de dos coronas, adquiridas por suscripción popular.

La imagen deja su santuario en contadas ocasiones, movida por violentos sucesos históricos. Por ejemplo, en 1810 las tropas francesas ocupan el convento y expulsan a los frailes dominicos, dedicándolo a cuartel. La imagen se guarda entonces en la Catedral, hasta su vuelta el 8 de abril de 1813.

El 31 de diciembre de 1841, el Cabildo recibe un oficio del Ayuntamiento constituido por la Junta Revolucionaria establecida en 1840, por el que se comunica el cierre la iglesia del suprimido Convento de Santo Domingo (tras la Desamortización de Mendizábal, en 1836). La Imagen es trasladada en procesión solemne hasta la Catedral el 1º de enero siguiente, y colocada en su altar mayor. Allí permanece hasta el 17 de marzo de 1844, en que vuelve a su santuario, gobernado entonces el Ayuntamiento por el liberal Joaquín Vilches.

 

Santuario de la Virgen del Mar

Nuevamente debe trasladarse, esta vez en secreto, la tarde del 17 de julio de 1936, siendo sustituida la imagen por una réplica, obra de don Francisco Álvarez y su hijo, decorada por Fray Juan de Aguilar, preparada unos meses antes del inicio de la Cruzada Española, en previsión de los hechos que efectivamente se sucedieron más tarde. Durante la Guerra estuvo escondida en el hueco de una escalera de la vivienda de don José Pérez Gallardo, en la misma plaza de la Virgen del Mar.

Tras la Cruzada, la Imagen fue trasladada de nuevo al Convento, permaneciendo allí durante dos meses, tras lo cual se bajó a la portería y después en un salón de la sacristía. Luego de la reconstrucción del Templo, bendecido por Fray Aquilino Marina, el 30 de agosto de 1947, la imagen se puso en el altar en el centro de la Capilla Mayor. Tres años después se volvió a colocar en su Camarín.

Las celebraciones en su honor se realizan el 1º de enero, con diversos festejos, disparos de arcabuces y mosquetes, procesiones “para sacar a nuestra Señora del Mar a la mar”, o corridas de toros desde el siglo XVII. A partir de 1808, ya concedido el Patronato, y hasta ahora, las fiestas se celebran la última decena de agosto.

Con motivo de diversas calamidades se han celebrado Rogativas o Procesiones, Misas o Novenas, solicitando su protección. Así por el riesgo de epidemias de peste desde 1676 a 1681; la epidemia de tabardillos en 1768 o la de 1781 (no identificada); la peste de 1834; el cólera de 1855. Rogativas por la lluvia desde 1630, como en 1666, con una sequía prolongada durante 7 años seguidos. Los libros de actas de la Catedral recogen hasta 60 acuerdos para hacer estas rogativas desde mediado el siglo XVII. Se hacen rogativas por las plagas de langosta, desde 1634. Y por último contra los terremotos, por cuya intercesión se atribuye que la ciudad no se viera afectada por el de 1804.

El Patronato

Detalle de la fachada del Santuario, con la imagen de la Patrona

Reunido en Cabildo el Consejo y Regimiento de la Ciudad el 16 de febrero de 1805, “considera la protección recibida de la Santísima Virgen del Mar, desde muy antiguo pero especialmente durante el año anterior, plagado de terremotos, que, aunque causaron daños en los edificios, no produjeron muertes en la ciudad y sus anejos, cuando tantos daños y muertes causaron en Dalías y Berja…” (Padre Tapia), deciden elegirla su patrona. Los vecinos se reúnen en las parroquias del Sagrario y San Pedro el día 24 y la aclaman en “pública y alta voz por su Patrona”. De forma parecida ocurre en otras parroquias en días sucesivos. El 13 de marzo se levanta Acta, el expediente es aprobado por el Obispo y enviado a la Sagrada Congregación de Ritos, a pesar de existir ya el Patronazgo de San Indalecio.

En Cabildo celebrado el 23 de julio de 1806 se lee oficio por el que se comunica la aprobación, por la que “Su Santidad (Pío VII) ha confirmado Patrona Especial de esta Ciudad a Nuestra Señora del Mar.” El Patronazgo incluye los arrabales de Huércal de Almería y Viator. El 22 de agosto el Ayuntamiento y el Cabildo acuerdan las celebraciones del esta proclamación. Las primeras fiestas patronales se celebran en agosto de 1807.

Se celebran desde entonces ferias en honor de la Patrona, tras solicitar autorización al rey Carlos IV. Durante el siglo XIX la feria se celebra en la Plaza Vieja y aledaños. En agosto de 1892 se ilumina el Bulevar con energía eléctrica y la feria se traslada a él.

La Coronación

El que fuera entonces Alcalde de Almería, don Emilio Pérez Manzuco impulsa la idea de la Coronación Canónica de la Virgen. Así lo transmite al Obispo don Alfonso Ródenas García que da su visto bueno tras la reconstrucción del Camarín en el Santuario. El pleno municipal toma el acuerdo de solicitar la Coronación, que rápidamente es aprobada por la Santa Sede.

A los efectos, y tras concurso público, el poeta almeriense Manuel del Águila y el músico José Padilla, también almeriense, ponen letra y música al Himno de la Coronación. El Ayuntamiento acuerda la construcción de una Ermita donde se apareciera la Imagen, cerca de Torre García.

Finalmente se produce la Coronación, tras solemnes celebraciones desde el día 2, el 8 de abril de 1951. La corona es obra de los hermanos Granda, de Madrid, de oro de ley, rematada la base por la figura del espíritu Santo; corona imperial y cruz sobre la misma. La circunda orla del mismo metal, encajes y filigranas; bajo la misma un friso de esmalte, concluyendo con 12 estrellas, con piedras preciosas en su centro.

Detalle de la Corona

El templo

El Santuario de la Virgen del Mar fue la Basílica de Santo Domingo. Tras ser dañada gravemente durante la Cruzada Española, una nueva reconstrucción se realiza desde 1939, tras finalizar la Guerra, pues fue incendiado y destruido en 1936.

Se inicia la reconstrucción con el acto penitencial de ir retirando los escombros con espuertas, pasando por la calle General Tamayo hasta el lugar donde se depositaban. Se inician las labores el 1º de septiembre de 1939. Los fondos proceden de aportaciones particulares y de la Falange. Promueve las obras de reconstrucción y la recaudación de fondos el Padre Ramón Ballarín. Dirige las obras el arquitecto Guillermo Langle Rubio. Jesús de Perceval decora la capilla mayor y el Camarín, y traza el altar, el tabernáculo, el trono de la Virgen y el púlpito; después otros altares y los retablos de las capillas. La restauración se acabó en 1975, por el arquitecto Javier Peña y Peña y el aparejador Adolfo Martínez Gázquez. Las vidrieras son obra de Luis Cañadas Fernández.

Busto del P. Ballarín, Plaza Virgen del Mar, colocado el 27 de agosto de 1960

A pesar de que el Templo es popularmente llamado «Basílica», no lo es realmente desde una perspectiva litúrgica, pues no ha sido declarada Basílica menor por la Santa Sede.

Patronazgos y Hermandades

La Virgen del Mar es patrona de las ciudades de Almería, Cabo de Gata de Las Marinas de Roquetas de Mar y de Adra, en la Provincia de Almería, así como de Santander.

En Almería tiene su sede la Hermandad de la Virgen del Mar, constituida el 28 de enero de 1520 con el título de Hermandad Militar; existiendo entidades similares en las ciudades de Madrid, constituida el 15 de mayo de 1958, y de Sevilla, constituida el 6 de diciembre de 1956. En su momento iniciaron trámites en las ciudades de Barcelona (España) y de Mar del Plata (Argentina), sin que se hayan llevado a cabo finalmente.

Vista del Santuario

Historia de Nuestra Señora del Mar

Por José Antonio Molero

A partir de su conquista, en 1489, por los Reyes Católicos, Almería comienza a cristianizarse y va a modificar su aspecto musulmán por el que traían los cristianos vencedores: empiezan a desaparecer las estrechas callejuelas y los zocos, la mezquita se transforma en catedral, los alminares en altas torres eclesiales, las madrazas de barrio en templos parroquiales y las grandes construcciones intramuros se dedican a monasterios, cambiando así paulatinamente su aspecto una ciudad islámica y musulmana por otro de ciudad cristiana y conventual.

Sobre la arena de la playa que llaman Retamar, no muy alejada de la villa de El Alquian, se levantaba antiguamente una atalaya de origen árabe que, desde la incorporación de Almería al Reino de Castilla, recibió el nombre de Torre García, y empezó a utilizarse con fines de vigilancia costera.

Durante esa época, los pescadores almerienses partían de este lugar para la pesca del atún. Era cosa habitual que éstos fuesen acompañados por un Fraile trinitario o un Sacerdote secular, al que llamaban Capellán de Barcas, para que les ayudara con sus rezos a no toparse con los piratas berberiscos y a salir con bien de las espantosas tormentas de la alta mar.

En dicha playa y en dicha torre es donde se va a desarrollar la historia que voy a referiros en esta ocasión.

Cuenta la tradición que, al alba del 21 de diciembre de 1502, los guardas de la Torre García, mientras hacían su turno de vigilancia de la costa, vieron surgir de las aguas un torbellino de luces que ascendía del fondo del mar y cuyos destellos parecían dar cobijo a una extraña silueta igualmente resplandeciente.

Según dijeron luego, la aparición de aquella figura iba acompañada de una extraña luminaria y de otras señales misteriosas y extraordinarias. Desde lo superior de la torre, los vigías percibieron cómo la misteriosa imagen iba acercándose despaciosamente a la playa rozando las olas del mar, sin vaivenes ni paradas, como viajero consciente de que encamina sus pasos a un lugar ya determinado. La imagen refulgente rebasó la línea que lamían las aguas, penetró unos cuantos pasos playa adentro y se quedó fija sobre la arena.

La imagen original

Uno de los guardas, que respondía al nombre de Andrés de Jaén, se sintió atraído por el maravilloso resplandor y determinó bajar de la atalaya y acercarse a ver qué era. Un tanto temeroso, fue aproximándose aquel buen hombre al lugar de donde procedían los fulgores. Su fe cristiana ya había suscitado en él el presentimiento de que se trataba de algo piadoso y sobrenatural. Y, con el ánimo sobrecogido por esta idea, se acercó al foco luminoso y pudo constatar que se trataba de una imagen de la Virgen María, la cual llevaba en sus brazos la de su divino Hijo.

La playa donde se hallaba la antigua torre García (hoy desaparecida) y donde tuvo lugar el milagroso hallazgo es conocida en la actualidad como playa de Torregarcía (o de la Torre García) y está situada en el límite del Parque Natural del Cabo Gata-Níjar.

El sorprendido vigilante examinó detenidamente la talla y halló en ella evidentes señales de haber pertenecido a algún navío, cosa que corroboró al descubrir que tenía una fuerte argolla de hierro en la parte posterior. Este aro de hierro ya oxidado le hizo pensar que podía haber estado sujeta en el altar o a la proa de alguna embarcación como muestra de devoción y piedad, para alcanzar, por intercesión de la Virgen, la protección divina en la cotidiana lucha de los marineros contra las borrascas y los peligros del mar.

No paró en esto lo sorprendente del caso. En el mismo sitio en donde la sacra imagen se había posado, en aquel sitio yermo por su salinidad y próximo a las aguas marinas, empezaron a brotar espontáneamente unas cuantas matas de lozanas y fragantes azucenas hasta formar una suerte de pequeño oasis en aquella arena.

Desde entonces al día de hoy, muchas son las versiones que se han dado para la explicación de aquel extraño suceso. La opinión que más adeptos ha ganado es la que afirma que aquella Sagrada Imagen llegó hasta la orilla a causa de que la embarcación en que iba bien pudo ser batida por una tempestad o por cualquier otro tipo de accidente marítimo, que destrozó el navío mientras la imagen quedó flotando sobre las olas.

Cuenta la tradición que Andrés estaba tan exaltado con el hallazgo que no sabía qué hacer. Por un lado, quería que lo supiera toda la ciudad para que vieran a su Virgen, pero, por otro, no era capaz de dejar abandonada a la imagen en aquel lugar solitario. Los piratas podrían desembarcar y llevársela. Pensando una salida a su dilema, cayó en la cuenta de que podría cogerla en brazos y esconderla en lo alto de la torre, cosa que fue bien vista por sus compañeros de vigilancia.

Al día siguiente, el vigía fue al Convento de Santo Domingo a contarle lo sucedido la noche anterior al prior, Fray Juan de Baena. El monje, buen conocedor del carácter jocoso del que decía haber hallado una Imagen de la Señora, no le creyó ni una sola palabra; sin embargo, ordenó al Maestre Hernando Carpintero que se desplazase a la torre García, acompañado de dos mozos armados con sendas lanzas, a comprobar lo que pudiese haber de cierto en el relato del vigilante.

Así pues, aquellos hombres emprendieron el viaje hacia la torre. Cuando llegaron, Andrés de Jaén y Hernando Carpintero subieron por su empinada escalinata de caracol hasta lo alto, cogieron la imagen y, asomándola por una de las ventanas de la atalaya, se la mostraron a los demás.

Al ver asomar la talla aquellos desconfiados, se quedaron boquiabiertos debido al grandísimo gozo que espiritualmente recibieron. Éstos se quitaron sus capas y, con las manos juntas y las rodillas hincadas en la tierra, la veneraron con reverencia y devoción.

Tras este acto de fe, decidieron que ése no era el lugar en que merecía estar la imagen de la Madre de Dios, y pensaron que debían trasladarla al Convento, para luego depositarla en la iglesia de Santo Domingo y allí rendirle culto de veneración. Puestos de acuerdo, la descendieron de la torre y se dispuso el traslado cubriéndole el rostro a la Madre y al Niño con un paño de lino y la talla en su conjunto, con la capa de uno de los mozos.

Al llegar a la capilla del monasterio, la dispusieron en la capilla del altar mayor, donde todos los ciudadanos pudieran verla y honrarla. Por centenares se contaban las personas que acudían diariamente a venerar aquella imagen hallada en un lugar tan inesperado y en medio de tan raras circunstancias. Unos años más tarde, en 1520, se constituyó una hermandad que tendría a su cuidado todo lo relacionado con la veneración de la imagen.

Cuando la noticia del maravilloso hallazgo de aquella imagen de la Virgen llegó al Arzobispado de Granada, el Cabildo puso en marcha su influencia para su traslado a la sede arzobispal. Pero esta decisión no fue del agrado de los almerienses, quienes manifestaron fehacientemente al nuncio granadino su voluntad de que la imagen debía permanecer a cualquier costa donde había aparecido.

Por fin, después de muchos escritos en uno y otro sentido, el Arzobispo de Granada, Fray Hernando de Talavera, dictaminó que la Sagrada Imagen de María fuese encomendada al cuidado de los dominicos almerienses bajo la advocación de Virgen del Mar.

A partir de ese momento, el entusiasmo y el fervor de los almerienses por su Virgen del Mar fue creciendo de manera insospechada. Este clamor popular fue motivo de muchas y reiteradas peticiones ciudadanas en favor de su Patronazgo de Almería. Por fin, el papa Pío VII la proclamó Patrona de Almería por Bula Pontificia de 20 de mayo de 1806. Su Coronación Canónica tuvo lugar en 1951.

 

Tres vistas del Santuario en Santander