LOS VICIOS O PECADOS

ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD

 

LOS PECADOS CAPITALES

Primera entrega

 

portadajpgCAVE CAVE DEUS VIDET.   El Bosco, 1485

Capital viene de caput (cabeza).

Y la cabeza, en sentido propio, es cierto miembro del animal que es el principio y el director del animal entero.

De ahí que todo principio, metafóricamente, se llame cabeza; y también los hombres que dirigen y gobiernan a otros se dicen cabezas de los otros.

Un vicio, pues, se denomina capital en primer lugar por la cabeza propiamente dicha: en este sentido se llama pecado capital el pecado que se castiga con pena capital.

Mas ahora no hablamos de pecados capitales en ese sentido, sino en el otro: en cuanto que pecado capital se toma metafóricamente y significa principio y director de los otros.

Y así se llama vicio capital aquel del que nacen otros, principalmente en calidad de causa final.

Y por tanto, el vicio capital no es sólo principio de otros, sino también director y, en cierto modo, su remolque: pues siempre el arte o hábito al que pertenece el fin preside e impera respecto de los medios.

De ahí que Gregorio, en el libro XXXI de los Moral., compare estos vicios capitales a los jefes de los ejércitos.

Se designa, pues, con el nombre de vicios o pecados capitales aquellos afectos desordenados que son como las fuentes de donde dimanan todos los demás.

Santo Tomás prefiere llamarlos vicios, más bien que pecados; porque se trata, efectivamente, no de actos aislados, sino de hábitos viciosos o malas inclinaciones, que empujan a toda clase de pecados y desórdenes.

No siempre los vicios capitales son más graves que sus pecados derivados.

Algunos no pasan de simples pecados veniales, como ocurre la mayor parte de las veces con la vanidad, la envidia, la ira y la gula; pero siempre conservan la capitalidad, en cuanto que son como la cabeza o fuente de donde proceden los demás.

¿Es adecuado hablar de siete vicios (o pecados) capitales?

Desde San Gregorio Magno suelen enumerarse siete vicios capitales:

vanagloria

Vanagloria

gula

Gula

lujuria

Lujuria

avaricia

Avaricia

acidia-mitchell

Acidia

envidia

Envidia

ira-bicubic

Ira

La mayor parte de los moralistas, en vez de la vanagloria, señalan la soberbia como vicio capital. Pero, con mejor visión, Santo Tomás de Aquino considera a la soberbia, no como simple pecado capital (uno de tantos), sino como la raíz de donde proceden todos los demás vicios y pecados. En este sentido, la soberbia es más que pecado capital: es la fuente de donde brotan todos los demás vicios y pecados, incluso los capitales, ya que, en definitiva, todo pecado supone el culto idolátrico de sí mismo, anteponiendo los propios gustos y caprichos a la misma ley de Dios, lo cual es propio de la soberbia.

DISTINCIÓN Y CLASIFICACIÓN

Santo Tomás lo explica magistralmente en la Ia-IIæ, q. 84, a. 4:

Se llaman capitales aquellos vicios de los cuales nacen otros, especialmente en razón de causa final; es decir, aquellos cuyos fines poseen algunas razones primarias para mover el apetito; y según la diferencia de tales razones se distinguen los vicios capitales.

Ahora bien, una cosa mueve el apetito de dos modos:

El primero, directamente y por sí misma. De este modo mueve el bien al apetito a buscarlo, y el mal, por la misma razón, a rehuirlo.

El segundo, indirectamente y como por otra cosa, por ejemplo, si uno busca un mal por razón del bien adjunto o rehúye un bien por el mal adjunto.

I.– En cuanto al bien del hombre, el mismo es triple:

a) En primer lugar hay un bien del alma, que ya por su sola aprehensión es apetecible, a saber, la excelencia de la alabanza o del honor; y tal bien lo busca desordenadamente la vanagloria, o apetito desordenado de la propia alabanza.

b) Otro bien es el del cuerpo; y éste:

— o pertenece a la conservación del individuo, como la comida y la bebida; y este bien lo busca desordenadamente la gula, o apetito desordenado de comer y beber.

— o a la conservación de la especie, como el coito; y a esto se ordena la lujuria, o apetito desordenado del placer venéreo.

c) El tercer bien es más exterior, a saber, las riquezas; a éste se ordena la avaricia, o apetito desordenado de los bienes exteriores.

Dicho de otra manera:

El bien mueve especialmente el apetito, porque participa algo de la propiedad de la felicidad, la cual todos naturalmente apetecen.

Mas de la razón de ser de ésta es en primer lugar cierta perfección, pues la felicidad implica el bien perfecto, al que pertenece la excelencia o la fama, que apetece la vanagloria.

En segundo lugar, a la razón de felicidad pertenece la suficiencia, que apetece la avaricia en las riquezas que la prometen.

En tercer lugar, de su condición es el placer, sin el cual no puede darse la felicidad, y éste lo apetecen la gula y la lujuria.

II.-Por otro lado, el que uno rehúya el bien por causa del mal adjunto acontece de dos maneras:

a) Por relación al bien propio, y así tenemos la pereza, que se entristece del bien espiritual por el esfuerzo corporal adjunto.

b) O es del bien ajeno. Y esto:

si no va acompañado de rebelión, pertenece a la envidia, que se entristece del bien ajeno, en cuanto impide o rebaja su propia excelencia.

— o es con cierta rebelión, que empuja a la venganza, y tal es la ira, o apetito desordenado de venganza.

Podemos resumir con el siguiente cuadro:

cuadro

En la clasificación anterior puede verse, en el grupo primero, que la vanagloria se refiere a un bien del alma; la gula y la lujuria, a los bienes del cuerpo; y la avaricia, a las cosas exteriores.

En el segundo grupo, la acidia se refiere al propio bien; la envidia, al bien ajeno sin deseo de venganza; y la ira, al bien ajeno con deseo de venganza.