MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
San Gregorio, obispo y confesor.
Fue llamado el «Iluminador,» y nació en la Armenia mayor, de la ilustrisima familia de los arsacidas. En su juventud lo llevaron a Cesarea para aprender las ciencias: allí conoció la religión cristiana y recibió el bautismo. Enardecido por la salud de las almas, resolvió ir a predicar el Evangelio a los infieles, y se volvió a Armenia, de cuyo país, se puede decir, que fue el apóstol. Sus discursos e instrucciones, acompañados de una vida sin mancha, obraron innumerables conversiones, y además Dios confirmó con milagros la verdad de la doctrina que su servidor anunciaba. Al principio de su misión, tuvo que sufrir mucho por parte de Tiridates, rey del país; pero este mismo príncipe abrió por fin los ojos a la luz y recibió el bautismo.
A la vista de sus trabajos apostólicos, y del copioso fruto que daban a la Iglesia, Leoncio, obispo de Cesarea, le consagró obispo, y desde entonces su misión y su celo no se limitaron ya a la Armenia. Llevo la antorcha de la fe a otras naciones bárbaras y penetró hasta el monte Cáucaso. Después de tantas fatigas, que no habían tenido otro objeto que la gloria de Dios, se retiró el santo a un desierto de la alta Armenia, donde murió en paz, y fue a gozar del premio que había merecido.
Su muerte sucedió al principio del reinado del gran Constantino.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

