CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN

Toda esta hipocresía de sensibilidades
heridas, concesiones al error y al pecado
y enconados asaltos contra la cruz de Cristo
como si Cristo nunca hubiera resucitado,
toda esta efervescencia de carnales delitos
–cuyo éxtasis efímero concluye siempre en duelo–
y este mórbido instinto de arrancarse las alas
por no ganar altura, por no aspirar al cielo,
las glorificaciones de lamentables vicios,
el cínico desprecio de la ley natural
y este moral descenso –hoy laudable y plausible–
que exalta en los humanos su porción animal,
la absurda tolerancia a cuantos enemigos
aguardan deseosos servirnos de verdugos,
el cobarde abandono de la fe y de las armas
y el insólito anhelo de cadenas y yugos,
toda esta podredumbre social, hoy levadura
de un mundo desquiciado y alérgico a la luz
que ciego y en tinieblas aguarda, sedicioso,
que su solve et coagula desintegre la Cruz,
esta afición a todo lo que entretiene y hace
que el hombre aborregado no tenga que pensar
más que en el hedonismo que insufla su mollera
mientras sus mayorales lo llevan a pastar,
toda esta gran falacia de víctimas que exigen
inicuos privilegios y respetos sociales
que lo único que buscan es que les reconozcan
sus torvas perversiones y pecados mortales,
toda esta rigurosa talmúdica campaña
que incita a la llegada de un espurio mesías,
mientras va devorando los cristianos cimientos
con sus fauces hediondas al correr de los días,
este odio incontrolable contra Dios y sus hijos
contra todo lo santo, contra el cielo y lo eterno
tienen un mismo origen: al rechazar a Cristo,
sobre nuestro planeta se ha volcado el infierno.
