SAN JONÁS

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

coronacic3b3n-de-la-virgen-fra-angc3a9lico

San Jonás, profeta.  

Es el quinto de los doce profetas menores, y nació en Getefer, en la tribu de Zabulón. Floreció en tiempo de Joás y Joroboam II, reyes de Israel, y de Ozías, rey de Judá. El Señor mandó a este profeta que fuese a Nínive, capital entonces del imperio de los asirios, para anunciar a aquella gran ciudad que Dios iba a destruirla. Pero Jonás en lugar de dar cumplimiento a las órdenes del cielo, temiendo ejecutar una misión que le parecía peligrosa, huyó y se embarcó en Joppe para ir a Tarso, en Cilicia.

Habiendo sobrevenido de repente una gran tempestad, los marineros echaron suertes para saber quién de entre ellos era la causa de aquella desgracia, y la suerte cayó en Jonás. Echáronle en seguida al mar, para que su muerte fuese en salvación de todos, y se apacigüe la tormenta. Dios hizo aparecer en aquel instante una ballena, que se tragó al profeta, y lo guardó en su vientre tres días y tres noches, al cabo de los cuales fue arrojado sobre la costa, y habiéndosele repetido la orden de dirigirse a Nínive, obedeció.

Empezó, pues, a predicar a aquellos habitantes, que aterrorizados con semejantes amenazas, hicieron desde luego penitencia, y ordenaron ayunos públicos, con lo cual el Señor les perdonó sus pasados extravíos. Viendo Jonás que Dios había revocado la sentencia respecto a la destrucción de Nínive, temió pasar por un falso profeta y se quejó al Señor, quien le hizo ver muy pronto la injusticia de su queja por medio de una de esas lecciones decisivas, propias para enseñar y convencer. Para defenderle contra los ardores del sol, hizo el Señor crecer en una sola noche un vejetul que la Escritura llama hiedra , y que, según la opinión de algunos intérpretes, es la palma Christi. Al día siguiente un gusano picó la raíz de aquella planta, que se secó, y Jonás quedó como antes expuesto a la violencia de los rayos del sol, suceso que aumentó de tal modo la aflicción del profeta, que en el exceso de su amargura creyó morir. Apareciósele a la sazón el Señor para decirle , que, supuesto que se afligía tanto por la pérdida de una hiedra que nada le costaba, nada tampoco debía extrañar el que él no derramase la copa de las divinas venganzas sobre una ciudad en la que había mas de ciento veinte mil personas que ningún conocimiento tenían del bien y del mal.

Jonás volvió después desde Nínive a Judea, y san Epifanio cuenta que se retiró con su madre a las cercanías de la ciudad de Sur, donde permaneció hasta su muerte, sucedida 761 antes de la venida de Jesucristo. La Iglesia católica coloca a este profeta entre los santos de este día.

Leyenda de oro

R. Dr. José Palau

 

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea