EN HONOR A LA VERDAD

La curiosidad, ¿es un pecado?
SI
¿Por qué?
RESPUESTA DOCTRINAL
La curiosidad es un pecado por exceso, en contra de la virtud de la estudiosidad.
La Estudiosidad
Es una virtud que tiene por objeto moderar el apetito o deseo de saber según las reglas de la recta razón. El hombre, como dice Aristóteles, desea naturalmente conocer. Nada más noble y legítimo.
Pero este apetito natural puede extraviarse por los caminos de lo ilícito y pecaminoso; o ejercitarse más de la cuenta, abandonando otras ocupaciones más graves o indispensables; o menos de lo debido, descuidando incluso el conocimiento de las verdades necesarias para el cumplimiento de los propios deberes.
Para regular todo esto dirigiendo al apetito natural de conocer según las normas de la razón y de la fe, tenemos una virtud especial: la estudiosidad.
A ella se oponen dos vicios.
Uno por exceso, la curiosidad, que es el apetito desordenado de saber, y puede referirse tanto al conocimiento intelectivo como al sensitivo.
Acerca del intelectivo cabe el desorden, ya sea por el mal fin (v.gr., para ensoberbecerse o pecar), ya por el objeto de la misma ciencia: de cosas inútiles, con daño de las fundamentales; o por medios desproporcionados, como en la magia, espiritismo, etc.; o por no referir debidamente la ciencia a Dios; o por querer conocer lo que excede nuestras fuerzas y capacidad.
Y acerca del conocimiento sensitivo cabe el desorden —que recibe el nombre de «concupiscencia de los ojos»— de dos modos: por no ordenarlo a algo útil, y ser más bien ocasión de disipar el espíritu, o por ordenarlo a algo malo (v.gr., para excitar la concupiscencia o tener materia de murmuraciones y críticas).
Estos principios tienen infinidad de aplicaciones en las lecturas, conversaciones, espectáculos y otras muchas cosas por el estilo.
Por defecto se opone a la estudiosidad la pereza o negligencia en la adquisición de la verdad, que es la voluntaria omisión de aprender las cosas que es obligatorio conocer según el estado y condición de cada uno. Es mortal o venial según que la obligación y la negligencia sean graves o leves.
Fuente: “Teología de la Perfección Cristiana” Antonio Royo Marín O.P.
Para profundizar, ver la Suma Teológica, II-II, cuestiones 166 y 167
De un total de 105 respuestas:
39 contestaron SI (37.14%)
60 contestaron NO (57.14%)
6 Contestaron OTROS (5.71)
Según esta estadística la mayoría contestó erróneamente
Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.
