MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
Los santos Lucía y Geminiano, martires.
Fue santa Lucía matrona honestísima, y habiendo quedado viuda de su marido, vivió santamente hasta setenta y cinco años de su edad. Tenia un hijo llamado Eutropio, muy vicioso y desbaratado, y por extremo enemigo de cristianos. Entró el demonio en este mozo, de manera, que olvidándose de todas las obligaciones que tenia a su madre, la acusó delante del emperador Diocleciano, que era cristiana. Mandóla prender el emperador, y echarla en la cárcel, donde fue consolada del Señor.
Trajéronla otro día al tribunal; y hallándola constante en la confesión de Jesucristo, la hizo azotar cruelísimamente. Levantóse un torbellino, y un temblor de tierra espantoso, con el cual cayó el templo de Júpiter, y se asoló, de suerte, que no quedó piedra sobre piedra del edificio. Enojado por esto Diocleciano, mandó traer una grande olla de metal, y llenarla de pez, y plomo derretido, y ardiendo, echar a la santa en ella, para que allí se cociese: mas la virtud del Omnipotente la guardó, y estuvo tres días en aquella olla, alabando a Dios, como si estuviese en una cama muy blanda y regalada. Sacáronla después a la vergüenza por la ciudad, cargada de hierro y plomo; y pasando por la puerta de la casa de un hombre principal, que se llamaba Geminiano, donde había gran número de ídolos, una paloma blanca, mas que la nieve, bajó del cielo, y se puso sobre la cabeza de Geminíano: el cual movido de lo que veía, y alumbrado de la luz del cielo, se echó a los pies de la santa, y le pidió el bautismo, y le recibió por mano de un sacerdote, llamado Protasio, a quien avisó un ángel, que fuese a la cárcel a bautizarle.
Dioclecíano mandó entregar a Lucía y a Geminiano a un juez cruelísimo, para que los atormentase y acabase: mas al tiempo que los atormentaban y molían a palos, cayó el aposento, donde estaba el juez, y le mató. Tomó la mano otro juez llamado Abofrasio, y buscó nuevos tormentos para atormentarlos (como si los pasados no bastaran); y convirtiéronse setenta y cinco personas, por ver las maravillas que Dios obraba por sus santos, y todos setenta y cinco recibieron la corona del martirio. Mas el juez no se fue alabando; porque pasando a caballo por una puente, cayó en el rio, y se ahogó, y no pudo ser hallado su cuerpo.
Finalmente, la bienaventurada santa Lucía y san Geminiano, fueron pasados a cuchillo por mandado de Megalio, varón consular, a los 16 de setiembre, por los años del Señor de 303. Sus cuerpos tomó una santa mujer, llamada Máxima, y les dio sepultura con gran reverencia y piedad.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

