MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
San Corbiniano, obispo y confesor.
Nació en Chartres, cerca de París, y ya en su juventud hizo vida eremítica, pasando catorce años en una pequeña celda que había hecho construir junto a una capilla rural. Su santidad , cuyo resplandor resaltaba mas con el don de milagros que el venerable solitario poseía, y la sabiduría de los consejos que daba a los que iban a consultarle , hizo famoso su nombre en todo aquel país.
De todos lados acudían al santo personas que querían vivir bajo su dirección, y se vio precisado a formar una especie de comunidad. Luego que hubo puesto arreglo y orden a la nueva casa religiosa, temiendo los peligros a que le exponían el roce y trato con tantas gentes, determino buscar otra soledad donde vivir desconocido del mundo.
Efectivamente, partió para Roma, y fijó su residencia en otra pequeña celda junto a la iglesia del príncipe de los apóstoles. El pontífice, a quien había pedido su bendición, no tardó en conocer que la capacidad y los conocimientos del humilde anacoreta, eran tan grandes como su virtud, y que por consiguiente sus trabajos podían ser muy útiles a la religión.
Después de haberle manifestado la necesidad que tenia de operarios la viña del Señor, el papa Gregorio II le consagró obispo apostólico, y le envió a predicar el Evangelio a las naciones infieles. Obediente el santo a la voluntad del cielo, volvió a su propio país donde sus instrucciones dieron copiosísimos frutos; después recorrió toda la Baviera; desterró de aquellos estados la idolatría, y por fin, viendo necesario fijar en alguna parte su residencia para ser mas útil a sus ovejas, estableció su silla episcopal en Frisingen en la alta Baviera, de cuya iglesia fue el apóstol. Su celo, sus eminentes calidades pastorales llegaron a tan alto punto, que todos le reverenciaban como a un santo, pedían su protección y se encomendaban a su valimiento como si ya estuviese en el cielo.
Grimoaldo, duque de Baviera, casó clandestina mente con Biltruda, viuda de su hermano: el santo obispo reprendió al príncipe su incestuoso matrimonio, y la duquesa se llenó de tanta cólera al saberlo, que hizo apostar unos asesinos para que le matasen; pero el Señor le libró milagrosamente de la emboscada, y los asesinos quedaron muertos de repente.
Por fin, Corbiniano, lleno de méritos y virtudes, murió santamente el día 8 de setiembre del año 730.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

