DOS MUJERES…
DOS BANDERAS…
DOS COMBATES CONTRAPUESTOS
Dentro de un mismo espacio de tiempo se pueden establecer dos batallas muy diferentes.
Por un lado la del Amor más grande, la misericordia, la humildad, la sujeción a la Voluntad Divina, la entrega desmedida del alma a su Dueño, y la esperanza del Cielo… Batalla esta tan dura pero tan grata, porque el camino al Cielo no es fácil, no es cómodo, es empinado y estrecho, pero vale la pena cada dolor, cada padecer, cada persecución, porque esta vida sólo es una mala noche en una mala posada como decía Santa Teresa.
En el otro frente encontramos una batalla alimentada por del odio que busca un “paraíso” en la tierra, por el orgullo, el afán de poderío, en las lejanías del alma de su Creador… Allí todo es posible, el alma se aparta tanto de la gracia que puede llegar a no tener límites.
Dos mujeres en estas batallas, dos mujeres en el mismo combate pero en puntos totalmente opuestos, dos banderas que se agitan en lo alto y que cada una marca la insignia que lleva aferrada en el corazón de su abanderada.
LA PASIONARIA
“Es preferible morir de pie que vivir de rodillas”
Dolores Ibárruri nació en la población vasca de Gallarta, perteneciente al municipio vizcaíno de Abanto y Ciérvana, el 9 de diciembre de 1895, en el seno de una familia minera. Su padre, Antonio Ibárruri, era un obrero de ideología carlista, nacido expósito en la anteiglesia de Ibárruri que le da el apellido. Su madre, Juliana Gómez Pardo, procedía de Castilruiz, en la provincia de Soria.
En 1910 se ve obligada por las condiciones económicas a abandonar los estudios; había superado ya el curso preparatorio para ingresar en la Escuela Normal de Maestras y realizar estudios de magisterio, aunque comenzó a trabajar de costurera y sirvienta.
Se casó por la iglesia el 16 de febrero de 1916 con un minero socialista llamado Julián Ruiz Gabiña, con quien estaría casada diecisiete años, y se trasladaron a Musques.
Aficionada a la lectura, y aprovechando la condición de líder minero socialista de su marido, comenzó a adquirir conocimientos de marxismo que cuestionaron su educación tradicionalista y católica. Dolores asumió la doctrina marxista como una herramienta ideológica idónea para luchar a favor de la «liberación de la clase obrera».
Participó con su marido en la huelga general de 1917. Integrada en la agrupación socialista de Somorrostro, lo acompañó en la escisión comunista del PSOE, en 1919, desde la que, en 1920, participó en la fundación del Partido Comunista Español, entrando en el Comité Provincial de Vizcaya, que al año siguiente formaría, junto al Partido Comunista Obrero Español, el Partido Comunista de España.
En 1917 quedó muy impresionada por el triunfo de la Revolución Bolchevique en Rusia. Adoptó el apodo de Pasionaria por publicar sus primeros artículos en la Semana Santa de 1919, la líder obrera que en el Madrid de la Guerra Civil exclamaba el «¡No pasarán!», y que como presidente del PCE –fiel a los dictados de la temida Unión Soviética de Stalin, donde vivió buena parte de su vida– se creó una fama temible durante la Guerra Civil por su crueldad con los sacerdotes y religiosos, y que en sus discursos durante la II República y la Guerra Civil enardecía a las masas para luchar violentamente en pro de la instauración de la dictadura del proletariado, y confesaba su ateísmo y su odio a la Iglesia.
Desde el comienzo ocupó puestos de responsabilidad dentro del PCE, siendo detenida en numerosas ocasiones. Llegó a formar parte de su Comité Central en 1930 y al año siguiente se presentó a las elecciones a Cortes Constituyentes, siendo derrotada su candidatura. En 1931 se trasladó a Madrid para trabajar en la redacción del periódico del Partido, Mundo Obrero. En 1933 fue presidenta de la recién fundada Unión de Mujeres Antifascistas.
Tras divorciarse de su marido, mantuvo una relación amorosa con Francisco Antón, un dirigente del PCE en Madrid, catorce años menor que ella.
Tuvo seis hijos: Ester (1916-1919), Rubén (1920-1942), que murió como teniente del Ejército Rojo en la batalla de Stalingrado, el 14 de septiembre de 1942; Amagoia, Azucena y Amaya (estas últimas trillizas nacidas en 1923, de las que Amagoia murió al poco de nacer y Azucena a los dos años) y Eva (1928; murió a los tres meses).
Fue afirmando su vocación política y encauzándola a través del periodismo de Partido. El minero vizcaíno y La lucha de clases fueron los escaparates del seudónimo Pasionaria, que eligió ella misma porque su primer artículo salió durante la Semana Santa de 1918.
Fue encarcelada varias veces debido a sus fuertes y punzantes discursos y a su activa militancia en las manifestaciones comunistas. Poco tiempo después se destacó en el Congreso de los Diputados de la República como diputada del PCE por Asturias. En las elecciones de febrero de 1936 fue elegida diputada por Asturias.
Figura relevante durante la “Guerra Civil”, fue elegida vicepresidenta de las Cortes republicanas en 1937. Durante este período se convirtió en un mito para una parte de España, siendo famosa por sus arengas en favor de la causa republicana.
Tras finalizar la Cruzada Española, se exilió en la URSS. En su etapa de exilio, tras el fallecimiento del secretario general del PCE José Díaz Ramos, Pasionaria fue escogida en su sustitución secretaria general del PCE en 1942. Ejerció como máxima autoridad entre los miembros del PCE exiliados en la URSS.
En 1960 presentó su dimisión, para pasar a ocupar el cargo de presidenta del PCE. La sustituyó en sus funciones Santiago Carrillo, que ejerció el cargo hasta 1982.
Fue miembro del Secretariado de la Internacional Comunista junto a Georgi Dimitrov, Palmiro Togliatti y Maurice Thorez, entre otros. Manifestó su acuerdo con Moscú con ocasión de los diversos cismas dentro del movimiento comunista internacional.
Tras la muerte de Franco, volvió a España el 13 de mayo de 1977. Fue elegida de nuevo diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas, aunque su papel como política fue ya más simbólico que real.
En 1983 participa en las manifestaciones de solidaridad con las Madres de Mayo argentinas.
Murió en Madrid en 1989 y fue enterrada en el recinto civil del Cementerio de La Almudena.
Símbolo de resistencia popular en la Guerra Civil, en junio de 2005 se celebró el XVII Congreso del PCE, donde Dolores Ibárruri fue elegida «Presidenta de Honor a Perpetuidad».
MADRE MARAVILLAS DE JESÚS
«Yo comprendí que el mundo no tenía con que saciar mi pobre corazón, me enamoré del Hijo de María y le entregué por siempre mi corazón»
María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, que al entrar en la vida religiosa tomó el nombre de Maravillas de Jesús, nació en Madrid el 4 de noviembre de 1891 y falleció en el convento de La Aldehuela de Getafe, el 11 de diciembre de 1974.
María Maravillas fue bautizada ocho días después de nacer en la parroquia de San Sebastián de Madrid con el nombre de María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán.
Su padre fue don Luis Pidal y Mon, segundo marqués de Pidal, y su madre doña Cristina Chico de Guzmán y Muñoz, nieta y sobrina de los condes del Retamoso y sobrinonieta del duque de Riánsares, de la Reina Gobernadora que fue su madrina y de los marqueses de Remisa. Luis Pidal fue primeramente Ministro de Fomento y más tarde embajador de España ante la Santa Sede.
Mientras estudiaba en casa, durante su adolescencia y juventud se dedicó a obras de caridad, ayudando a muchas familias necesitadas.
Leía frecuentemente las obras de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz y, cautivada por sus vidas y experiencias espirituales, decidió entrar en las Carmelitas Descalzas de El Escorial (Madrid) donde ingresó el 12 de octubre de 1919 recibiendo el nombre de Maravillas de Jesús. Tomó el hábito en 1920 e hizo su primera profesión en 1921. Allí mismo, detrás de la celosía que da al sagrario de la Iglesia conventual, recibió en 1923 la inspiración de fundar un Carmelo en el centro geográfico de España, El Cerro de los Ángeles, donde se había levantado el monumento al Sagrado Corazón de Jesús justamente el año en que ella ingresaba como carmelita descalza.
El obispo de Madrid-Alcalá, Mons. Eijo y Garay acogió y se entusiasmó con la idea y en 1924 la Hermana Maravillas y otras tres monjas carmelitas de El Escorial se instalaron provisionalmente en una casa de Getafe para atender desde allí la edificación del Convento. En esa casa hizo su profesión solemne el 30 de mayo de ese mismo año. En 1926 fue nombrada, por el obispo Eijo, priora de la comunidad y el 31 de Octubre se inauguraba el nuevo Carmelo de El Cerro de los Ángeles.
Como ya entonces acudieron muchas vocaciones, la Madre Maravillas vio en ello una señal de Dios para fundar nuevas “casas de la Virgen”. En 1933, a petición del obispo, misionero carmelita, Mons. Arana, fundó otro Carmelo en Kottayam (India) enviando a ocho monjas. A ella no le permitieron ir sus superiores.
Durante la persecución religiosa en España a partir de 1931 pasaba todas las noches muchas horas orando desde su Carmelo, contemplando el monumento al Sagrado Corazón, y solicitó y obtuvo permiso del papa Pío XI para salir con su comunidad, exponiendo sus vidas, si llegara el momento de defender la sagrada imagen, en caso de ser profanada.
En julio de 1936 las Carmelitas fueron expulsadas de su Convento y llevadas detenidas a las Ursulinas de Getafe. Después se refugiaron en un piso de la calle Claudio Coello, 33, de Madrid, donde pasaron catorce meses de sacrificios, privaciones, registros y amenazas, deseando recibir la gracia del martirio.
En 1937 la Madre pudo salir con su comunidad de Madrid y, pasando por Lourdes entró en España para instalarse en el abandonado “desierto” de Las Batuecas (Salamanca), que había podido adquirir antes de la guerra. Allí y a petición del obispo de Coria-Cáceres fundó un nuevo Carmelo.
En 1938 hizo voto de hacer siempre lo más perfecto. En marzo de 1939 pudo volver a recuperar, totalmente destruido en la guerra, el Carmelo de El Cerro de los Ángeles, donde fue elegida nuevamente priora. En este tiempo dio testimonio de fe, heroísmo y fortaleza, prudencia y serenidad y de una extraordinaria confianza en Dios.
Dibujo de los conventos fundados por la Madre Maravillas
Cuentan las hermanas que en las tareas de sacar los escombros de lo que había quedado del Monumento al Sagrado Corazón, se atrevió a tomar una granada sin explotar y llevarla hasta un camión del ejército, su confianza en Dios era total.
Madre Maravillas en compañía de su Director Espiritual, el Padre Valentín de San José
Desde entonces y en muy pocos años realizó las fundaciones de otros muchos Carmelos: en 1944 el de Mancera de Abajo (Salamanca); en 1947 el de Duruelo (Ávila), cuna de la reforma carmelitana de San Juan de la Cruz; en 1950 traslada la comunidad de Las Batuecas –cediendo este “desierto” a los padres carmelitas descalzos–, a Cabrera (Salamanca); en 1954 el de Arenas de San Pedro (Ávila); en 1956 el de San Calixto, en la sierra de Córdoba; en 1958 el de Aravaca (Madrid); en 1961 el de La Aldehuela (Madrid), en el que es elegida priora y en él vivió hasta su muerte; en 1964 el de Montemar-Torremolinos (Málaga).
Además, con hermanas de algunos de los Carmelos fundados por ella, ayudó en 1954 al de Cuenca (Ecuador), en 1964 al de El Escorial y en 1966 al de La Encarnación de Ávila, donde había entrado y vivido Santa Teresa de Jesús durante treinta años. En 1960, en Talavera de la Reina (Toledo), edifica un convento, también con iglesia de nueva planta, para los padres carmelitas descalzos. En su vida, además del P. Alfonso Torres, S.J. fueron sus directores espirituales el P. Florencio del Niño Jesús, O.C.D., y el P. Valentín de San José, O.C.D.
Desde el Carmelo de La Aldehuela, la Madre Maravillas, donde pasó sus últimos catorce años, continuó atendiendo las necesidades de todos esos Carmelos, incluso desde la clausura.
A sus expensas hizo edificar también una Iglesia y un colegio. Sostuvo económicamente a distintos seminaristas para que pudieran llegar a ser sacerdotes, realizó una fundación benéfica para sostener a religiosas enfermas, compró una casa en Madrid para alojar a las carmelitas que tuvieran necesidad de permanecer algún tiempo en tratamientos médicos y costeó al Instituto Claune la edificación de una clínica para religiosas de clausura. En la iniciativa y desarrollo de estos servicios caritativos, que solía empezar sin medios económicos, confiaba siempre en la Providencia de Dios, que nunca le faltó.
“No quiero la vida más que para imitar lo más posible la de Cristo”, había escrito. Con este deseo, amó y practicó la pobreza heroicamente. Los Carmelos que funda viven en pobreza radical, sin rentas, con edificios pequeños, con trabajo manual para su sustento. Sus hijas la amaban profundamente; era tal el equilibrio, serenidad, caridad y delicadeza con todas. Su alegría estaba llena de paz, sin estridencias, siempre afable sin imponer su criterio, pedía siempre el parecer de las demás.
Eran continuas sus enfermedades y penitencias: dormir poco, vestida y sentada en el suelo. El aprecio por la oración era extraordinario. Vivió la espiritualidad de sus Santos Padres: Santa Teresa y San Juan de la Cruz, sintiéndose siempre “una nada pecadora”. Con alternancia de estados dolorosos y gozosos, nos revela “me siento amada por el Señor”.
Se sentía feliz de ser carmelita descalza, “hija de nuestra santa madre Teresa” y consideraba un tesoro la vida y los textos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
En los conventos en que vivió había sido elegida Priora de la Comunidad, –en total cuarenta y ocho años–, mostrando a la vez a sus hermanas caridad y firmeza, ánimo y consuelo, pidiendo siempre el parecer de las demás. Irradiaba paz y dulzura en sus palabras y gestos, de tal forma que quienes la trataron salieron siempre agraciados con su testimonio de amor Dios y de disponibilidad a la Iglesia como fiel hija suya.
La Madre Maravillas de Jesús es una de las grandes místicas de nuestro tiempo.
La capacidad de contagiar el amor de Dios le provenía de su unión con Él y de su gran capacidad y disposición para la oración. Expresaba: “Me abraso en deseos de que las almas vayan a Dios”, «Nada se nos harán al fin de la vida los dolores del camino».
Durante toda su vida se entregó amorosamente al cumplimiento de la voluntad de Dios, y en la última etapa, ofreciendo su enfermedad y dando testimonio: “Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera” solía repetir a sus hijas. Amó y vivió la pobreza y humildad heroicamente, infundiendo este espíritu en sus hermanas. Destacó también por su fidelidad al ideal teresiano.
Ya en 1962 había tenido un trastorno circulatorio del que se repuso. En 1972 sufrió un paro cardíaco del que se recuperó, pero su salud quedó ya muy quebrantada. En la solemnidad de la Inmaculada de 1974, recibió la extremaunción y el santo Viático. Murió, a los 83 años, en el Carmelo de La Aldehuela, el 11 de diciembre de 1974, rodeada de sus hijas y repitiendo: “¡Qué felicidad morir carmelita!”
***
Dos mujeres…
Dos banderas…
Dos combates…
Dos formas de vida, elecciones diferentes, caminos contrapuestos.
Hoy, como católicos de verdad, amantes de Nuestro Señor, debemos elegir también un bando, un ejército. Por mi parte, desde mi pequeña trinchera, siendo nada más que una simple mujer, elijo estar en el combate de la Única y Verdadera Iglesia, la Iglesia de todos los tiempos; quiero amarrarme con fuerzas y luchar hasta que den mis flacas fuerzas por mi Capitán; quiero ensanchar mi pecho con el orgullo de ser hija de Dios y que en este camino, donde las luchas son diarias, llevar bien en alto la bandera de Cristo Rey; sólo con la ayuda de la gracia y tomando con entereza mi posición lograré ganar la batalla más preciada que me lleve a la Patria Eterna.
Para concluir dejo estas frases, frases que nos recuerdan como la Iglesia siempre ha sido perseguida, siempre ha sufrido el combate del enemigo, la lucha ha estado y seguirá estando, antes contra los enemigos externos, hoy contra los enemigos internos, pero sabemos que vendrá el día donde Nuestro Señor venga y reine eternamente. Inflamados el alma y el corazón con la confianza depositada en la Divina Providencia continuemos batallando…
Pio XI
“Diríase que una satánica preparación ha vuelto a encender más viva aún, en la vecina España aquella llama de odio y de ferocísima persecución manifiestamente reservada a la Iglesia y a la Religión Católica, como el único verdadero obstáculo para el desencadenamiento de unas fuerzas que han dado ya razón y medida de sí mismas, en su conato de subversión en todos los órdenes, desde Rusia hasta China, desde Méjico a Sudamérica”.
Mons. Isidro Gomá y Tomás, Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de España
«Vedles a la hora de morir. El asesino les intimida a que renieguen de su fe; o sencillamente dispone de una pistola o ametralladora para taladrar sus cuerpos con el plomo mortífero… sé que en la mayoría de los casos una sola palabra de transacción con los principios revolucionarios… una sola blasfemia les hubiese librado de la muerte, tal vez les hubiese abierto horizontes de vida placentera. Y no quieren: superan aquellos momentos con el corazón impávido…»
Mons. Marcel Lefebvre
«Es necesario que los españoles den ejemplo de una resistencia fuerte y firme, apoyada en la fe y en el amor de la Cruz y de la Santísima Virgen»
A María Auxiliadora
José García-Verdugo
¡Madre del alma mía! Dame reposo y calma.
¡Qué tormenta, qué lucha tan bravía se libra sin cesar dentro del alma!
¡Escucha mis clamores!
¡Oye mis tristes quejas!
Entre tantas tristezas y dolores
¿a quién acudiré si Tú me dejas?
Al pie de tus altares me cobijé de niño;
ahora que son tan hondos mis pesares,
¿no he de encontrar consuelo en tu cariño?
Tú eres paz y dulzura y estrella de bonanza.
¡Baja hasta mí los ojos, Virgen pura,
para que no me falte la esperanza!
Refrena los latidos del pobre corazón que sufre y llora.
¡Eres madre y consuelo de afligidos,
y Te llamas María Auxiliadora!










