En el combate de resistencia
¿ES TODAVÍA NECESARIA LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA
AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA?
Recientemente —para ser más precisos, en la fiesta de San Luis Rey— FSSPX News publicó una nota acerca de una entrevista que el Cardenal Burke concedió el 14 de agosto al semanario The Wanderer. En tal entrevista, uno de los temas que se tocaron fue el de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María.
De acuerdo con lo publicado por FSSPX News, el cardenal ansía ver cumplido en totalidad y detalle el pedido de la Santísima Virgen, aunque también defiende el acto de Juan Pablo II en 1984, cuando el entonces ocupante de la Santa Sede consagrara el mundo entero al Inmaculado Corazón de María con una referencia implícita a Rusia (sic). Así pues, su teoría es que, aunque la consagración de Rusia fue válidamente cumplida en una manera implícita en 1984, dado que “el tiempo presente es tan grave”, se necesita renovar más formalmente y explícitamente para “responder al pedido una vez más” y “llevar al cabo lo que Nuestra Señora pidió exactamente como Ella lo pidió”.
La nota periodística entra luego en detalles y menciona que el entrevistador —Don Fier— recordó al cardenal que la hermana Lucía de Fátima afirmó en una carta auténtica de 29 de agosto de 1989 que la consagración del mundo realizada por Juan Pablo II el 25 de marzo de 1984 había cumplido plenamente con el pedido de la Santísima Virgen; que a pesar de ello el cardenal Burke cree que en esa ocasión Juan Pablo quiso mencionar a Rusia, pero que no lo hizo para no incomodar a los países del bloque oriental, etc.; y pone varias citas del purpurado, para terminar con esta:
“En la actualidad, yo creo que para Rusia es una señal de particular respeto y afección por el país, el que la Iglesia lo consagrara explícitamente al Inmaculado Corazón de María. Ciertamente, en el tiempo de las apariciones, Nuestra Santísima Madre tenía en mente la dispersión del comunismo ateísta. Está conectado con una dispersión de materialismo y relativismo que la gente ahora ya no llama comunismo ateísta, pero que es tan virulento para nuestra sociedad.”
“Que Rusia sea ahora consagrada, expresa también el respeto por su nación que podría ahora liderar el repudio al pensamiento sin-Dios. De esta manera, Rusia podría regresar a su noble pasado en el que era una de las naciones en el mundo con mayor temor de Dios y donde había una tremenda devoción a Nuestra Santísima Madre, especialmente como un medio de expresar la fe en Dios”.
No dejan de llamar la atención por lo menos dos cosas en este corto artículo que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X publica en Estados Unidos y Canadá.
La primera es que no se hace alguna aclaración acerca de la carta “auténtica” de Sor Lucía, escrita en 1989.
No deben ignorarse cuántas diferencias se han manifestado entre la Sor Lucía anterior a 1960 y la Sor Lucía posterior a 1960. Por supuesto hay cambios en la fisonomía que obligan a pensar en la posibilidad de una suplantación de personas, de que se trate de dos personas y no de una misma. Pero no nos referimos ahora a ese tipo de cambios, sino al cambio de pensamiento, a las contradicciones tan evidentes entre lo que se decía antes de 1960 y lo que se diría después.
Por ejemplo, veamos lo que la hermana Lucía decía acerca de la fecha en que debía darse a conocer la tercera parte del mensaje recibido en Fátima:
- Esa tercera parte fue escrita por Lucía y posteriormente guardada en un sobre. Este sobre fue entregado por la vidente al obispo da Silva y el canónigo Galamba afirma que «cuando el señor Obispo rechaza abrirlo, Lucía le hace prometer que será abierto definitivamente y leído al mundo cuando ella muera, o en 1960, según sea lo primero que acontezca».
- En 1955 el cardenal Ottaviani visita a la hermana Lucía en su convento y pregunta por qué deberá leerse a más tardar en 1960. La religiosa responde que “porque así lo quiere la Santísima Virgen”.
El 26 de junio de 2000 el Vaticano publicó el mensaje como un texto de cuatro cuartillas que iba acompañado de una carta de presentación firmada por Mons. Tarcisio Bertone, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y de una interpretación del secreto que consistía en la carta de Juan Pablo II a Sor Lucía, una relación del coloquio del Card. Bertone con Sor Lucía, el discurso en Fátima por el Card. Angelo Sodano y un comentario teológico por el Card. Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
28 de junio de 2000, el Card. Bertone declaró: «… el secreto no tiene nada que ver con la apostasía ligada al Concilio, al Novus Ordo (de la Misa) y a los Papas conciliares, tal como sostienen desde hace decenios los fundamentalistas. Por este solo hecho valía la pena revelar el Secreto».
En la documentación del coloquio del cardenal Bertone con la vidente se puede leer que, puesto que Sor Lucía, antes de entregar al entonces Obispo de Leiria-Fátima el sobre lacrado que contenía la tercera parte del «secreto», había escrito en el sobre exterior que sólo podía ser abierto después de 1960, por el Patriarca de Lisboa o por el Obispo de Leiria, Su Excia. Mons. Bertone le preguntó: «¿por qué la fecha tope de 1960? ¿Ha sido la Virgen quien ha indicado esa fecha? » Sor Lucía respondió: «no ha sido la Señora, sino yo la que ha puesto la fecha de 1960, porque según mi intuición, antes de 1960 no se hubiera entendido, se habría comprendido sólo después. Ahora se puede entender mejor. Yo he escrito lo que he visto, no me corresponde a mí la interpretación, sino al Papa».
¿Cómo no poder ver el cambio cuando lo que ahora se afirma es exactamente lo contrario a lo que se decía antes?
El mensaje debería ser publicado, a más tardar, en 1960. Corrección: “se deberá leer después de 1960.”
¿Por qué ese año? “Porque así lo quiere la Santísima Virgen.” Corrección: “por una simple intuición mía.”
Curiosamente, en la parte introductoria del coloquio, se hace un énfasis muy poco natural en la lucidez de la hermana Lucía y en el reconocimiento por parte de ella de la carta y de la letra:
Sor Lucía estaba lúcida y serena; estaba muy contenta del viaje del Papa a Fátima para la beatificación, que ella tanto esperaba, de Francisco y Jacinta.
El Obispo de Leiria-Fátima leyó la carta autógrafa del Santo Padre que explicaba los motivos de la visita. Sor Lucía se sintió honrada y la releyó personalmente, teniéndola en sus propias manos. Dijo estar dispuesta a responder francamente a todas las preguntas. Llegados a este punto, Su Excia. Mons. Tarcisio Bertone le presentó dos sobres, uno externo y otro dentro con la carta que contenía la tercera parte del «secreto» de Fátima, y ella dijo inmediatamente, tocándola con los dedos: «es mi carta»; y después, leyéndola: «es mi letra».
Por supuesto hay muchos más cambios entre esas dos Lucías, pero pasemos a otro punto: la insistencia en llevar al cabo a destiempo la consagración de Rusia.
Quienes hayan leído el mensaje recibido por los pastorcitos videntes de Fátima, se habrán podido dar cuenta de que Nuestra Señora hizo la advertencia en 1917 de un castigo inminente, pero no inexorable, con estas palabras:
«La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes […] Para impedirla vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados.»
La Santísima Virgen María se apareció a Sor Lucía en 1929 para decirle que ya era tiempo de que la consagración de Rusia se llevase al cabo [a fin de evitar o impedir que comenzara esa otra guerra peor.] No se pierda de vista que la Virgen pidió esa consagración para impedir el castigo divino por los crímenes del mundo.
Como Pío XI no hizo la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón, el castigo llegó: Dios no amenaza en vano.
La señal luminosa se dio el 25 de enero de 1938: un extraño fenómeno luminoso fue visto en toda Europa y en algunos lugares del África septentrional y aun de América del Norte. La guerra principió poco después y Rusia esparció sus errores por todo el mundo: materialismo y relativismo por doquier, como bien lo señala el Cardenal Burke y como cualquiera que tenga un poquito de conciencia puede advertir.
Es evidente que el pedido de la Virgen era perentorio y que lo que podía haber evitado su cumplimiento ya se dio con todas sus consecuencias. ¿Para qué insistir pues en realizar la consagración de Rusia?
La respuesta está en una interpretación errónea del mensaje mariano que da lugar a una falsa esperanza.
El mensaje mariano dice:
“La guerra —se refiere a la Primera Guerra Mundial— va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primero Sábados. Si atendieran mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz, si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá mucho qué sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo un tiempo de paz.”
En este fragmento del mensaje pueden distinguirse claramente tres partes: la primera es una condición con las consecuencias de que tal condición se cumpla o no; la segunda parte son las consoladoras palabras “Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”. Estas palabras no están sujetas al cumplimiento de la condición, sino que constituyen una afirmación absoluta y rotunda. Por último, tenemos las palabras que se ven en itálicas y que no son otra cosa que una recapitulación de lo dicho al principio; como si la Virgen quisiera asegurarse que quedaba bien claro lo que estaba pidiendo y lo que se conseguiría al atender a sus pedidos.
Es esta recapitulación la que ha sido frecuentemente malinterpretada dando con ello lugar a conclusiones equivocadas y a falsas esperanzas. La mala interpretación es fácil de entender por la conjugación de los verbos: “consagrará”, “convertirá”, “será”.
El futuro simple o imperfecto tiene, entro otros sentidos, el de hacer una aserción o el de predecir algo. Si se le da ese sentido a la recapitulación, entonces se entiende que la consagración de Rusia, así como su conversión y el período de paz ocurrirían en un futuro; pero esta interpretación trae consigo la dificultad de aceptar que la Santísima Virgen estaría dando un mensaje absurdo. En efecto, poner como condición algo que se profetiza y que es seguro que acontecerá es un absurdo. ¿Por qué la Virgen habría de poner como condición la consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón y en seguida profetizar que tal consagración ocurriría? Las condicionantes saldrían sobrando…
Adicionalmente se tendría otra dificultad mayor: ¿por qué la Virgen profetizaría algo falso? Recordemos lo que la Virgen dijo: «La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre».
Está bien claro que había un plazo para que se atendieran los pedidos de la Virgen, puesto que el principio del castigo por no atenderlos sería durante el reinado de Pío XI.
Sabemos que Pío XI no hizo la consagración y que, por ende, Rusia no se convirtió, sino que, por lo contrario, esparció sus errores por el mundo y los efectos de tales errores los vemos en nuestro entorno: materialismo y ateísmo en todas partes.
Es un hecho innegable que Rusia esparció sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia.
Sabemos que la luminosidad desconocida anunció el castigo y sabemos que este no podía aplazarse más, pues debía empezar durante el reinado de Pío XI.
Entonces, si el castigo ocurrió fue porque no se hizo la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón.
¿Cómo creer que la Virgen Santísima hubiera profetizado algo que no ocurrió?
La respuesta está en que el futuro simple o imperfecto tiene otros sentidos además del ya anotado, y esto ya ha sido explicado anteriormente.
Ciertamente en portugués, así como en español, el futuro simple puede tener un sentido desiderativo, de probabilidad, de orden o de mandato u obligación. Así pues, no es extraño que un padre de familia le diga a su hijo “te quedarás en casa” (o “te vas a quedar en casa”) para ordenarle que no salga; o que le diga “todo saldrá bien en tu examen” para manifestar el deseo de que le vaya bien en su prueba. Igualmente se puede recordar los mandamientos y advertir el sentido que se la da al futuro imperfecto: “Amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas y a Él sólo servirás” o “No matarás”. “Amarás”, “servirás”, “matarás”: estos verbos así conjugados no significan una aserción ni una profecía, sino un mandato u orden: tienen un sentido imperativo.
Es así como se ha de interpretar la recapitulación que hace Nuestra Señora al decir: El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo un tiempo de paz.
Aquí no se está profetizando ni afirmando que algo ha de ocurrir, sino que se está puntualizando lo que se ha de hacer para evitar la guerra y conseguir la conversión de Rusia y el tiempo de paz.
Esto que se aclara es de la mayor importancia, puesto que hay quienes que, por estar esperando la consagración de Rusia dan por descontado que otras cosas puedan acontecer.
Así hay quienes creen que el Anticristo no puede hacerse presente sin que antes se lleve al cabo la consagración de Rusia.
Así mismo, el pensar que el triunfo del Inmaculado Corazón está sujeto a la consagración de Rusia es algo que un buen cristiano no puede consentir: el triunfo de María Santísima es algo que todo cristiano tiene por seguro.
Y el triunfo del Inmaculado Corazón, no puede ser transitorio puesto que es un triunfo pleno y total, que tendrá lugar al fin de los tiempos y no antes. Por ello es que Nuestra Señora dice: Al fin mi Inmaculado Corazón triunfará. “Al fin”…




