EN LA ESCUELA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

CONSERVANDO LOS RESTOS

SUMA TEOLÓGICA

Ia-IIæ Cuestión 12

LA INTENCIÓN

Acerca de la intención resolveremos los cinco puntos siguientes:

1º ¿La intención es acto del entendimiento, o de la voluntad?

2º ¿Se concreta a solo el último fin?

3º ¿Puede uno proponerse dos fines diversos a la vez?

4º ¿La intención del fin es el mismo acto de la voluntad, con el que esta tiende a lo conducente al fin?

5º ¿Hay intención en los brutos animales?

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Artículo 1

¿La intención es acto del entendimiento, o de la voluntad?

Objeciones por las que parece que la intención es acto del entendimiento, y no de la voluntad:

1ª. Porque se dice Mat. 6, 22: Si tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo será luminoso; donde por ojo se significa la intención, en sentir de San Agustín De serm. Dom. in monte, l.2, c.13. El órgano de la visión denota la potencia aprensiva: y por consecuencia la intención es acto de esa potencia, y no de la apetitiva.

2ª. San Agustín De serm. Dom. in monte, l.2, c.13 observa que la intención es llamada luz por el Señor, cuando dice Mat. 6, 23: Si la lumbre, que hay en ti, son tinieblas, etc … La luz pertenece al conocimiento, y por lo mismo también la intención.

3ª. La intención denota cierta ordenación al fin; y ordenar es propio de la razón: la intención pues no pertenece a la voluntad, y sí a la razón.

4ª. Todo acto de la voluntad no tiene otro objeto que el fin o lo que a él se refiere. El acto de la voluntad respecto del fin se llama deseo o fruición; y, en cuanto mira a lo conducente al fin, es la elección: de una y otra se diferencia la intención; la cual por consiguiente no es acto de la voluntad.

Por el contrario, dice San Agustín De Trin. l.10, c.7, y l.11, c.9 que la intención de la voluntad une el cuerpo visto con la vista, o igualmente la imagen depositada en la memoria hacia el punto del ánimo, que piensa interiormente. Según esto la intención es acto de la voluntad.

Respondo que intención, según su mismo nombre expresa, significa tender a otro objeto, pero tienden a algo tanto la acción del motor, como el movimiento del móvil; si bien este movimiento procede de la acción del motor. Así es que la intención pertenece originaria y principalmente a aquello que mueve hacia el fin: por eso decimos que el arquitecto, como todo el que manda, mueve con su precepto a otros a aquello, que él se propone. Y, puesto que la voluntad es la que pone en movimiento hacia el fin todas las demás fuerzas del alma, según lo antes demostrado (S.Th., I-II, q.9, a. 1); es evidente que la intención es propiamente acto de la voluntad.

A las objeciones:

1ª. Se da a la intención el nombre de ojo metafóricamente, no porque pertenezca al conocimiento, sino porque lo presupone, en cuanto por él se propone a la voluntad el fin, al cual ésta tiende; al modo que con los ojos miramos de antemano el punto, a donde corporalmente debemos encaminarnos.

2ª. La intención es llamada lumbre, por estar patente al que intenta. Así también las obras se llaman tinieblas, porque el hombre sabe lo que intenta, pero ignora las consecuencias de su acción, como lo expone en De Trin. l.10, c.7, y l.11, c.9 el mismo San Agustín.

3ª La voluntad ciertamente no ordena, pero sí tiende a algo según la ordenación de la razón. Así la palabra intención denota un acto de la voluntad, presupuesta la intimación de la razón disponiendo algo al fin.

4ª. La intención es acto de la voluntad respecto del fin. Mas la voluntad mira al fin de tres modos: 1º en absoluto, y así se dice voluntad, en cuanto absolutamente queremos la salud o cosa parecida; 2º en el sentido de reposar en el fin, lo cual es propio de la fruición; 3º como término de algo ordenado al mismo fin, en cuyo último concepto es la intención. Porque, cuando intentamos recobrar la salud, no se entiende únicamente que la deseamos, sino que nos proponemos obtenerla por la interposición del algún medio.

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Artículo 2

¿La intención se refiere exclusivamente al último fin?

Objeciones

1ª. Parece que el último fin es el objeto exclusivo de la intención. Léese en el Libro de las Sentencias de Próspero, Sent. 100: la intención del corazón es una plegaria a Dios. Dios es el último fin del corazón humano. Luego la intención se dirige siempre al último fin.

2ª. La intención mira al fin como término final, según lo dicho (I-II, q. 12, a.1, al 4º); y el término implica el último fin: al cual por lo tanto únicamente tiende la intención.

3ª. La Fruición, lo mismo que la intención, tiene por objeto el último fin: por consiguiente ésta, como aquélla, se ordena siempre a él solo.

Por el contrario: el último fin de las voluntades humanas es único, la bienaventuranza, conforme a lo dicho (I-II, q.1, a.7). Si pues la intención se concretase exclusivamente al fin último, no habría entre los hombres diversidad de intenciones. Y tal hipótesis es por lo mismo notoriamente falsa.

Respondo que, según queda dicho (I-II, q. 12, a.1), la intención se refiere al fin, como a término del movimiento de la voluntad. Sin embargo, este término puede tomarse en dos sentidos: ya como el mismo término último, en el que se encuentra el reposo definitivo y finaliza del todo el movimiento; ya como algún medio, que al propio tiempo es el principio de un movimiento parcial y fin o terminación de otra parte del mismo movimiento total: a la manera que en el trayecto de A a C, pasando por B, C es el término final, y B es también un término, por más que no sea el último: y la intención lo mismo puede dirigirse al uno que al otro. Por lo cual, aunque siempre hay un fin de la intención, no siempre ese fin es precisamente el último fin.

A las objeciones:

1ª. La intención del corazón se dice clamor a Dios, no porque siempre es Dios el objeto de ella, sino porque Dios la conoce; o bien, porque cuando oramos, elevamos a Dios nuestra intención, y entonces tiene esta la eficacia de una invocación.

2ª. El término importa razón de último fin, mas no siempre del último de la totalidad, siéndolo a veces sólo de una parte de ella.

3ª. En la idea de fruición se entraña efectivamente la de quietud, la cual se halla en el fin, entendiéndose exclusivamente del fin último; no así empero la de intención, que únicamente implica tendencia al fin, y no precisamente al reposo. No es pues la misma razón.

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Artículo 3

¿Puede uno intentar dos cosas a la vez?

Objeciones

1ª. Parece que no se puede uno proponer al propio tiempo más de una cosa; porque dice San Agustín De serm. Domini in monte, l.2, c.14, 16, 17 y 22 que no puede el hombre aspirar a un tiempo a Dios y a la comodidad del cuerpo. Por la misma razón tampoco a otras dos cosas cualquiera.

2ª. La intención implica movimiento de la voluntad hacia su término; y no pueden ser muchos los términos de un solo movimiento desde un mismo punto de partida: por consiguiente no puede la voluntad intentar varias cosas simultáneamente.

3ª. La intención presupone algún acto de la razón o entendimiento. Mas no sucede entender más de una cosa en cada acto, según Aristóteles Topic. l.2, c.4, in declaratione loci 33. Así pues del mismo modo tampoco intentar a un tiempo varias cosas.

Por el contrario, el arte imita a la naturaleza; y esta con un solo instrumento se propone dos utilidades, como la lengua se destina al gusto y al lenguaje, según se dice De anima, l.3, y l.2, t.88. Luego por idéntica razón el arte o la razón puede a la vez ordenar una sola cosa a dos fines; y por lo tanto puede uno intentar más de una cosa con un solo y mismo acto.

Respondo que dos cosas cualesquiera se pueden considerar o como correlacionadas entre sí, o sin mutua correlación.

En el primer caso es evidente por lo ya explicado (I-II, q. 12, a.2) que el hombre puede intentar varias cosas simultáneamente; toda vez que es objeto de la intención, no sólo el fin último según lo dicho (I-II, q. 12, a.2), sino también un fin intermedio. Y muy bien puede uno intentar a un tiempo un fin próximo y otro terminal, como la confección del medicamento y el recobro de la salud.

En el segundo todavía puede aspirar a dos fines a la vez, como es obvio, suponiendo que prefiera el uno al otro, porque aquel es mejor. Pero, entre otras condiciones, que hacen mejor una cosa que otra, una sola es la que sirve para más usos; por cuya razón puede elegirse la una con preferencia a la otra; y bajo este concepto el hombre manifiestamente dirige su intención a varias cosas o fines a un mismo tiempo

A las objeciones:

1ª. San Agustín quiere dar a entender que el hombre no puede proponerse a la vez a Dios y el provecho temporal, como dos últimos fines; porque según lo demostrados (I-II, q.1, a.5) no pueden admitirse varios fines de un solo y mismo hombre.

2ª. Bien pueden existir varios términos de un solo movimiento y de procedencia única, con tal que el uno se ordene al otro; no así en el supuesto contrario de no haber entre ellos alguna conexión. Es preciso no obstante reflexionar, que lo que no es único en sí mismo, puede considerarlo como tal la razón; y la intención es la moción de la voluntad a algo preconcebido por la razón, según lo expuesto (I-II, q. 12, a.1 al 3º). Por lo mismo cosas diversas en la realidad pueden conceptuarse como término único de la intención, en cuanto la menta las unifica; o bien porque dos distintas cosas concurren a la integridad de un solo todo, como contribuyen a la salud el calor y el frío convenientemente compensados en proporcional medida; o también por cuanto las dos cosas se incluyen en un común concepto, susceptible de ser intentado, cual es la adquisición del vino y de la ropa, que van incluidas en el común intento del lucro; y por consiguiente nada impide que el negociante en su mira única de la especulación o ganancia abrace en su intención una y otra mercadería.

3ª. Según lo dicho (I, q. 85, a.4) no es raro entender varias cosas a la vez, consideradas como una bajo algún aspecto.

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Artículo 4

¿La intención del fin es el mismo idéntico acto de la voluntad de lo conducente al fin?

Objeciones

1ª. Parece que no son un mismo y solo movimiento la intención del fin y la voluntad de lo que lleva al fin; porque dice San Agustín De Trin. l.11, c.9 que la voluntad de mirar por la ventana tiene por fin la visión de ella, y otra es la voluntad de ver por la ventana a los transeúntes. Esto de querer ver por la ventana a los que pasan pertenece a la voluntad de lo que se refiere al fin. Luego uno es el movimiento de la voluntad constitutivo de la intención dirigida al fin, y otro distinto el del deseo de lo que al fin se ordena.

2ª. Los actos se distinguen según sus objetos. El fin y lo a él conducente son objetos diversos. Por consiguiente hay distinción entre los dos movimientos, de que se trata.

3ª. La voluntad de lo conducente al fin llámase elección, la cual no es la intención misma; y por lo tanto son dos actos distintos el de la intención del fin y el de querer lo concerniente a él.

Por el contrario, lo que concierne al fin es respecto de este, lo que el medio al término. En las cosas naturales un mismo y solo movimiento pasa por el medio, para llegar al término. Así también pues en los actos de la voluntad es uno mismo el movimiento intencional hacia el fin que el de tránsito de la voluntad por el medio conducente al fin.

Respondo que la moción de la voluntad hacia el fin y a lo que a éste se refiere puede entenderse en dos sentidos.

Primero en cuanto la voluntad se dirige a uno y otro absolutamente y con independencia mutua; y así considerados ambos movimientos de la voluntad, son dos distintos.

Segundo según que la voluntad tiende al medio conducente al fin por el mismo fin; y en tal concepto el movimiento de la voluntad al medio conducente y al fin, a que se conduce, es uno solo e idéntico.

Cuando yo digo: quiero el medicamento, para recobrar la salud, no designo mas que un solo acto de la voluntad puesto que el fin es la razón de que quiera lo que al fin me lleva: y el mismo acto único recae sobre el objeto y sobre la razón del objeto, como es una sola la visión del color y de la luz, según ya queda dicho (I-II, q. 8, a.3, al 2º).

Esto mismo es igualmente aplicable al entendimiento: porque, considerando aisladamente el principio y la conclusión, se tienen dos distintas consideraciones; pero, si acepta la conclusión por su conexión con el principio, ejerce en ello un solo acto.

A las objeciones:

1ª. San Agustín habla de la visión de la ventana y de la de los transeúntes vistos mediante ella con absoluta independencia de uno y otro objeto en la intención de la voluntad.

2ª. El fin, como un objeto determinado, lo es de la voluntad distinto del otro objeto solo conducente al fin; mas, en cuanto es aquel la razón de querer este, se identifican ambos en uno solo.

3ª. Un movimiento único en el sujeto puede racionalmente diversificarse atendiendo a su principio y a su fin, como el ascenso y el descenso, según se nota Phys. l.3, t.21. Así pues el movimiento de la voluntad llevada a lo que concierne al fin, en cuanto se ordena al fin, es la elección; y el que la lleva al fin, en cuanto este se adquiere por los oportunos medios, es la intención. La prueba está en que puede tenerse intención del fin, antes de haber determinado por la elección los medios de obtenerlo.

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Artículo 5

¿Hay intención en los brutos animales?

Objeciones

1ª. Parece que los brutos animales intentan un fin: porque la naturaleza en los seres destituidos de conocimiento dista más de lo racional, que la sensitiva de los animales brutos. Es así que la naturaleza aun en los seres no dotados de conocimiento tiende a un fin, como se prueba Phys. l.2, t. 87 y sig.. Luego mucho más se proponen un fin los brutos animales.

2ª. Así como la intención tiene por objeto el fin, igualmente la fruición. Ahora bien, ésta conviene a los brutos, como queda dicho (I-II, q. 11, a.2); luego asimismo la intención.

3ª. Proponerse un fin es propio del que obra por un fin, toda vez que intentar no es otra cosa que tender a algo. Los brutos animales obran por un fin; pues el animal se mueve en busca del alimento o cosa parecida: por consiguiente tienen intención de algún fin.

Por el contrario, la intención de un fin implica la ordenación del sujeto al fin; lo cual es peculiar de la razón. No teniendo razón los animales brutos, claro es que no intentan fin alguno.

Respondo que según lo antes dicho (I-II, q. 12, a. 1), intentar es tender a otra cosa; lo cual puede decirse del que mueve y de lo que es movido.

Ahora bien, si se dice tender a un fin aquello que es movido por otro hacia el tal fin; en este sentido la naturaleza tiende a su fin, como movida por Dios hacia Él, al modo que la saeta es lanzada por el arquero; y de esta manera aun los brutos animales tienden a un fin, en cuanto son llevados a él por su natural instinto.

El otro modo de dirigirse a un fin, peculiar del motor, es decir, en cuanto ordena el movimiento de algo, sea de sí mismo o de otro, al fin, compete única y privativamente a la razón; y en este concepto, que es el que lleva en si la idea de intención propiamente dicha (I-II, q. 12, a.1), no la tienen los animales irracionales.

A las objeciones:

1ª. Aquí se toma la idea de intentar a tender, en el sentido de ser llevado a un fin.

2ª. La fruición no implica ordenación de algo a determinado objeto o fin, que es lo que constituye la intención; y sí única y absolutamente el reposo en el fin.

3ª. Los brutos animales son movidos a un fin, no como quien considera que pueden lograrlo mediante su movimiento hacia él, lo cual es propio del que intenta; sino que en su avidez del fin son como arrastrados hacia él por su instinto natural, cual si fuese este un motor extraño, obrando de un modo análogo al del movimiento natural de los demás seres.