SAN VICTOR

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Hoy nos encomendamos a:

San Víctor,

mártir. (siglo IX)

Por los años del Señor de 950, Abderramen Halihatan, rey de Córdoba, publicó un edicto por el cual mandaba que todos los cristianos que vivían en los dominios de los moros, o abnegasen la fe de Jesucristo,  fuesen condenados a muerte.

En este tiempo pusieron cerco los moros a Cerezo, villa del arzobispado de Burgos, y patria del glorioso san Víctor, cristiano ejemplar, que habiendo servido por algún tiempo en el ministerio sacerdotal, se había retirado a la soledad de Oña, volviendo la espalda a los halagos y vanidad del siglo. Aparecióse a la sazón un ángel a san Víctor, y le dijo que fuese a su patria a librarla del peligro en que estaba de rendirse, añadiéndole que la preservaría de este mal, y que al mismo tiempo lograría él la palma del martirio. Cumplió, pues, lo que se le ordenaba: salia con frecuencia al campo de los enemigos, y con celo de Dios recobraba a muchos cristianos que habían apostatado de la fe, y convertía algunos moros.

El general de los moros, habiendo sabido lo que pasaba, mandó prender a Víctor, y llamándole a su presencia, quedó sano de la gota que padecía. No abrió los ojos para agradecer al cielo este beneficio; antes bien persuadía al siervo de Dios que abrazase la secta de Mahoma, y como viese que eran estériles sus esfuerzos, lo hizo encarcelar.

En la misma cárcel atrajo Víctor con su predicación muchas gentes a Jesucristo; pero el general, indignado, mandó que lo degollasen. El santo pidió ser antes crucificado, y lo hicieron así: tres días vivió clavado en la cruz, durante los cuales se convirtió gran número de infieles con su predicación y con los milagros que obraba, y al cabo lo quitaron de allí para degollarlo. Dicen que al momento de haberse ejecutado la última sentencia, cogió Víctor su cabeza en las manos, y encaminándose así a Cerezo, persuadió a sus habitantes que hartasen a una vaca con el poco trigo que había quedado , y que la echasen en el campo de los enemigos, los cuales la alancearon, y viendo que estaba llena de trigo, desesperaron de rendir aquel pueblo por hambre, y levantaron el cerco.

Leyenda de oro

R. Dr. José Palau

 

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea