MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
Los santos Liberado, abad, Bonifacio, diácono,
Severo y Rústico, subdiáconos,
Rogado, Séptimo, y Máximo, monjes,
todos mártires.
El año 483 fué señalado en Africa por una nueva persecución contra los católicos, Hunnérico, rey de los vándalos, y acérrimo arriano, ordenó que todos los monasterios fuesen destruidos, particularmente uno situado cerca de Capsa, conocido entre todos por el fervor de los que le habitaban, que eran los siete santos de que hablamos.
Estos recibieron orden do presentarse en Cartago, en cuya ciudad se trató de ganarlos por medio de promesas y halagos; pero permaneciendo siempre constantes los siervos de Dios en la confesión de la Trinidad y de un solo bautismo, fueron encerrados en un oscuro calabozo. Los fieles sobornaron a los centinelas y les visitaban continuamente en la cárcel; pero habiéndolo sabido el rey, mandó aumentar la vigilancia y los cargó de nuevos grillos.
Algún tiempo después, dispuso que los embarcasen en una nave muy vieja, a la cual pegasen fuego, luego que ellos estuviesen dentro. Cuando los siete confesores hubieron entrado en el barco, los ataron a unos postes y aplicaron fuego a la leña que allí había; pero la operación, repetida muchas veces, fue inútil, porque el fuego no quiso prender, y los santos quedaron milagrosamente salvados.
Furioso entonces el tirano, mandó que los apaleasen con remos, y habiéndoles magullado la cabeza, y arrojado al mar, recibieron el premio de la vida eterna.
Las olas restituyeron sus cuerpos a la orilla, que fueron enterrados por los cristianos en el monasterio de Higa junto a la iglesia de San Celerino.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

