CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN
JUAN ALFONSO CARRIZO
Juan Alfonso Carrizo nació en Catamarca, Argentina, el 15 de marzo de 1895; y falleció en Beccar el 18 de diciembre de 1957.
Recorrió, ya a pie, ya a caballo, pueblo por pueblo, casa por casa, las provincias argentinas de Salta, Jujuy, La rioja, Tucumán y el territorio de Los Andes, para recibir de los labios del pueblo la herencia literaria popular que nos legara por tradición oral la España católica.
Los Cantares fueron recogidos directamente de la gente nacida y criada en la campaña, que vivía al margen de la vida de la ciudad, sin la menor noticia de la literatura de los libros, que seguía aferrada a su fe antigua.
Esa poesía popular viene de la España del Siglo de Oro; y en esa tradición hispano-católica encontramos el fondo mismo del alma nacional, que muy poco debe al barbarismo precolombino, tan reivindicado por los revolucionarios.
Los Cantares son trasunto del alma española de la época colonial; todos ellos revelan una tradición poética nacida al arrullo del romance clásico, que los soldados y misioneros de la España grande de los siglos XVI y XVII trajeron al Nuevo Mundo.
A la inversa de lo que ocurre con la poesía de la ciudad, en la popular abundan las composiciones de índole religiosa, tan inspiradas en la Historia Sagrada que algunas de ellas cobran acentos de salmos y de profecías. Puede afirmarse que la Biblia ha sido el libro de cabecera de los cantores rurales.
La poesía popular está impregnada de cristianismo, aun en los momentos en que no recurre a la cita bíblica, como lo hace frecuentemente. Sus sentimientos, sus ideas, sus juicios morales son profundamente cristianos; en tanto que la poesía de la ciudad es casi extraña a temas y a inspiraciones religiosos.
Esta cultura popular, tan espontánea y vigorosa, ha sido víctima de un verdadero cataclismo al producirse la brusca expansión económica, allá por el año 1890.
Las nuevas generaciones de la campaña, se criaron en un ambiente materialista, y dieron la espalda a la cultura tradicional de sus padres y abuelos; por eso es que los Cantares populares no sobrevivieron sino en la memoria de los ancianos.
Para los jóvenes de las ciudades y de las campañas, los Cantares son tan desconocidos como lo serán para los extranjeros que vienen por primera vez a nuestra tierra.
Los ancianos, y firmes en su fe antigua y en su antigua concepción del mundo, guardaron para el investigador el precioso tesoro de su poesía popular.
El deber de la hora actual es salvar esa cultura y reanudarla.
Por esta razón, entregamos al pensamiento católico estos florilegios, con el deseo de que muchos jóvenes recojan este tesoro poético, y reanuden la honrosa tradición de cultura bruscamente interrumpida por la irrupción de una civilización tan brutalmente material que ha olvidado el significado esencial de la vida cristiana, e incluso ya de la simplemente humana.
BENDITA SEA TU PUREZA

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, Celestial Princesa,
Virgen Sagrada Maria,
te ofrezco en este día
alma, vida y corazón,
mírame con compasión
no me dejes, madre mía
Madre del amor hermoso
y de la santa confianza,
en ti pongo mi esperanza
y espero quedar airoso.
tú que al dragón insidioso
quebrantaste la cabeza,
tú torre de fortaleza
a la faz de mi enemigo,
atiende lo que te digo:
Bendita sea tu pureza
Hija hermosa del Excelso
y al mismo tiempo su esposa,
primavera deliciosa,
que ahuyentas al torvo invierno.
Tú confundes al averno,
tú admiras a Galilea,
tú fuiste la bella hebrea
en quien el Verbo se hizo hombre.
¡Bendito sea tu nombre!
Y eternamente lo sea
Tú eres el huerto cerrado,
la hermosa fuente sellada,
en donde nunca tuvo entrada,
ni la sombra del pecado.
Así lo hubo decretado
la Augusta Trina Asamblea
que al formarte te hermosea,
con tales gracias y tantas,
que al mismo Creador encantas,
pues todo un Dios se recrea.
Luna clara que iluminas
mi noche caliginosa,
nítida, fragante rosa
y lirio entre las espinas.
Si constante, me encaminas
hacia el Dios de la pureza,
tendré, Virgen la certeza
de verme en tu compañía,
viviendo un eterno día
en tan graciosa belleza.
Puerta franca eres del cielo,
arca de la nueva alianza,
iris de paz y bonanza,
y de todo consuelo.
Desde este mísero suelo
donde mi alma se embelesa
siendo cada día presa
de mis tiranas pasiones,
recurro con mis oraciones
a ti, Celestial Princesa.
¡Dios te salve, Virgen pura,
madre de grata memoria,
llena de paz y de gloria
vives, madre, en las alturas,
cual ninguna criatura!
tú tienes la primacía
sobre toda jerarquía,
y estas de Dios tan vecina
que casi rayas en divina
Virgen Sagrada Maria.
Salúdote reverente
con el más profundo afecto,
y al declararme imperfecto
y que mis culpas lamente,
verás, ¡oh Virgen clemente
abogada y madre mía!
que tomándote por guía
y llorando mi pecado,
un corazón humillado
te ofrezco desde este día.
Hermosa como la luna,
escogida como el sol,
rubia como el arrebol,
agraciada cual ninguna,
no hubo existencia alguna,
para mí en la creación,
ni la habrá, que es excepción
tan grande y tan verdadera,
y por lo tanto te diera
alma, vida y corazón.
Soberana emperatriz
señora del cielo y tierra,
cuya planta al diablo aterra
y le pisa la cerviz.
Sólo tú fuiste feliz
y pura en tu concepción,
por la gloriosa excepción
de la culpa original;
madre pía sin igual,
mírame con compasión.
¡Oh, Templo de Salomón!
¡Oh, Arca del Testamento!
¡Del cielo nuevo ornamento
y de la tierra blasón!
No desdeñes mi oración,
muéstrate conmigo pía
y en mi postrera agonía
cuando el infernal dragón
intente por mi perdición
no me dejes madre mía
Extraído del libro “El Cristianismo en los cantares populares” de Juan Alfonso Carrizo -Págs. 25-28. Ediciones Dictio Vol. 15 Sección letras Año 1978
