Hoy nos encomendamos a:
San Justo, soldado y mártir
(Siglo III)
Era este santo oriundo de la ciudad de Roma , y servia en las armas imperiales , profesando odio mortal a los cristianos. Un día se le apareció en los aires una cruz milagrosa , rodeada de resplandores celestiales. Al momento se convirtió a Jesucristo , se hizo instruir en su doctrina , y habiéndose bautizado , repartió a los pobres cuanto tenia. Seguía viviendo en Roma , frecuentando las asambleas de los fieles , observando con escrupulosidad las leyes del Evangelio , y asistiendo con particular esmero a los santos confesores que se preparaban al martirio , cuando de repente fue preso por orden del gobernador Magnecio , que habiéndole querido obligar a ofrecer incienso a los ídolos y negándose el santo , lo mandó azotar con nervios. En seguida le cubrieron la cabeza con un yelmo encendido, y le echaron en una grande hoguera ; pero el Señor que cuida de sus siervos y los mira como la pupila de sus ojos , le sacó libre de todos los tormentos sin que hubiese recibido lesión uno solo de sus cabellos; pero al poco tiempo, espiró Justo confesando a Jesucristo, en la misma ciudad de Roma , durante el siglo III.
Leyenda de oro
R.Dr. José Palau

