EL RECUENTO DE LOS LOBOS
— Indiscutiblemente, nuestro mayor logro ha sido que aún se crean católicos. Sin embargo, ya aceptan y hasta justifican la herejía.
— Se han vuelto devotos de falsos santos, se han habituado a la blasfemia, a la vulgaridad y a las ambigüedades que plagan nuestro magisterio.
— Hemos retocado tendenciosamente sus sacramentos, devastado su liturgia y protestantizado su Misa; hemos trocado sus altares por mesas y los hemos vuelto adoradores de pan.
— Los hemos inducido a un culto horizontal y antropocéntrico que efervesce durante la profanación de sus templos con bailes, aplausos y la participación festiva en lo que antaño fueran sus sagrados misterios.
— Los hemos imbuido del espíritu del mundo y hemos desacralizado y expoliado sus templos en nombre del retorno a una sencillez que servirá de mortaja al depósito de su fe.
— Los hemos hecho percibir el dogma como inflexible y anacrónico.
— Les hemos presentado la abominación de la desolación como actualización y progreso.
— Hemos extinguido sus ansias de proselitismo, los hemos hecho avergonzarse de su pasado y hemos rebajado su antigua y prepotente religión a la altura de cualquier creencia pagana.
— Les hemos enseñado a hermanarse con infieles y herejes y a sentirse en fraternal y necesaria comunión con ellos.
— Les hemos fabricado un arca de la salvación mundial.
— Los hemos obligado a renunciar a la soberbia intolerancia con que afirmaban que su fe era la única verdadera.
— Les hemos vendido la prédica de Cristo como un evangelio social, los hemos habituado al cambio perenne y han aceptado su tradición como retrógrada.
— Los hemos vuelto protestantes sin derecho a la protesta.
— Les hemos adulterado el Padrenuestro, el Credo, el Rosario, el Via Crucis y todo lo que antes creían intocable, y casi están ya extintas sus anacrónicas devociones.
— Han abrazado nuestros principios masónicos obedientemente y los hemos cegado ante la apostasía de sus pastores.
— Hemos eclipsado su Iglesia con nuestra secta de igual nombre.
— Los hemos hecho colaboradores y partícipes del advenimiento de una única religión global y rivales de quienes guardan celosamente su tradición católica.
— Los hemos sumado a las filas del Nuevo Orden Mundial y al culto a la madre tierra.
— Y, paso a paso, avanzan hacia el entierro del cristianismo con palas y picos en sus manos para ayudarnos a cavar la sepultura.
— Nuestra misión está cumplida.
— ¡Ya el Anticristo tiene su iglesia!
