HORA ÍNTIMA
“En descanso y en reposo seréis salvos, en quietud
y en confianza será vuestra fortaleza.” (Is. 30:15)
Ha llegado la hora de volver al desierto.
De cara al crucifijo, mi humanidad se postra
doblando las rodillas bajo el íntimo peso
de mundanos cansancios que reclaman auroras.
Y asciendo por la calle de la oración, al monte
en cuya cumbre aguardan consuelos inefables
que sólo traducidos por la fe, dan al hombre
alturas semejantes a estrellas.
Venerable refugio donde el alma se retira del mundo,
donde la prensa cede y el mosto se desborda,
prodigio que deshace mis más tenaces nudos,
cayado que, de pronto, reverdece por obra de Tu Gracia.
Es la hora de mi desierto santo,
Señor, cuando Te busco para adorarte a solas
como un humilde siervo, como un resucitado,
como una zarza ardiente que bulle entre las sombras.

