POR EL PODER DE DIOS
Por el poder de Dios hoy me levanto
con la fe acrecentándose en mi pecho
y me atrevo a adentrarme en el estrecho
valle que, sin Su luz, produce espanto;
por el poder de aquel que me ama tanto,
y que me guía en el sinuoso trecho,
que me defiende del maligno acecho
en medio de la dicha y el quebranto.
¡Por Su poder! Y bajo el sacro signo
de la cruz es que enfrento la batalla
contra los enemigos de mi Dios.
Porque, a pesar de ser yo un hombre indigno,
El nunca me abandona. ¡Siempre se halla
combatiendo a mi lado! Y somos dos.

