
MEDITACIÓN PRIMERA
Considera como habiendo estado la Sacratísima Virgen como tres meses en casa de Zacarías, quedando llena de bienes Celestiales esta casa con la Soberana Visita, se despidió y volvió a Nazaret a su pobre casa.
Considera las lágrimas que derramarían tanto Zacarías como Isabel al tiempo de despedirse la Soberana Princesa; el mismo Niño Juan encerrado en el vientre de su Madre, se llenó de dolor con su ausencia, así como saltó de placer cuando llegó a la casa la Santísima Virgen.
Llegó a Nazaret edificando al mundo, tanto en los caminos, como en las casas, y en todas partes con los excelentes ejemplos de sus heroicas virtudes.
Pero después que la Virgen vino de casa de Zacarías, viéndola su Esposo encinta sin saber la causa, sintió grande aflicción; y como fuese justo no quiso llevarla a su casa ni infamarla, sino dejarla secretamente.
Sobre esta verdad se han de considerar los secretos juicios de Dios en no querer revelar este Misterio a San José como lo reveló a Zacarías y a Santa Isabel, cuyo fin fue tomar de aquí ocasión para ejercitar a la Virgen y a su Esposo; porque San José se afligió mucho; pero mayor fue la aflicción de su Esposa por verse por esto a punto de ser desamparada.
Todo esto trazó el Señor por el grande bien que hay en las aflicciones y humillaciones, con las cuales pretendió disponer a estos esclarecidos Esposos, para los grandes favores que habían de recibir dentro de poco tiempo en la Ciudad de Belén; por que la humillación es vigilia y anuncio de la exaltación, y por la misma razón ejercitó Dios a San José para disponerle a recibir la revelación de tan alto Misterio; con esta ocasión ejercitaron estos dos esclarecidos Santos las mas excelentes virtudes.
San José mostró grande paciencia y prudencia. La paciencia mostró en sufrir esta prueba en silencio, sin quejarse de ella, sin murmurar de su conducta; antes como justo resolvió en callar y sufrir su pena dentro de su corazón. La prudencia mostró en buscar y hallar medio para conservar la honra de su Esposa; y resolvió dejarla secretamente.
Pero la Virgen, como era más Santa, descubrió virtudes más esclarecidas, ejercitando cuatro muy insignes propias de los muy perfectos en tales casos; estas son: rara humildad y silencio, gran confianza en la Divina Providencia, y continua oración.
Por humildad calló y lo dejó todo a la disposición de Dios, esperando de su infinita misericordia miraría por su cuidado. Y así sucedió: Que estando en estos pensamientos San José se le apareció en sueños un Ángel, y le dijo; José hijo de David, no temas de recibir a María tu Esposa: porque lo que está en su vientre no es por obra de varón, sino por el Espíritu Santo. Parirá un Hijo, y se llamará Jesus, porque salvará a su pueblo librándole de sus pecados.
Pondera aquí la fidelidad de la Divina providencia en acudir a remediar las aflicciones de los suyos cuando han llegado al grado más alto de aflicción, tomando medios Divinos cuando faltan los humanos, y por eso envió un Ángel a San José para que le revelase este Misterio, diciéndole que no tema porque la Virgen ha concebido por el Espíritu Santo.
¡Cuánta sería la alegría de San José con estas nuevas! ¡Qué aviso para no juzgar mal de nadie! ¡Qué agradecido quedaría a Dios por haberle dado Esposa con tanta Santidad y de tanta Dignidad, y por encargarle el cuidado de su Hijo Unigénito. ¡Y qué alegre de ver que llegaba ya la redención del mundo; y aun mismo tiempo que llena de gozo quedaría la Sacratísima Virgen María, viendo ya quieto, y sosegado a su Esposo, cumplida su esperanza en la Divina providencia; que agradecida para Dios Nuestro Señor por haber vuelto por su causa.
Y obedeciendo José al mandamiento del Ángel, se levantó luego, y llevó a su casa la Virgen, y vivió con ella castísimamente hasta el parto, y mucho más después. En lo cual se ha de ponderar la obediencia de José, y la reverencia con que llevaría a su casa, a la Sacratísima Virgen María su Esposa, le diría palabras semejantes a las de Santa Isabel: ¡de donde a mí que entre en mi casa la Madre de mi Señor!
¡Oh que amor tan grande le cobraría a esta Señora! ¡Que conversaciones tan santas habría entre los dos: entonces la Sacratísima Virgen le revelaría lo particular que el Ángel le había dicho en la anunciación, y lo que había pasado en casa de Zacarías; porque entonces ya era tiempo de hablar, para informarle del Misterio a honra gloria del que le había obrado! ¡Oh dichoso Santo a quien tan buena compañía le cupo en suerte! ¡Oh Serafines de la tierra que con vuestras alas voláis ligeramente a cumplir la Divina voluntad! Suplicad al Señor para que mi corazón se abrase en las llamas de su amor para recibirle.
Dichoso pues el cristiano que en este Santo tiempo renueva en su Corazón con el fervor posible los ardientes deseos de aquellos Santos Patriarcas, diciendo con la Iglesia. ¡Oh Rey de las Naciones, Piedra angular que reúnes en un mismo cuerpo la Sinagoga y la Iglesia, ven a salvar al hombre, que sacaste del barro para formarlo a vuestra Imagen! Llénese nuestro corazón de placer, demos señales de alegría, porque está cerca el día del Señor; mirad que viene a salvarnos. Alegría, alegría.
MEDITACIÓN SEGUNDA
Considera como uno de los títulos más famosos, que en la Escritura Sagrada tiene Jesucristo nuestro Señor, y fin para que vino al mundo es el de Pastor; por este nombre estaba prometido por los Profetas. Por Ezequiel había dicho Dios: Yo tengo de salvar a mi ganado y mis ovejas, y por esto les tengo de dar un Pastor que les apaciente, que será mi Cristo, Hijo de David, y figurado en David ya difunto; este con su doctrina y su gracia las apacentará; y será Pastor de ellas; así Jesucristo tiene ovejas que son todos los fieles que fueron y son al presente; como son ovejas suyas por haber recibido de él en cuánto Dios, el ser natural por la creación, así lo son por haber recibido en cuanto Salvador el ser espiritual.
Él es nuestro Señor Dios dice David, y nosotros somos pueblo particular suyo, y ovejas de su pasto, hechas de su mano; y Jesucristo como buen Pastor, y en cumplimiento de su oficio, apacienta sus ovejas con pastos gruesos, hermosos pingues y saludables, y con el mayor cuidado, las lleva a las fuentes cristalinas de aguas dulces y darles allí de beber: estas ovejas que somos todos los seguidores de Jesucristo, las mantiene el Señor en los montes de Israel, como dice Ezequiel; y estos montes son la Iglesia extendida por todo el mundo, y que siendo universal tiene muchos montes dentro de sí, que son muchas Iglesias particulares; aquí es donde están los pastos muy abundantes y pingues donde coman, y arroyos dulces y claros donde beban: estos son; la palabra Divina, la Oración, el Sacrificio, los Sacramentos y todos los demás bienes que hay en la Iglesia; estos son los pastos con que nuestro buen Pastor alimenta las Almas que son sus ovejas.
¿Quién podrá ponderar la dulzura y suavidad que las Almas hallan en estos soberanos pastos? Con ellos se sustentan y crecen en virtud, conservan la vida de la gracia y reciben grandes fuerzas y aumento admirable, suavidad y dulzura, para ejercitar buenas obras, para sufrir las adversidades con paciencia dulzura y suavidad, alentadas y devotas en el servicio de Dios, y que son animadas de grande confianza de su salvación, siguiendo en estos deseos con firmeza, fortaleza y constancia.
Esto confiesa David diciendo: Oh Señor, cuan dulces y suaves son las palabras de tus Mandamientos; verdaderamente son más sabrosas y deleitables al gusto de mi Alma, que lo es la miel y toda suavidad del mundo al gusto de mi boca y mis sentidos; y Jesucristo nuestro Señor nos dice, que es buen Pastor, y que su doctrina es suave y dulce; pero esta dulzura la siente el alma creyéndola, meditándola y guardándola; considerando bien las perfecciones de Dios y sus obras y todos los Misterios y beneficios de Jesucristo.
Mandaba Dios en la Ley antigua que los animales que no rumiasen fuesen tenidos por inmundos, y que no los ofreciesen en Sacrificio; más los que rumiasen y tuviesen la uña hendida, estos fuesen tenidos por animales puros y limpios y estos le fuesen ofrecidos en Sacrificio.
Y unos de estos animales limpios, que rumian y tienen la uña partida, es la oveja; y así el ser Alma oveja de Cristo, y la palabra, doctrina y ley de Dios, Oración y Sacramentos y demás bienes espirituales, su manjar y su pasto, nos enseña cómo es preciso rumiar este manjar, meditando y considerando con atención y vigilancia los Misterios que nos descubre la palabra de Dios, conservando siempre nuestra alma limpia y pura.
PROPÓSITOS
Pastor Divino, que con la mayor vigilancia cuidas de tus ovejas administrándoles el sabroso manjar de vuestra santísima ley y llenándola de los pingues pastos de las virtudes. Nosotros queremos alimentarnos con ellos. Los bienes de este mundo son las yerbas venenosas que dan muerte a nuestra alma.
Alma mía, si abundan los bienes de la tierra no pongas el corazón en ellos, así lo dice el Espíritu Santo por boca de David: siempre y en todos tiempos estamos obligados a ser pobres de espíritu.
Es verdad que Abraham y otros Santos fueron ricos y poderosos, pero estos supieron juntar las riquezas con la pobreza de espíritu, que es no tener el corazón pegado a ellas, y así no les sirvieron de daño, teniéndolas fuera de él, antes les aprovecharon porque estos no ofenden a quien las tiene fuera de sí, mirándolas como extrañas, sino a quien las trata como propias y las tiene dentro del corazón, como no daña el veneno que está en la botica, sino el que está dentro del cuerpo y apoderado del estómago.
Jesucristo nuestro Señor dice: El que ama en este mundo su alma la pierde, y el que la aborrece en él la guarda para la vida eterna. Lo que explica el Angélico Doctor Santo Tomás diciendo. El que ama su Alma para los bienes mundanos, la perderá para los bienes eternos; pero el que aborrece su alma en este mundo no permitiendo que los bienes de él la manchen, ni cautiven su corazón, y trabajare en mirarlos con desprecio, este guarda su alma para la vida eterna.
