DÍA 21 DE DICIEMBRE: Y SEXTO DE LAS MISAS DE LA EXPECTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA

dulce espera

MEDITACIÓN PRIMERA

Considera el Soberano Cántico de Magnificat que la Sacratísima Virgen compuso, y entonó en casa de su Prima Santa Isabel, para dar gracias al Señor por tantos favores, y beneficios, como se habían obrado en aquella bienaventurada casa por la misericordia de Dios.

Y así será bien meditar todas sus palabras, para que sepamos rezarle con espíritu a honra de la Virgen, juntando con cada palabra o verso algún afecto santo, o algún gozo de las virtudes de esta Señora, con su petición y coloquio sobre ella.

Mi alma engrandece al Señor

En este primer verso nos enseña la Virgen el espíritu de alabar a Dios, sintiendo alta y magníficamente de Él, y engrandeciendo todo lo posible sus maravillosas obras, acordándose de su bondad y misericordia, de su sabiduría y caridad, de su excelencia y señorío y de los beneficios que recibimos de su benéfica mano, dándole gracias por ellos.

Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador

En estas palabras descubre la Virgen María el modo de gozarnos en Dios, dándonos a conocer cinco condiciones de este gozo, para ser puro, y perfecto.

La primera, que no hemos de poner nuestro gozo en las cosas del mundo, sino en Dios y en todo lo que sea agrado de Dios.

La segunda, que nos hemos de alegrar, no tanto por los dones recibidos, cuanto por venir los dones del mismo Dios.

La tercera, que nos hemos de gozar en Dios, no tan solamente porque es Nuestro Criador, sino también porque es Nuestro Santificador y Salvador.

La cuarta, que este gozo principalmente ha de ser en el espíritu, o parte superior del alma, para que sea limpia de todo lo que tiene resabio de carne.

La quinta, que nuestro espíritu no se ha de gozar en sí mismo, sino que se ha de alegrar en Dios Nuestro Señor que es el dador de todos los bienes.

Porque miró la pequeñez de su Esclava

En este verso, y en los siguientes declara la Virgen diez soberanos beneficios; tres especiales, y siete generales; los cuales son las principales causas y títulos que tiene para engrandecer a Dios, alegrarse en Él y mostrársele tan agradecida.

El primero, es porque miró la humildad y pequeñez de su Esclava; en las cuales palabras la Virgen apunta dos raíces de los divinos beneficios: una principal de parte de Dios y otra de parte nuestra. De parte de Dios, es el dignarse de mirarnos con buenos ojos y acordarse de nosotros para hacernos bien. De parte nuestra, es el reconocimiento de nuestra pequeñez, por lo cual nos disponemos a recibir los dones de la Divina grandeza; y así la Virgen, como tan ilustrada de Dios, juntó ambas cosas engrandeciendo al Señor porque se dignó mirar la humildad de su esclava.

Mirad que desde este punto me llamarán Bienaventurada todas las generaciones

Este es el segundo título y segundo beneficio que tuvo la Virgen para engrandecer a Dios, porque desde aquel punto que miró su pequeñez la llamarán bienaventurada todas las generaciones que creyesen en Jesucristo, con lo cual no toma la Virgen por motivo de gozo sus propias alabanzas, sino en las grandezas que Dios la dio es que se fundan; el bien que resultaría a todos los que las sirviesen y alabasen.

Porque ha hecho en mi cosas grandes, el que es Poderoso, cuyo nombre es Santo

Es es el tercero beneficio y título, por el cual la Virgen se vio obligada a glorificar a Dios, reconociendo en sí las cosas milagrosas que su poderosa mano había obrado en Ella, como ser Madre del mismo Creador del Cielo y de la tierra, y a un mismo tiempo Virgen. Reconocía también las virtudes y dones con que el Señor la había adornado desde el primer instante de su Concepción hasta entonces; porque no es contra la humildad reconocer en sí los dones de Dios, que concede para tributarle las más rendidas gracias, como venidos de su bondad y misericordia.

Y su misericordia se extiende de una en muchas generaciones a todos los que le temen

Este es el cuarto beneficio y título, porque la Virgen engrandece a Dios, no tan solamente por los beneficios que había recibido, sino también por los que esperaba recibir; y no tan solamente por los beneficios suyos, sino también por los que había de derramar sobre todas las naciones del mundo; pues encendida en la llama de la caridad se alegraba del bien de los demás.

Hizo obras poderosas con su brazo

Este quinto beneficio y título para glorificar a Dios, es la consideración de las obras de su Omnipotencia, y que ha hecho con su propia virtud; las cuales la Virgen las meditaba, acordándose de la prodigiosa creación de los Cielos y la tierra, del Sol, de la Luna, de los Astros, de los Mares, y de todos los seres y de su maravillosa conservación y gobierno, con tanta prudencia y sabiduría; como asimismo consideraba otras maravillas que Dios ha hecho y puede hacer, o lo que tiene costumbre de hacer conforme a su voluntad, contemplando asimismo el establecimiento del Reino de Cristo, que triunfará de todos los esfuerzos que hagan contra Él sus enemigos.

Ha desbaratado los intentos que tenían los soberbios en su corazón

El sexto beneficio, y título para glorificar a Dios es no solamente la Omnipotencia que muestra en las obras de su misericordia, sino también la que ha mostrado en las obras de su justicia, castigando a los soberbios, deshaciendo sus maquinaciones y trazas, y los pensamientos altaneros de su corazón. La Virgen revolvía esto en su memoria acordándose como Dios había deshecho las trazas del soberbio lucifer, que quería hacerse semejante al Altísimo; las trazas de los soberbios de la Torre de Babilonia, etc.

María hace aquí alusión al poder con que el Señor abatió el orgullo de los que con porfiada obstinación le resistieron, como Faraón, Nabucodonosor, Senacherib, Holofernes, Anthioco, y otros soberbios, y los castigos que el Señor hizo con ellos,

La Virgen alaba la mano poderosa de Dios por todo esto, así como Jesucristo lo hizo cuando dijo Te alabo, Padre Celestial, porque escondiste estas cosas a los sabios y prudentes, y las revelaste a los pequeñuelos.

Echó del trono a los poderosos, y ensalzado a los humildes, llenó de bienes a los hambrientos, y a los ricos dejó vacíos

Esto dos versos abrazan otros dos títulos de reconocimiento a los beneficios de Dios y darle gracias y alabanzas por la junta que hace de su misericordia con su justicia, mostrando su poder en echar de sus tronos y sillas a los poderosos del mundo, quitándole los reinos, o dignidades y las grandezas que tenían, y en su lugar ensalzar y entronizar a los pequeñuelos y bajos, así como lo hizo castigando la soberbia de Saúl y ensalzando al humilde David; y así como echó de su Trono Celestial a los Ángeles soberbios y en su lugar levantó a las almas humildes; y del trono de este mundo echó a su soberbio príncipe satanás, que le tenía tiranizado, y en su lugar levantó a Nuestro Señor Jesucristo que es Maestro de la humildad.

Y de la misma manera a los hambrientos y pobres en este mundo, pero que tienen hambre de la santidad y virtud, caminando con fervor por los Mandamientos del Señor, los llenará de bienes espirituales, haciéndolos dueños de los tesoros de la Gloria, permaneciendo en sus buenos deseos hasta la muerte, y por eso dijo Jesucristo: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. Y por el contrario deja vacíos a los ricos de este mundo, que se tienen por dichosos con sus abundantes riquezas y creyéndose que nada les falta, no tienen la hambre de la santidad; y así son miserables, pobres porque les faltan las riquezas espirituales y si mueren en esta desgracia, padecerán después una hambre que no tendrá alivio en toda la eternidad.

Pero pueden ser ricos quitando el corazón a los bienes de este mundo, empleándolos en alivio de los pobres y obras piadosas, y en todo lo que sea según la voluntad del señor, y de esta manera con sus riquezas compran el Cielo.

Recibió Israel su siervo, acordándose de su misericordia: como lo había dicho a nuestros Padres Abraham, y todos sus descendientes por todos los siglos.

Estos dos versos abrazan otros dos beneficios y títulos poderosísimos para alabar, bendecir, y engrandecer a Dios, y alegrarse en Él: uno es el cuidado y providencia que tiene de mirar por los que ha tomado a su cargo, como hijos y domésticos suyos, acudiendo a remediarlos, porque el Señor miró y trató a los Israelitas, no tanto como a siervos, cuanto como a hijos suyos, y en este sentido dijo el Señor a la Cananea: que no era bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros.

El otro título es la fidelidad grande que tiene Dios en cumplir las promesas que ha hecho a nuestros Padres, cumpliéndolas fielmente en todos sus descendientes hasta el fin del mundo, dando a entender en esto que jamás faltará su misericordia: así como ha cumplido la palabra que dio a Abraham y David de que vendría a remediarlos y a dar salud y vida a todos sus hijos por todos los siglos.

Con estas dos consideraciones se encendió el alma de la Virgen Santísima, para engrandecer a Dios y su espíritu se alegró en Dios su Salvador; y así nuestras almas se han de alegrar y engrandecer a Dios con semejantes afectos.

Estos son los diez Soberanos beneficios, que son otros tantos títulos o causas que en este Cántico alegaba la Virgen para glorificar a Dios inspirada por el Verbo Eterno encarnado que tenía en sus entrañas.

Dichoso el cristiano, que en este Santo tiempo renueva en su corazón con el fervor posible los ardientes deseos de aquellos Santos Patriarcas, diciendo con la Iglesia: ¡Oh Celestial Oriente! esplendor de luz eterna, Sol de Justicia, ven a iluminar a los que yacen en tinieblas, entre las sombras de la muerte. No hay que temer, porque al quinto día vendrá el Señor.

 

MEDITACIÓN SEGUNDA

Considera que Jesucristo, no tan solamente con su Doctrina Evangélica nos enseña lo que hemos de hacer, sino también nos lo manda y nos obliga a ello; y así no solamente es nuestro Doctor y Maestro, como hemos ya meditado, sino también es nuestro Legislador, que da leyes y mandamientos, nos obliga a su cumplimiento; y así lo tenía el Eterno Padre prometido al mundo.

El Señor, dice Isaías, es nuestro Legislador, él nos visitará con su presencia visible en carne mortal, y nos declarará la voluntad de su Padre, y nos dará ley y mandamientos, y nos regirá y salvará.

Por nombre de ley se entiende la ordenación en razón y prudencia, que hace el que tiene cargo de alguna Comunidad en orden al bien común de ella, y la propone y promulga a sus súbditos, con autoridad y firmeza, para que la observen.

Y de esta manera Jesucristo que es Señor de todo el Universo, con su Divina Sabiduría hizo ley, y por sí mismo la promulgó al Pueblo de Israel; y por medio de sus Apóstoles y Discípulos a todo el Mundo, y en todos los siglos sucesivamente la va promulgando por medio de sus Ministros; y así dijo, id por todo el mundo universo, y predicad el Evangelio a toda criatura, que es a todos los hombres y a todas partes y Naciones del Mundo; así lo hicieron los Apóstoles y Discípulos del Señor, cumpliendo este orden suya predicando la ley Evangélica a todas las Naciones del Orbe que estaba descubierto; y así lo van cumpliendo los Ministros de la Iglesia, predicando a las Naciones que de nuevo se van descubriendo.

Seamos exactos en cumplir esta Divina ley, que en ello está nuestra felicidad.

PROPÓSITOS

Nuestro Señor Jesucristo, este Soberano Legislador de los hombres, nos manda en su Santísima ley que aborrezcamos el mundo y todo cuanto pueda alagar nuestro sentido, y así nos dice en su Santo Evangelio, que usemos de sus bienes no para el deleite de la sensualidad, no para el gusto de la gula, no para el desorden de la avaricia, no para la torpeza de la lujuria ni para la irracionalidad de otro cualquiera vicio, sino para remedio de la necesidad; y así en cuanto usamos de las cosas de este mundo ha de ser sin que haya mezcla de pecado ni vicio, y en las cosas indiferentes en sí mismas debemos hacerlas buenas levantando el corazón a Dios, cuando las practicamos con el recto fin de agradarle.

Lícito, bueno y meritorio, es comer y beber para reparar la salud perdida por una enfermedad y para sostener la vida comiendo y bebiendo con moderación y levantando el corazón a Dios.

Pero ilícito, malo y reprehensible es comer y beber por deleitar la gula, oponiéndose a la templanza y en perjuicio de su salud; y así muchos Santos y Varones virtuosos tuvieron gran cuidado en esto para no ofender a Dios.