DÍA 19 DE DICIEMBRE: Y CUARTO DE LAS MISAS DE LA EXPECTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA

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MEDITACIÓN PRIMERA

Considera como el Verbo Encarnado estando en el vientre de su Madre, con el entrañable deseo que tenia de salvar a los hombres, luego que puso los ojos en Juan que estaba en el seno de Santa Isabel, y había de ser su Precursor viendo que estaba en pecado original se dolió de él y se determinó de librarle luego de aquella miseria y santificarle tomando posesión del oficio de Redentor que tenía a su cargo; y para esto inspiró eficazmente a su Madre que con presteza fuese a visitar a su prima y de camino hacer esta grande obra.

Después que el Arcángel San Gabriel se despidió de la Sacratísima Virgen María se puso en oración a dar gracias a Dios por el beneficio recibido de la Encarnación del Verbo; allí recibió la inspiración Divina de visitar a su prima Santa Isabel, y obedeciendo a la inspiración se levantó y fue con priesa a las Montañas de Judá a la ciudad de Hebrón (que estaba como seis leguas de Jerusalén y como treinta de Nazaret) donde vivía Zacarías; tuvo la licencia de su castísimo Esposo, el Señor San José.

Considera el gran deseo que tenía el Señor de nuestra salvación: que apenas había encarnado, cuando va a santificar a Juan, y no quiere que vaya despacio su Madre sino cum festinatione, a prisa.

De esta inspiración tuvo principio la jornada, y en ella aunque caminaba la Purísima Virgen pisando la tierra y admirando con sus hermosísimos pasos el Cielo, quien principalmente movía sus felicísimos pies, dice Orígenes, era el Niño Divino encubierto en sus purísimas entrañas para que visitando Ella a Santa Isabel; visitase el Santísimo Niño a San Juan; y aunque ambos son Niños que no hablan, pero tienen uso de razón, y se pueden visitar y suplir la falta de palabras con las manos; por eso dijo el Ángel que la mano del Señor estaba con San Juan.

En este Soberano Misterio hubo dos visitas, la una la que hizo el Verbo Encarnado a San Juan; y la otra la que hizo María Santísima Nuestra Señora a Santa Isabel para llenarlos de bienes Celestiales.

Bien le cuadran a este Niño Benditísimo los nombres que le puso el Padre Eterno por el Profeta Isaías de acelerado, apresurado y despojador, pues con tanta prontitud y aceleración, comienza el oficio de Redentor. El amor que nos tenía y el deseo de nuestra salvación, no le dejan ir despacio en la carrera de ella, por eso lo compara la Esposa en los Cantares al cervatillo, porque dicen los naturalistas que además de su ligereza tiene la propiedad de perseguir los animales ponzoñosos, en que se significa el aborrecimiento tan extremado que el Divino Niño tiene a la ponzoña del pecado desde su misma concepción y la enemistad contra los demonios, de cuyo dominio sacó a Juan su Precursor librándole con tanta presteza del pecado original, y adornándole con excelentísimos dones de gracia.

Considera la perfecta obediencia de la Santísima Virgen María a esta inspiración, la cual refiere el evangelista: diciendo: Se levantó María fue con apresuración a las montañas de Judá, porque lo primero no aguardó a precepto ni ordenación expresa, sino así que conoció la voluntad de Dios de que visitase a su prima, esta inspiración bastó para que lo hiciese.

Lo segundo fue pronta y puntual porque no dilató muchos días la visita movida de la eficacia del Santo Espíritu, pues sería como a los tres días de la Encarnación del Hijo de Dios.

Lo tercero fue muy pura esta visita en la intención pretendiendo solamente en ella la gloria de Dios y el cumplimiento de su voluntad Santísima.

Lo cuarto fue mezclada con mucha caridad, paciencia, y humildad; porque sin reparar en la Divinidad de Madre de Dios que se le había dado, gustó de visitar a la que era inferior a Ella, servirla y darle el parabién de la misericordia que Dios le había hecho de concebir en su ancianidad a su Hijo Juan.

Y aunque el camino era largo y áspero, y Ella tierna y delicada, y no acostumbrada a tales trabajos, no dudó dejar su recogimiento por cumplir la voluntad del Señor que así lo quería.

Últimamente considera el modo con que esta Señora caminaba que era a pie y con ejemplarísima modestia; sin mirar a los que en el camino encontraba ni divertirse con curiosidad; toda abismada en alta contemplación de las maravillas del Señor acompañada de millares de Ángeles que la servían como a Soberana Princesa de todos ellos; el corazón todo puesto en el Señor de Cielos y tierra que llevaba en su castísimo vientre; abismada en su contemplación y en quien tenía los más dulces coloquios por todo el camino.

MEDITACIÓN SEGUNDA

Considera a Jesucristo también como Esposo de las almas justas con quienes está unido con el lazo hermoso de la Caridad.

¿Y qué es lo que hace este Esposo Celestial con estas Almas?

Lo primero las ama de todo corazón con amor casto y puro sin interés ni respetos humanos con el fin de que amen y sirvan a Dios y alcancen la Bienaventuranza para que fueron creadas y redimidas. Todas las Almas ama Cristo porque es aquel Dios Criador y conservador de todas las cosas; y por eso dice el Sabio: tuyas son Señor todas las cosas: y él es aquel Salvador, que en cuanto hombre dio la vida por salvar todas las almas, de quien dice San Pablo que es el Salvador de todos los hombres más particular de los fieles.

Mas a las Almas Justas, que son esposas, ama mucho más, y por otro modo más eminente uniéndolas estrechamente consigo, de este amor, dice Yo amo a los que me aman, ¿quién podrá explicar la grandeza de este amor con que Jesucristo ama a las Almas que como Esposas suyas por estar en su gracia le aman?

Grande y muy fuerte es el amor que los padres y madres tienen a los hijos, más si se pusieran estos y todos los amores que ha habido hay y habrá en el mundo, todo es nada en comparación del amor que Jesucristo tiene a las Almas que son sus Esposas por la gracia.

El amor es el que significa este Celestial Esposo en los Cantares diciendo a la Iglesia y a las Almas sus Esposas: has herido mi corazón con herida de amor hermana mía y esposa. Hermana mía eres por la unión que tienes conmigo en la naturaleza humana que tomé; y Esposa mía eres por la unión de amor que tienes conmigo, y te amo tanto que estoy herido y llagado de amor; y aun con todo lo bueno que tienes y haces porque guardas mis mandamientos me agradas y me enciendes en tu amor; más particularmente me has herido y me has inflamado con uno de tus ojos, y con un cabello de tu cuello, que es decir con la vista que tienes de fe viva, y de intención pura y limpia con que en todas las cosas miras mi honra y gloria y buscas el cumplimiento de mi voluntad; y con la obediencia humilde que tienes a todos tus mayores que son el cuello de la Iglesia que la junta con su cabeza; con esta obediencia del entendimiento y voluntad te atas y unes con ellos y por medio de ellos te unes conmigo más estrechamente con vínculo de amor.

PROPÓSITOS

Alma Cristiana, no seas ingrata, corresponde en cuanto puedas al amor excesivo con que te ama Jesucristo tu querido Esposo; muere primero antes que romper este hermoso lazo.

Si no puedes practicar penitencias y mortificaciones extraordinarias, no te aflijas si procuras ser fiel observadora de los Divinos Mandamientos y en el cumplimiento de tus obligaciones todas, de esta manera agradarás a tu Dios y le amarás.

No pongas el corazón al mundo ni aun la más mínima parte, sino entrégaselo entero a tu Señor, trata con Él, y experimentarás sus dulzuras y bienes espirituales, y verás cuán fácilmente te dejas llevar de ellos, y a un mismo tiempo te causarán fastidio los bienes del mundo, porque el Señor es suave y dulce y el mundo amargo y lleno de dolor.

El Don de Dios es tan dulce, tan rico y lleno de estimación tanta, que con él se satisface plenamente el Alma y hace quitemos el amor y hambre a las riquezas y bienes del mundo, y cuanto en él puede alagar nuestros sentidos.

El Padre San Gregorio dice: que así como después de haber gustado la miel, por cuya dulzura los demás manjares nos parecen desabridos; así gustando un Alma las dulzuras del Espíritu de Dios, todos los bienes, comodidades, y consuelos del mundo se desvanecen.

¡Oh alma mía!, date priesa a caminar por los Mandamientos del Señor y esta diligencia será un testimonio del amor encendido que tienes a tu Dios.

El amor, dice el Padre San Gregorio, no está en los deseos de amarle, sino en una diligencia eficaz y permanente en guardar sus mandamientos.