DÍA 18 DE DICIEMBRE: Y TERCERO DE LAS MISAS DE LA EXPECTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA

MEDITACIÓN PRIMERA

Considera el gozo que resultó a todas las personas que intervinieron en el adorable misterio de la Encarnación; principalmente el contento de la Santísima Trinidad en ver cumplida su promesa, y en haber manifestado a los hombres esta muestra de su omnipotencia de su bondad, y amor.

¡Oh cuán alegre estaría el Padre Eterno por habernos dado a su Hijo, y con qué amor tan infinito amaría a este Niño Dios y hombre verdadero, y con qué amor se agradaría en Él sobre todo lo criado!; pues, como dice Santo Tomás, mucho más ama Dios a solo Jesucristo, que a todos los Ángeles, y hombres, y a todas las criaturas juntas; porque le quiso dar un Nombre sobre todo nombre que es el nombre y ser de Dios: Jesús, Hijo del Altísimo; y así mucho más se goza y agrada de mirarle, que de mirar a todo el resto de lo creado, y por crear.

Pondera el contento que tendría el Hijo de Dios Padre, Verbo Eterno, en verse hecho hombre, y el amor tan entrañable con que amaría aquella Santísima Humanidad, y la abrazaría consigo, como el día de las más alegres bodas, con propósito de no dejar lo que una vez tomó; y por su respeto desearía abrazar a todos los hombres como a deudos suyos; empresa tan agradable a su Padre, y tan provechosa para todo el mundo.

Pondera también el contento del Espíritu Santo, en haber hecho esta obra de tan grade amor, por atribuirse a esta Persona la bondad y amor, y entonces parece que llenó su deseo, habiendo hecho la suprema obra de amor que podía; por lo que dijo Isaías: Que saldría una vara de la raíz de Jesé, y de ella una flor, sobre la cual descansaría el Espíritu del Señor ; porque en este verbo Encarnado figurado por esta vara y flor de Jesé, halló el Espíritu Santo descanso, y gozo perpetuo, como la cosa que más amaba.

Pondera el gozo de aquella Santísima Humanidad cuando se vio levantada a tanta grandeza, como del profundo de la nada a lo más alto del ser Divino, y había recibido la inmensidad de gracias y dones correspondientes a quien tenía tan noble ser, diría con grande regocijo aquello de la Esposa: He hallado todo lo que mi alma podía desear; le tendré con gran firmeza, y no le dejaré.

¡Que pasmada y admirable quedaría y llena de gozo aquella venturosa humanidad! Si el gozo se causa a la medida del bien presente, el cual era infinito, ¿quién podrá declarar, ni comprender la inmensidad de este gozo?

Pondera el gozo de la Virgen Santísima en aquel instante de la Encarnación, porque le dio Nuestro Señor una luz extraordinaria, con que vio el modo como se obró este misterio en sus entrañas, y cuando vio a Dios hecho hombre dentro de sí; y así se vio Virgen y Madre, y Madre de tal Hijo; su Alma fue llena de inefable gozo de verse Madre de Dios, y Madre Virgen, de ser medio que fuese Dios conocido, y el mundo remediado.

No se pueden declarar los sentimientos de amor, los afectos de gozo, y resplandores que su Alma recibió en la entrada del Divino Verbo en Ella.

Si una nube obscura se vuelve resplandeciente y hermosa cuando es embestida de los rayos del Sol, ¿cuál quedaría la Sacratísima Virgen María entrando en ella el Sol de Justicia? Si antes estaba llena de gracia, ¿qué abundantísima tendría ahora de todas las gracias, y que gozo con la posesión de ellas?

Pondera el gozo que causaría a los Ángeles en aquel Palacio resplandeciente de la gloria con esta nueva luz, que hacía más resplandeciente la suya.

¡Que admiración les causaría al mirar el prodigio que Dios había obrado de unirse a la naturaleza del hombre en el claustro de María, quedando Madre y Virgen, y tan llena de gracia con el fin de remediarnos!

Últimamente ponderar la razón que tenemos los hombres de estar contentos, con vernos emparentados con Dios y levantados a tanta dignidad, y por haberse dado principio en este día a nuestra redención y reconciliación, quedando nuestra naturaleza sublimada, y endiosada.

Gózate alma mía sumamente de este misterio.

 

MEDITACIÓN SEGUNDA

Considera como uno de los títulos y nombres de Nuestro Señor Jesucristo celebrado en la Santa Escritura, y porqué también vino al mundo, y que más descubre su amor para con los hombres y los beneficios, consuelos y regalos que les comunica en esta vida y en la otra; es el nombre amorosísimo de Esposo de la Iglesia

Este Nombre le da el Real Profeta David, cuando hablando de Jesucristo por semejanza del Sol dijo: En el Sol puso su morada, el cual sale por la mañana con grande claridad y hermosura, como el Esposo que sale del Tálamo adornado con vestiduras muy ricas y resplandecientes; que es decir, puso Dios su morada en Jesucristo, Sol de Justicia, juntando la naturaleza humana con la Persona Divina, y salió este Señor del Tálamo y secreto Virginal de la Sacratísima Virgen María, como verdadero Esposo, lleno de todas las gracias y dones Divinos, y adornado con riquezas y Gloria Celestial.

Isaías le dio el mismo título cuando dijo; Como el Esposo se goza con la Esposa que mucho ama; así tu Dios se gozará mucho contigo; lo cual se cumplió cuando apareció en carne mortal y juntó la Iglesia consigo llamándose a sí mismo Esposo, y a los Apóstoles hijos del Esposo.

Veamos en qué consiste el desposorio espiritual entre Jesucristo y la Iglesia, por la semejanza del desposorio corporal.

El desposorio visible y temporal que pasa entre el varón y la mujer cuando se casan por palabras de presente, en que la mujer se entrega al marido haciéndose cosa suya, y el varón a la mujer; y de aquí viene que se hacen una misma cosa en el alma, en el cuerpo y en los bienes; en el alma amándose el uno al otro como a sí mismo porque cada uno es el otro, entiende ama a sí mismo; por eso dijo San Pablo, el que ama a su mujer, ama a sí mismo, porque ama la cosa suya.

El desposorio espiritual entre Cristo y la Iglesia consiste en la unión y vínculo especial entre el Hijo de Dios y la misma Iglesia.

Este desposorio tiene sus grados que son su principio, progreso, aumento y perfección.

El principio fue cuando el Hijo de Dios, en las entrañas de la Virgen, en aquel Tálamo virginal, unió con su Persona Divina la naturaleza humana, y quedó hecho Esposo con todos los hombres y a la Iglesia la tomó por Esposa, y estos días lo anunciaron los Profetas, dijo San Pedro, que es decir, los Misterios que en estos días se han obrado.

Este desposorio se ha aumentado y perfeccionado más en la Pasión y Muerte del mismo Señor; porque toda la naturaleza humana estaba bajo el dominio y servidumbre del demonio, por el pecado original que no estaba del todo quitado, hasta que Jesucristo con su pasión y muerte lo redimió y salvó.

Entonces a la naturaleza humana y a la Iglesia que la había unido consigo por ser hombre ganándola por título de justicia y haciéndola suya en la Encarnación; en la Pasión y muerte la dotó, dando por ella todo el precio de su Sangre, y cuanto fue de su parte la trajo a la compañía y unión de su amor y de su Bienaventuranza, porque esta fue la caridad y liberalidad infinita de este Esposo Celestial, que viendo que la Esposa era pobre, y que estaba debajo del poder de enemigos, y que por los pecados estaba hecha muy vil y despreciada, indigna de tal Esposo; Él mismo la dotó y la ganó, la redimió de los enemigos, la enriqueció, ennobleció y la hizo digna suya.

Esto declaró el Apóstol diciendo: Cristo amó su Iglesia y se entregó a la muerte de Cruz por ella para santificarla y hacerla limpia con su Sangre; y esto lo hace mediante el Bautismo y los demás Sacramentos de los cuales fue el autor.

Y esta Iglesia se va cumpliendo perfeccionando y aumentando hasta el día del Juicio con la conversión de las Almas, predicando su doctrina y administrando sus Sacramentos con aumento de gracia.

PROPÓSITOS

Dulce Esposo de la Iglesia mi Señor Jesucristo que viniste al mundo para enriquecerla con las arras de las arras de las virtudes y dones Celestiales, y que habéis enseñado a las Almas el desprecio del mundo, de sus riquezas y honores para que las recibáis por Esposas.

Alma mía es preciso ser pobre de espíritu y renunciar el mundo para desposarse con Jesucristo y en este generoso desprecio está tu mayor felicidad.

San Francisco de Sales decía: querida Filotea, tu corazón debe estar abierto sólo al Cielo, y fuerte para no dar entrada a las cosas caducas y perecederas; no admitas las riquezas ni nada del mundo; si de estas tuvieres abundancia separa tu corazón y afición a ellas; de suerte que en medio de las riquezas estés sin riquezas y Señora de las riquezas. No pongas el espíritu Celestial en los bienes terrenos; mira que andes siempre sobre ellos y no ellos sobre él.

San Cipriano dice que Jesucristo no ama al mundo; antes le desprecia y se burla de él; y lo mismo hace el mundo con Jesucristo. Por eso dijo San Pablo fervoroso seguidor del Señor: el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo; que es decir, escribe Hugo Cardenal, las cosas que son propias del mundo, esto es, sus consuelos, deleites y pasatiempos, son para mí penosísima Cruz y tormento, y por lo contrario, mis bienes que son trabajos penas y aflicciones en lo que tengo puesto mi gozo es Cruz para el mundo; por eso dijo San Bernardo, que al Apóstol que fue arrebatado hasta el tercer Cielo le sirve de Cruz y penalidad todo lo del mundo.