MEDITACIONES PARA LAS DOMÍNICAS DE ADVIENTO

DOMÍNICA TERCERA DE ADVIENTO

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De la embajada de los Judíos a San Juan. Joan. I.

Los judíos enviaron a San Juan algunos sacerdotes y levitas, para preguntarle: ¿tú quién eres? Considera, que el testimonio que dio de Cristo San Juan en esta ocasión, fue el más auténtico, porque fue pedido jurídicamente de los magistrados por medio de sus legados.

Inspiró Dios a los pontífices y magistrados este requerimiento, para que tuviesen conocimiento claro de la verdad, y para que se entienda que Dios no falta en alumbrar a todos para el bien de sus almas; bien que estos tan poco se aprovecharon de este beneficio.

Haz tú reflexión a cuanto ha obrado Dios para ti y en ti, a fin de que conozcas y andes por el camino de la virtud. Mira si has imitado a estos infelices en despreciar las inspiraciones y ocasiones de aprovechar. Si esto hallas en ti, sacude la tibieza, y procura corresponder con fidelidad a la liberalidad divina.

Y confesó; yo no soy Cristo, yo no soy Elías, yo no soy Profeta. Considera, que en esta ocasión ofrecían estos embajadores a San Juan la mayor honra, que él rehusó con la mayor humildad. Era Juan en espíritu un Elías, era más que profeta, era limpio con especialidad, era el mayor entre todos los nacidos de mujer; y por esto fue el más humilde, y encerrándose dentro de su nada, sólo supo decir: Yo no soy.

¡Oh humildad verdadera que da toda la gloria a Dios, como único Autor de todo el bien! Remírate tú en este espejo, para ver cómo vas por el camino contrario de: Yo soy. Aun sin ser preguntado, no sabes hablar sino de tus bienes, de tu talento, y de lo que te puede conciliar estimación, aun quizá sin verdad, o con exageración. Te agradas a ti, y desagradas a Dios, a quien no tributas la honra, ocultando modestamente sus dones; y por esto quedas privado de la verdadera humildad, y por consiguiente de las demás virtudes. Muda de camino, y procura hacerte necio para ser sabio.

Yo bautizo en agua; mas en medio de vosotros está a quien no conocéis, él es, el que ha de venir después de mí. Considera, que con estas palabras dio Juan testimonio de ser Cristo el verdadero Mesías, el cual había de instituir otro bautismo más eficaz que diese la verdadera santidad, y fundar la nueva Iglesia, colmada de luces y gracias celestiales, en que el camino del Cielo fuese claro y patente para todos.

Da gracias a Dios, que por su misericordia te ha hecho hijo de esta Santa Iglesia, y particionero de sus Sacramentos, sana doctrina y ejemplos de Cristo y de los Santos. Dale gracias de haberte franqueado la oportunidad de conocerle, amarle y servirle, mayor que a los de la ley antigua; más debes procurar, que este beneficio no sea ocasión de tu mayor ingratitud. No caigas en tinieblas en medio de tanta luz; no dejes prender tu corazón de los lazos del mundo, demonio y carne; mas anímate a buscar a Dios solo por el camino que Él mismo te ha abierto, en su santísimo Hijo, nuestro ejemplar y Maestro.