Oportuno recordatorio

En razón de los acontecimientos que se suscitan al momento en los ámbitos pseudoeclesiásticos, resulta oportuno publicar nuevamente los siguientes artículos de nuestro blog:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/05/16/padre-juan-carlos-ceriani-sermon-del-domingo-infraoctava-de-la-ascension/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/05/17/os-he-dicho-estas-cosas-para-que-halleis-paz-en-mi-juan-xvi-33/#more-36359

 

PADRE JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN DEL DOMINGO INFRAOCTAVA DE LA ASCENSIÓN

Sermones-Ceriani

DOMINGO INFRAOCTAVA DE LA ASCENSIÓN

Cuando venga el Paráclito, que Yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí. Y también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense hacer un servicio a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a Mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.

Domingo Infraoctava de la Ascensión o Domingo de los Testigos…, que significa Mártires…

Domingo del testimonio por el martirio…; para lo cual es necesaria la virtud de fortaleza.

Comprendemos que los Discípulos, congregados en el Cenáculo, tenían presente las tristes predicciones del Maestro acerca del porvenir que les esperaba.

Era también muy lógico que, al verse solos y sin la compañía del Maestro, aumentara su temor… Todavía resonaban en sus oídos aquellas palabras: Y vosotros daréis testimonio… Os expulsarán de las sinagogas… Llegará la hora en que todo el que os mate piense hacer un servicio a Dios…

Pero Jesús los había consolado prometiéndoles que su Espíritu les daría valor para afrontar cuantos peligros les presentase el mundo: Cuando venga el Paráclito, Él dará testimonio de Mí…

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Es muy actual, pues, este Evangelio, porque trata de la persecución

La Iglesia ha estado siempre perseguida…

Y quizás lo está hoy más que nunca…

Nuestro Señor había predicho a sus Apóstoles: Si a Mí me persiguieron, a vosotros os perseguirán…

Y ahora, luego de prometer el Espíritu de verdad…, el que dará testimonio, les anuncia que también ellos han de dar testimonio…

E inmediatamente les predice las dos formas más terríficas de persecución para que no se escandalizasen ni tropezasen cuando ellas acaeciesen.

Estas dos formas de la persecución son la de adentro y la de afuera.

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La persecución de adentro consiste en los cismas…, las herejías…, las apostasías…, los falsos hermanos…

Nuestro Señor la caracteriza y resume diciendo: os expulsarán de las sinagogasseréis excomulgados… seréis echados de la Sinagoga o de la reunión de los creyentes, que equivale a nuestra «excomunión».

Se pregunta San Agustín: ¿Qué daño les resultaba a los Apóstoles de que los expulsaran de las sinagogas, si ellos las habían de dejar aunque nadie los despidiera?

Y responde: Esto quiso decir que los judíos no recibirían a Cristo; porque como no había otro pueblo de Dios sino el que era de la estirpe de Abraham, si éste hubiera reconocido a Cristo, no hubieran existido por un lado iglesias de Cristo y por otro sinagogas de los judíos. Y por cuanto los judíos no creyeron, ¿qué restaba sino que los que permanecían alejados de Cristo, echaran de la Sinagoga a los que no dejaron a Cristo?

Parafraseando, debemos hacer dos aplicaciones a la situación actual:

1ª) ¿Qué daño les resultaba a los verdaderos fieles de que los expulsaran de la iglesia oficial, si ellos la habían de dejar aunque nadie los despidiera? Esto quiere decir que la jerarquía oficial se desvió de Cristo; porque si hubiera permanecido rectamente junto a Cristo, no existiría por un lado la Iglesia de Cristo y por otro la iglesia conciliar. Y por cuanto la jerarquía oficial no anda rectamente conforme a la verdad del Evangelio, ¿qué queda sino que los que permanecen desviados de Cristo echen de su iglesia conciliar a los que no se desviaron de Cristo?

Cabe recordar y aplicar aquí aquello de la Carta de los Superiores de la FSSPX en julio de 1988:

Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de iglesia conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista…

2ª) ¿Qué daño les resulta a los verdaderos fieles tradicionales (aquellos a los cuales Monseñor Lefebvre definió como los que comprendieron el problema y que nos han ayudado a proseguir la línea derecha y firme de la Tradición y la fe) que los expulsen de la Neo-F$$PX, si ellos la han de dejar aunque nadie los despida? Esto quiere decir que la jerarquía actual de la F$$PX se desvió de Cristo; porque si hubiera permanecido rectamente junto a Cristo, no existiría por un lado la verdadera Obra de la Tradición y por otro la Neo-F$$PX. Y por cuanto la jerarquía actual de la F$$PX no anda rectamente conforme a la verdad del Evangelio, ¿qué queda sino que los que permanecen desviados de Cristo echen de su Neo-F$$PX a los que no se desviaron de Cristo?

Cabe recordar también y aplicar la Carta citada anteriormente:

Nosotros jamás quisimos pertenecer a la Neo-F$$PX, ese sistema que coquetea con la iglesia conciliar. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís, que reconoce hoy como parte suya a la Neo-F$$PX; nuestra propia excomunión no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Tradición desde la Peregrinación a Roma del año 2000; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una tradición falsificada, evolutiva y sincretista…

Recordemos aquí la Conferencia de Mons. Fellay, en Fabrègues, el 11 de mayo de 2014, y meditemos sobre lo destacado en amarillo:

Cuando todavía cardenal, él estaba en América del Sur, el Superior de Distrito fue a pedirle un servicio administrativo que no tiene nada que ver con la Iglesia: un problema de visa, permiso de residencia.

El Estado argentino, que es muy de izquierda, aprovecha del Concordato, que se supone que protege a la Iglesia, para molestarnos muy en serio, y nos dice: «ustedes se pretenden católicos, es necesario que ustedes tengan la firma del obispo para residir en el país.»

El superior del distrito fue entonces a exponerle el problema.

Había una solución fácil, que era declararnos iglesia independiente, pero no queremos porque somos católicos.

Y el cardenal dijo: «No, no, ustedes son católicos, es obvio; los voy a ayudar»; y escribió una carta en nuestro favor para el Estado, que es tan izquierdista que se las arregló para encontrar una carta contradictoria de parte del nuncio.

Así, por lo tanto, 0 a 0.

Ahora él es el Papa. Y nuestro abogado tuvo la oportunidad de tener un encuentro con el Papa. Le dijo que el problema continúa para la Fraternidad y le pidió por favor que nombrase un obispo de Argentina con el que pudiésemos tratar para resolver este problema.

El Papa dijo: «Sí, y este obispo soy yo, he prometido ayudar y lo haré.»

Todavía estoy esperando; pero también dijo: «Esta gente piensa que los voy a excomulgar, están equivocados»; dijo algo muy interesante: Yo no los condenaré, y no voy a impedir a nadie a ir con ellos,»

Una vez más, espero ver.

No faltará quien, con razón, piense que debemos hacer una tercera aplicación, en este caso referida a la Resistencia Fláccida… Pero…, si se han ido o los han expulsado de la iglesia oficial y de la Neo-F$$PX…, ¿les quedan todavía ganas de estar en esa falsa resistencia? En ese caso…, no perdamos el tiempo y sigamos adelante…

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Después está la persecución de afuera: os matarán; e incluso llegará la hora, en los últimos tiempos…, cuando os matarán y creerán con eso hacer un servicio a Dios; es decir, os matarán como a enemigos de la religión oficial…

Según San Agustín, el sentido de estas palabras es el siguiente: Ellos os echarán de las sinagogas; pero no temáis la soledad, porque, separados de la comunión de ellos, reuniréis tan gran número de creyentes en mi Nombre que, temerosos ellos de que quede desierto su templo y abandonado todo lo de la antigua Ley, os matarán creyendo prestar un servicio a Dios, llevados de celo indiscreto por la gloria de Dios y no según la sabiduría. Si bien los testigos, esto es, los mártires de Cristo, fueron muertos por los gentiles, no creyeron éstos, sin embargo, que ofrecían un homenaje a Dios, sino a sus dioses falsos. Pero los judíos, cuando matan a los predicadores de Cristo, creen prestar un homenaje a Dios, juzgando que los que se convierten a Cristo apostatan del dios de Israel. Estos, pues, poseídos del fanatismo, no guiados por la sabiduría, mataban a los creyentes, pensando hacer un servicio a Dios.

Dejo a vuestro cuidado hacer las correspondientes paráfrasis de estas palabras de San Agustín, aplicándolas a la hora actual… y sus tres variantes…

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Jesucristo, después de haber prometido el Espíritu Santo a sus Apóstoles, cuya infusión los convertiría en testigos, es decir mártires, añadió: Esto os he dicho para que no os escandalicéis.

Nuestro Señor continúa: Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho

Por lo tanto, es deber del cristiano tener en cuenta la persecución.

Nuestro Señor predice a sus Apóstoles la persecución inevitable. Ya antes les había dicho: No es el discípulo mayor que el Maestro: si a Mí me han perseguido, a vosotros os perseguirán.

Esta predicción de Cristo se cumplió, de diferentes maneras, a lo largo de toda la historia de la Iglesia, y se hará cada vez más solapada a medida que nos acerquemos al fin: Los mártires de los últimos tiempos, dice San Agustín, ni siquiera parecerán ser mártiresE incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios…

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La Iglesia siempre ha tenido persecuciones; sea declaradas, sea encubiertas, con hierro o con trampas; o bien las dos cosas; pero nunca habían estado dentro mismo de la Iglesia, o bien han estado poco tiempo, hasta que la herejía, descubierta, fue condenada y la rama seca fue limpiamente serruchada del tronco vivo.

Con el modernismo, el enemigo está al interior mismo de la Iglesia.

La Persecución es la ley de la Iglesia: es la carga que debemos llevar, y debemos hoy mirarla de frente.

Ella muestra que la Iglesia es una cosa sobrenatural; de otro modo no se entendería que hombres honrados, buenos y aun santos, lo mejor que hay entre los hombres, sean odiados con tan extraña saña, a veces hasta el asesinato, a veces de adentro de la Iglesia y no solamente de afuera, como vemos en el curso de veinte siglos.

Así que hemos de mirar de frente nuestro destino: todos los que quieran ser buenos cristianos, toparán contrastes y dificultades en el mundo por el hecho de ser cristianos; porque van a contracorriente de la correntada del mundo.

La historia de la Iglesia prueba estas palabras de Cristo, pues la historia nos muestra siempre vigente la persecución a los buenos cristianos…

Y hoy día existe en el mundo la persecución más grande que haya existido nunca…

En los modernos países apóstatas liberales, otrora católicos, la persecución está velada, pero existe; y aunque no sea sangrienta, es muy perniciosa, porque ataca las almas.

Esta es persecución de la peor especie; y esta persecución hipócrita puede traer la otra, la persecución abierta.

Dentro de los perímetros de la institución eclesial, sea la oficial, sea la de la Neo-F$$PX, se dan las dos clases de persecución: una apostasía generalizada, a la cual se suma la exclusión y el poner en riesgo la vida del alma…

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En cuanto a nosotros, no debemos esperar el éxito inmediato de nuestros esfuerzos y trabajos.

Lo que nos pide Nuestro Señor Jesucristo es que demos testimonio de la Verdad.

Puede ser que venga a nuestro espíritu el sentimiento de fracaso… He aquí una palabra que suena muy amarga…

Pero es un error profundo.

Es porque miramos con ojos mundanos, mientras que Jesús nos enseña a juzgar con “un justo juicio”, el que se aprende en el Evangelio, donde Él mismo, Maestro y Modelo, se nos presenta como signo de contradicción. Más, aún, como ejemplo de fracaso. De sumo fracaso, como que terminó rechazado y condenado a muerte como criminal.

Hay más todavía: también en adelante será Jesús un “fracasado”; pues Él advierte muchas veces a sus discípulos que padecerán persecuciones, y anuncia que aun al final, cuando Él vuelva, en lugar de verlos triunfantes, siquiera entonces, será todo lo contrario, no habrá fe en la tierra; se habrán impuesto la apostasía y el Anticristo…

Pero entonces…, ¡entonces sí!, terminará el “fracaso” de Cristo y de su Cuerpo Místico.

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¿Y nosotros, qué? También cobran cuerpo en nuestra mente los obstáculos que en la vida nos vemos obligados a superar. Conocemos su magnitud, y apreciamos asimismo nuestra flaqueza.

Sabemos que el mundo responde a nuestra profesión de fe y entusiasmo por Cristo con sonrisas burlonas, cuando no con insultos o la más cruel persecución.

Hasta nuestros propios hermanos, o que creíamos hermanos en la fe…, nos motejan de exaltados, exagerados, fanáticos.

¿Y nosotros, qué? ¿Fracasados? ¡No!, sino sometidos, ¡y con gozo!, a la ley que Cristo siguió y enseñó, según la cual si la semilla caída en tierra no se pudre y muere, queda sola y sin fruto.

Si no vemos el fruto, tanto mejor; pues eso sí que se llama vivir de fe y negarse a sí mismo; o sea tener el sello más auténtico de los que son de Cristo.

La corona está prometida al que cree hasta la muerte, es decir, aunque le cueste la vida.

San Pablo promete la corona «a los que aman su Venida»; esto es, a los creyentes que lo esperan con gozo porque saben que todos los bienes nos vendrán con Él en su Parusía.

¡Fracasados! Así nos motejará el mundo y aun quizás algunos de nuestros amigos…

¡Fracasados, no!… ¡Triunfantes!, pero solamente con Aquel que es nuestra vida.

Para luchar contra tanto enemigo y dominar en nosotros la aprensión por las burlas, la preocupación por el aislamiento y la soledad, el temor a los tormentos y hasta el terror ante la muerte, necesitamos un pecho broncíneo (no bronceado…), valor de soldados, coraje de confirmados con el Santo Crisma…

¿Quién nos infundirá este valor? Precisamente, el Espíritu Santo por su Don de Fortaleza.

A rogar, pues. A impetrarlo del Cielo, convencidos de la necesidad que tenemos de Él para robustecer nuestra pusilanimidad.

Si en los siete días que nos separan de la solemnidad de Pentecostés, nos proponemos meditar y pedir cada día un don especial, sea el día de hoy consagrado al Don de Fortaleza.

No nos cansemos de implorarlo del bondadoso Corazón de Jesús: no nos dejes huérfanos, Señor, sino envíanos al Prometido del Padre, para que nos robustezca con el Don de Fortaleza.

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Concluyamos meditando aquellas palabras del Padre Bernard Marie de Chivré:

La hora se volvió propicia para la tentación…

Las dudas, los cansancios, las tibiezas, como un enjambre de desdichas alrededor de nuestro corazón, bordonean los aires fúnebres de su desaliento: “es demasiado duro, es demasiado largo, es demasiado doloroso”

Es en la paciencia que es necesario poseer su alma; y los tres cuartos de los cristianos lo olvidaron; y esto explica las traiciones y las defecciones…

Sustinere, sostener, soportar, con alegría, en la esperanza, y con la sonrisa de la alegría.

La Confirmación puso en nuestra inteligencia razones de “aguantar la vida”; razones de dominarla.

El cristiano soporta con suavidad. En las condiciones más irritantes para su temperamento, continúa con su deber.

El fuerte soporta con bondad mientras Dios quiera; y esta valentía da a su alma su libertad de acción.

El fuerte no habla sino a Dios de sus miserias; ve más allá de la prueba; su mirada llega mucho más allá de sus lágrimas; nublado por los llantos, pero encendido por la fe, posee esta indefinible expresión de suavidad muda y de indomable energía: se confirma en la paciencia.

Pero muy pocos comprenden eso, muy pocos; y por eso es que muchos son llamados a espléndidas santidades, pero pocos son los elegidos.

  Allí donde vemos de razones para cesar, el Espíritu Santo ve razones para seguir…

  Allí donde buscamos razones para huir de nosotros mismos, el Espíritu Santo ve razones para permanecer…

  Allí donde quisiéramos encontrar razones para ceder, el Espíritu Santo ve razones para resistir…

  Allí donde el sufrimiento clama a la rebelión, el Espíritu de amor convoca a la aceptación…

No tengáis miedo, pequeño rebaño… Sigue sosteniendo los derechos de Dios, reprime todo temor, reprime todo miedo. Antes que vosotros, Yo conocí eso de puños alzados en torno mío en el Calvario, escuché el “tole… tole” de las burlas, de las injurias…

Defended la Verdad, y que vuestra fuerza de alma alcance su plena medida, aceptando los golpes de la adversidad.

No desconozcáis las legítimas audacias al servicio de las legítimas defensas; las exigencias de los derechos de la Verdad reclaman de vuestra parte el valor y el coraje que arremete cuando es necesario defenderlos.

Pero, una vez cumplido este deber, no desechéis la valentía, el temple y la impavidez que soporta…

 

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“Os he dicho estas cosas para que halléis paz en Mí” (Juan XVI, 33).

 

 OS EXPULSARÁN DE LAS SINAGOGASExpulsión

Durante las últimas semanas hemos estado comentando, en nuestras emisiones radiales, los procedimientos y sistemas que se están implementando en todo el mundo, lenta pero exitosamente, para efectivizar el control absoluto del género humano por parte del inminente gobierno mundial del Anticristo.

Todos esos programas, que se llevan adelante impulsados por una dirigencia mundial coordinada en ese empeño, van dejando aislados a quienes intentan escapar de sus redes, limitando cada vez más las posibilidades de todo ejercicio, no sólo social sino también familiar e incluso personal, de los que no se someten a las directivas globalizadoras.

En nuestro país, cuando menos, se dan las siguientes circunstancias, todas sujetas, para su eventual anulación, a la aprobación política:

  • 1. Imposibilidad de adquirir moneda extranjera, especialmente dólares.
  • 2. Autorización previa de los organismos fiscales para la enajenación de bienes registrables (inmuebles, automotores y otros).
  • 3. Obligación de justificar el origen del dinero en transacciones de cierta magnitud, que en general no es elevada.
  • 4. Limitación de la disposición de papelería comercial (facturas, remitos, etc.), sujeta a autorización previa de los mismos organismos fiscales.
  • 5. Reemplazo progresivo de la misma papelería comercial, sustituyéndola por movimientos electrónicos efectuados por los interesados, pero asentados en los registros de los organismos públicos.
  • 6. Desaparición paulatina del dinero en efectivo, reemplazado por las tarjetas plásticas para todo uso: compra y venta de bienes, transporte público, peajes de tránsito, acceso a espectáculos, etc. Como también expusimos en nuestros programas, esta práctica va avanzando en todo el mundo.
  • 7. Necesidad de demostrar, en todo trámite público de cualquier especie que se encare, y cualquiera sea su magnitud:

a) Que se ha cumplido con el sacrosanto deber del sufragio en los actos electorales.

b) Que se encuentran al día todas las obligaciones fiscales que alcanzan al interesado.

  • 8. Reemplazo de documentos identificatorios por tarjetas electrónicas, conteniendo información sensible y privada del titular a disposición abierta de las autoridades (historia clínica, por ejemplo), y con la posible incorporación de datos desconocidos por el identificado, también disponibles por el aparato gobernante.
  • 9. Seguimiento físico de las personas, con dispositivos GPS instalados en teléfonos celulares, vehículos, note-books y todo aparato (fijo o móvil) que admita la incorporación de dicho elemento.
  • 10. Ídem, a través de cámaras instaladas en la vía pública, drones con cámaras incorporadas y otros elementos de captación visual conectados a satélites en órbita.
  • 11. Ídem, a través de los sistemas electrónicos del transporte público (ver 6º punto), que conservan el registro de todos los viajes efectuados por el titular de cada tarjeta.
  • 12. Cruce permanente de datos personales entre reparticiones públicas, compañías privadas de gran magnitud y entidades bancarias.
  • 13. Limitación de las operaciones de compra-venta, y más específicamente del acceso al crédito, por medio de los datos obtenidos según el punto anterior, y obrantes en sistemas de “clearing”.
  • 14. Seguimiento de los movimientos de dinero de toda persona, obligando a bancarizar las operaciones particulares (bajo pretextos de practicidad, celeridad y seguridad), y supervisando estrechamente aquellas que superan determinada magnitud. Esto desaparecerá, desde luego, en cuanto se integre universalmente el reemplazo del dinero en efectivo, según el 6º punto.
  • 15. Aparición de la categoría social de “persona expuesta políticamente”, que implica vigilancia especialísima sobre los propios integrantes (actuales y potenciales) del aparato estatal así definidos.
  • 16. Obligación de declarar existencias de bienes disponibles (particularmente para el agro); o, en la medida en que el sistema avanza, detección y seguimiento satelital de tales patrimonios físicos.
  • 17. Incorporación de chips electrónicos en la hacienda de los empresarios agropecuarios.Incorporación de chips electrónicos en el físico de las personas, con implicancia de varias posibilidades de las ya detalladas (puntos 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 y 15, por ejemplo).
  • 18. Informatización íntegra de trámites administrativos y judiciales (desaparición del soporte papel), que se va extendiendo rápidamente en los organismos públicos, con la consiguiente pérdida de control de los interesados, transferida de hecho a dichos organismos.
  • 19. Seguimiento y almacenamiento de llamadas telefónicas, mensajes de texto y correos electrónicos, con el consiguiente incremento de datos particulares en poder de las entidades mencionadas en el punto 12.

 

Esta enumeración verdaderamente abrumadora, y seguramente muchas cosas más que se nos puedan quedar inadvertidamente en el camino, parece limitarse, en principio, sólo a las actividades profanas, y no alcanzar al ámbito trascendental de lo religioso en las personas.

Pero de quedarnos en ese criterio, caeríamos en el error notorio de tantos personajes de hoy en día, que no advierten la inminencia del último gobierno humano mundial, encabezado por el Falso Profeta —aspecto religioso deliberadamente olvidado— y el Anticristo, eminencia política final, pero con pretensiones de divinidad.

Por eso es que este comentario precede a lo que deseamos hablar sobre uno de los últimos artículos publicados en nuestro blog, donde se pinta esa situación de aislamiento creciente y número menguante, pero ya referida a lo que sucede en el ámbito de la fe, en la vida religiosa de quienes quieren permanecer fieles a Nuestro Señor Jesucristo.

Leemos en el sermón del Padre Juan Carlos Ceriani para el Domingo Infraoctava de la Ascensión:

La persecución de adentro consiste en los cismas…, las herejías…, las apostasías…, los falsos hermanos…

Nuestro Señor la caracteriza y resume diciendo: os expulsarán de las sinagogasseréis excomulgados… seréis echados de la Sinagoga o de la reunión de los creyentes, que equivale a nuestra «excomunión».

Se pregunta San Agustín: ¿Qué daño les resultaba a los Apóstoles de que los expulsaran de las sinagogas, si ellos las habían de dejar aunque nadie los despidiera?

Y responde: Esto quiso decir que los judíos no recibirían a Cristo; porque como no había otro pueblo de Dios sino el que era de la estirpe de Abraham, si éste hubiera reconocido a Cristo, no hubieran existido por un lado iglesias de Cristo y por otro sinagogas de los judíos. Y por cuanto los judíos no creyeron, ¿qué restaba sino que los que permanecían alejados de Cristo, echaran de la Sinagoga a los que no dejaron a Cristo?

Seguidamente, el Padre sitúa en el presente las consecuencias de la hodierna infidelidad y dice:

Parafraseando, debemos hacer dos aplicaciones a la situación actual:

1ª) ¿Qué daño les resultaba a los verdaderos fieles de que los expulsaran de la iglesia oficial, si ellos la habían de dejar aunque nadie los despidiera? Esto quiere decir que la jerarquía oficial se desvió de Cristo; porque si hubiera permanecido rectamente junto a Cristo, no existiría por un lado la Iglesia de Cristo y por otro la iglesia conciliar. Y por cuanto la jerarquía oficial no anda rectamente conforme a la verdad del Evangelio, ¿qué queda sino que los que permanecen desviados de Cristo echen de su iglesia conciliar a los que no se desviaron de Cristo?

Cabe recordar y aplicar aquí aquello de la Carta de los Superiores de la FSSPX en julio de 1988:

Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de iglesia conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista…

Echando Bergoglio

2ª) ¿Qué daño les resulta a los verdaderos fieles tradicionales (aquellos a los cuales Monseñor Lefebvre definió como los que comprendieron el problema y que nos han ayudado a proseguir la línea derecha y firme de la Tradición y la fe) que los expulsen de la Neo-F$$PX, si ellos la han de dejar aunque nadie los despida? Esto quiere decir que la jerarquía actual de la F$$PX se desvió de Cristo; porque si hubiera permanecido rectamente junto a Cristo, no existiría por un lado la verdadera Obra de la Tradición y por otro la Neo-F$$PX. Y por cuanto la jerarquía actual de la F$$PX no anda rectamente conforme a la verdad del Evangelio, ¿qué queda sino que los que permanecen desviados de Cristo echen de su Neo-F$$PX a los que no se desviaron de Cristo?

Cabe recordar también y aplicar la Carta citada anteriormente:

Nosotros jamás quisimos pertenecer a la Neo-F$$PX, ese sistema que coquetea con la iglesia conciliar. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís, que reconoce hoy como parte suya a la Neo-F$$PX; nuestra propia excomunión no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Tradición desde la Peregrinación a Roma del año 2000; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una tradición falsificada, evolutiva y sincretista…

Echando Fellay

En apoyo de su aplicación presenta las palabras de Decimejorge, transmitidas por el Superior General de la NeoF$$PX:

Recordemos aquí la Conferencia de Mons. Fellay, en Fabrègues, el 11 de mayo de 2014, y meditemos sobre lo destacado en amarillo:

Cuando todavía cardenal, él estaba en América del Sur, el Superior de Distrito fue a pedirle un servicio administrativo que no tiene nada que ver con la Iglesia: un problema de visa, permiso de residencia.

El Estado argentino, que es muy de izquierda, aprovecha del Concordato, que se supone que protege a la Iglesia, para molestarnos muy en serio, y nos dice: «ustedes se pretenden católicos, es necesario que ustedes tengan la firma del obispo para residir en el país.»

El superior del distrito fue entonces a exponerle el problema.

Había una solución fácil, que era declararnos iglesia independiente, pero no queremos porque somos católicos.

Y el cardenal dijo: «No, no, ustedes son católicos, es obvio; los voy a ayudar»; y escribió una carta en nuestro favor para el Estado, que es tan izquierdista que se las arregló para encontrar una carta contradictoria de parte del nuncio.

Así, por lo tanto, 0 a 0.

Ahora él es el Papa. Y nuestro abogado tuvo la oportunidad de tener un encuentro con el Papa. Le dijo que el problema continúa para la Fraternidad y le pidió por favor que nombrase un obispo de Argentina con el que pudiésemos tratar para resolver este problema.

El Papa dijo: «Sí, y este obispo soy yo, he prometido ayudar y lo haré.»

Todavía estoy esperando; pero también dijo: «Esta gente piensa que los voy a excomulgar, están equivocadoos»; dijo algo muy interesante: Yo no los condenaré, y no voy a impedir a nadie a ir con ellos,»

Una vez más, espero ver.

Finalmente, sugiere una tercera aplicación, pero la considera superflua…:

No faltará quien, con razón, piense que debemos hacer una tercera aplicación, en este caso referida a la Resistencia Fláccida… Pero…, si se han ido o los han expulsado de la iglesia oficial y de la Neo-F$$PX… ¿les quedan todavía ganas de estar en esa falsa resistencia? En ese caso…, no perdamos tiempo y sigamos adelante…

Bien; nos atribuimos la responsabilidad de proponer esa tercera aplicación, que demuestra el avance que los enemigos de la fe protagonizan en el mundo:

3ª) ¿Qué daño les resulta a los verdaderos fieles tradicionales (aquellos que empeñan el genuino combate de Resistencia, en la inhóspita trinchera y con alma de pie de gallo) que los desprecien desde la Resistencia Fláccida, si ellos nunca la han integrado, ni la han de integrar jamás? Esto quiere decir que los que comandan la Resistencia Fláccida se desviaron de Cristo; porque si hubieran permanecido rectamente junto a Cristo, no existiría por un lado el verdadero combate de Resistencia y por otro la Resistencia Fláccida. Y por cuanto los comandantes de la Resistencia Fláccida no andan rectamente conforme a la verdad del Evangelio, ¿qué queda sino que los que permanecen desviados de Cristo repudien desde su Resistencia Fláccida a los que no se desviaron de Cristo?

Cabe recordar también y aplicar la Carta citada anteriormente:

Nosotros jamás quisimos pertenecer a la Resistencia Fláccida, ese sistema que coquetea aeronáuticamente con la iglesia conciliar. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con aquellos que recibirían la tan preciada regularización de parte del panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero de los que comandan la Resistencia Fláccida desde el año 2007 por lo menos; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una Resistencia falsificada, evolutiva y sincretista… y por lo mismo Fláccida…

Echando Williamson

El avance del adversario que hemos referido antes de esta tercera aplicación, se produce encerrando cada vez más a los verdaderos seguidores de Cristo; parece un círculo de acero que va encorsetando progresiva y crecientemente a los fieles, que quedarán reducido a un casi invisible pequeño rebaño.

Más que un círculo, se trata en realidad del cumplimiento inverso de la “doctrina” de los tres círculos de Jacinto Loyson que vimos en este, nuestro artículo anterior. Como lo expresa Hugo Wast en su novela “Juana Tabor”, a través de las palabras de uno de sus personajes principales, Fray Simón de Samaria, ese esquema se manifiesta de esta manera:

Mi misión es reconciliar al siglo con la religión en el terreno dogmático, político y social. Me siento sacerdote hasta la médula de los huesos; pero he recibido del Señor un secreto divino: la Iglesia de hoy no es sino el germen de la Iglesia del porvenir, que tendrá tres círculos: en el primero cabrán católicos y protestantes; en el segundo, judíos y musulmanes; en el tercero, idólatras, paganos y aun ateos… Comenzaré yo solo, en mí mismo, el perfecto Reino de Dios… Soy el primogénito de una nueva alianza.

El pensamiento de Loyson señala a una Iglesia Católica que se va abriendo a los herejes, infieles y ateos, llegando a conformar una “superiglesia” donde se incluye a toda la Humanidad, sin distinción de creencias y cultos.

La situación actual, por el contrario, significa que aquel círculo más amplio de Loyson, se va cerrando hacia el centro, rodeando y sofocando a los poquísimos fieles que van quedando: la pequeña grey.

El mundo (y su falsa iglesia) se nos viene encima con energía y avidez:

  1. Hace sesenta años los fieles rendían genuino culto a Dios Nuestro Señor, a su Hijo Jesucristo, a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, a los Santos y a los Ángeles, por su pertenencia a la Iglesia Católica y el cumplimiento de sus deberes, obras de piedad y formación en su seno.
  2. Luego, ya en los años ’70, cuando se hubo impuesto en la Esposa de Cristo el Modernismo del Concilio Vaticano II, apareció Monseñor Lefebvre, con su obra de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y la operación supervivencia. (1ª aplicación de las palabras de San Agustín).
  3. La defección más o menos reciente de la FSSPX, que hoy puede denominarse propiamente —como vimos antes— Neo-F$$PX, obligó a pertrecharse para el combate actual, que ya no es de reconquista sino de resistencia. ( aplicación de las palabras de San Agustín).
  4. Pero la resistencia mal entendida ocasionó otra disgregación que afectó a los que actualmente se desempeñan en la Resistencia Fláccida, claramente sometida a los dictados de la Roma apóstata. Y ya nos queda solamente la Resistencia de las almas con pie de gallo, las que aferradas al Rosario claman con las más apremiantes palabras del final del Apocalipsis: ¡Ven, Señor Jesús! ( aplicación —de nuestra hechura—de las palabras de San Agustín).

Ese es el proceso de estrechamiento que sufren los verdaderos creyentes: un círculo férreo que nos aherroja cada vez más, hasta que nos dejen sólo con el Rosario. Más aun: recordamos unas palabras del Padre Ceriani en un sermón del año anterior: “Les van a arrancar los Rosarios de las manos… ”.

La tremenda característica diabólica de este arrebato violento, será que lo harán aquellos que crean prestar un servicio a Dios al perseguirnos: La falsa iglesia (conciliar), la falsa tradición (bailando minué con la iglesia oficial) y la falsa resistencia (volando a Roma, detrás de los bailarines).

Roguemos a Nuestra Madre del Cielo para que mediando ante Cristo Jesús, nos ahorre nuevas defecciones y no limite más el número del pequeño rebaño.

¡Fiat Voluntas Tua!