LA CUESTIÓN DEL PROFETA ELÍAS
Y SU MISIÓN
El Padre René Trincado predica que uno de los cinco acontecimientos que debe tener lugar antes de la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo es que venga Elías a restaurar la Iglesia.
Nos han hecho saber que ya lo había expuesto el domingo 23 de noviembre de 2014. Ver en los siguientes enlaces:
http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2014/11/rp-trincado-sermon-ultimo-domingo-de_23.html#more
http://syllabus-errorum.blogspot.com.ar/2014/11/rp-trincado-sermon-ultimo-domingo-de.html
Hemos visto que lo hizo nuevamente el domingo 22 de noviembre de este año.
Pero algo ocurrió, y luego modificó el texto sin advertir absolutamente nada.
Se puede comprobar el misterioso proceder en este enlace:
http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/11/rp-trincado-sermon-en-el-ultimo-domingo_22.html
Realicé unos comentarios al respecto:
Posteriormente, El Elenco de Errores del Obispo de Kent se solidariza con Los Impotentes y también publica la nueva versión de ese sermón:
http://syllabus-errorum.blogspot.com.ar/2015/11/rp-trincado-sermon-en-el-ultimo-domingo_25.html
Uno se pregunta: ¿a qué se debe esta clase de actitudes? Y la imagen que se presenta inmediatamente es la del toro que arremete contra el paño rojo del torero… Hay quienes tan pronto como leen restauración … o algo semejante, raudamente se abalanzan sin consideración alguna…
Al terminar mi comentario prometí resumir lo que enseñan los Doctores y los exégetas sobre la llamada “Cuestión del Profeta Elías”.
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Comencemos por el texto de San Mateo, 17: 9-13, donde el Padre Trincado tiene la ilusión de encontrar su sorprendente exégesis:
Y cuando bajaban de la montaña, les mandó Jesús diciendo: “No habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”. Los discípulos le hicieron esta pregunta: “¿Por qué, pues, los escribas dicen que Elías debe venir primero?” Él les respondió y dijo: “Ciertamente, Elías vendrá y restaurará todo. Os declaro, empero, que Elías ya vino, pero no lo conocieron, sino que hicieron con él cuento quisieron. Y así el mismo Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos”. Entonces los discípulos cayeron en la cuenta que les hablaba con relación a Juan el Bautista.
Esta escena tuvo lugar al día siguiente de la Transfiguración. Al bajar del monte, Jesucristo les prohíbe a los tres discípulos que hablen con nadie de esta «visión» hasta después de su resurrección.
Este hecho de su mesianismo les evoca una objeción: si Él es el Mesías, ¿por qué no había venido el profeta Elías, que según la creencia popular se lo esperaba como condición previa para ungir y presentar al Mesías a Israel?
Era esto una creencia muy elaborada por los rabinos, basada en una interpretación materialista de un pasaje del Profeta Malaquías, que analizaremos más abajo.
Jesucristo calma la inquietud de los Apóstoles y disipa con su enseñanza las interpretaciones materiales y caprichosas de los rabinos a este propósito.
En efecto, incluso en nuestros días es tradición de los judíos, fundada en el Profeta Malaquías, que Elías debe preceder a la venida del Señor, reducir el corazón de los padres para con los hijos y el de los hijos para con sus padres, y restablecer todas las cosas en su primitivo estado.
Los discípulos, en vista de esto, pensaron que esta transformación gloriosa es precisamente la que acababan de ver en el monte. Por eso le preguntaron y dijeron: ¿por qué dicen lo escribas que Elías debe venir primero?
Esto equivale a preguntar: Si tú ya te has presentado glorioso, ¿cómo no se presenta tu precursor? Hablan de esta manera principalmente porque habían visto que se retiró Elías.
Los discípulos no sabían por las Escrituras la tal venida de Elías, sino porque lo habían oído de los escribas, y porque este dicho corría entre el pueblo ignorante, como otras cosas que se relacionaban con la venida de Cristo.
Mas los escribas no interpretaban como convenía todo lo relativo a la venida de Cristo y de Elías.
No son los únicos…, ya lo sabemos…
Las Escrituras hablan de dos venidas de Cristo: de la que ya ha tenido lugar y de la que se realizará después.
Pero los escribas, para engañar al pueblo, no hablaban más que de una sola venida y sostenían que, si Jesús era el Cristo, debía ser precedido por Elías.
Cristo resuelve esta dificultad, que turba a los discípulos, diciendo: Elías, en verdad, ha de venir y restablecerá todas las cosas. Mas os digo que ya vino Elías.
No hay que pensar que se equivocó el Señor diciendo unas veces que vendrá Elías y otras que ya vino, porque cuando dice que vendrá Elías y restablecerá todas las cosas, habla del mismo Elías en su propia persona.
Elías restablecerá todas las cosas, corrigiendo la infidelidad de los judíos, que entonces encontrará.
Esto es, precisamente, convertir el corazón de los padres hacia los hijos, tal como estaba anunciado por el Profeta Malaquías en estas palabras: He aquí que yo os enviaré a mi profeta Elías para que vuelva el corazón de los padres hacia los hijos, y el de los hijos hacia sus padres.
De este modo manifiesta que Elías vendrá antes de la segunda venida, puesto que las Escrituras anuncian dos venidas, una realizada ya y otra que se realizará, y el Señor señala a Elías por precursor de la segunda venida.
En concreto, el Señor refuta la opinión de los fariseos, que decían que Elías debía ser el precursor de la primera venida. Y enseña que Elías Tesbita pacificará a los judíos cuando venga, y los llevará a la fe; siendo de este modo el precursor de la segunda venida.
Según las Escritura, el Hijo del hombre debía padecer. Entonces, una de dos:
- O Elías no es el precursor de la primera venida, y en ese caso son verídicas las Escrituras,
- O es precursor de ella, en cuyo caso no son verídicas éstas, que dicen que conviene que padezca el Cristo y que Elías restablecerá todas las cosas, convirtiendo de la incredulidad a los judíos, puesto que todos los que le oigan creerán en su palabra.
Por eso, Jesús confirma aquí que la misión de San Juan es la del Profeta Elías. Pero les hace notar a sus Apóstoles que su misión mesiánica será rechazada por la violencia, y entonces Elías tendrá que volver al fin de los tiempos como precursor de su triunfo.
Esto ya lo había anticipado Nuestro Señor. En efecto, en San Mateo 11: 9-15 leemos el elogio que hace de San Juan Bautista:
Entonces ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Éste es de quien está escrito: “He ahí que Yo envío a mi mensajero que te preceda, el cual preparará tu camino delante de ti”. En verdad, os digo, no se ha levantado entre los hijos de mujer, uno mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza, y los que usan la fuerza se apoderan de él. Todos los profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan, y, si queréis creerlo, él mismo es Elías, el que debía venir. ¡Quién tiene oídos oiga!”
Según Mateo 11: 14, Jesús declaró solemnemente que Juan «es Elías, que ha de venir.»
Más tarde, luego de la Transfiguración, cuando los discípulos le proponen la cuestión concreta sobre el advenimiento de Elías, dice enigmáticamente: «Elías en verdad está para llegar y restablecerá todo. Sin embargo, yo os digo: Elías ha venido ya y no le reconocieron”. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan Bautista.
Jesucristo, pues, al explicarles el misterioso advenimiento de Elías, indica que, más que de su persona, se trata de su misión de precursor, como lo había anunciado Malaquías, y, en efecto, su misión era la de restablecer todas las cosas en orden a preparar la manifestación del Mesías.
Y después recalca que el protagonista de esta misión, que encarnó en espíritu y fuerza de Elías, ya apareció; fue el propio Bautista, que preparó los caminos del Mesías, como culminación del profetismo.
Queda claro que San Juan era el Profeta Elías en espíritu, pero no en persona.
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Ya volveremos sobre este punto; pero veamos primero el texto del Profeta Malaquías.
Malaquías IV, 5-6:
He aquí que os enviaré al profeta Elías, antes de que venga el día grande y tremendo de Yahvé. Él convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que Yo viniendo hiera la tierra con el anatema.
Según la Tradición, Elías ha sido trasladado vivo en un carro de fuego al cielo. Este hecho dio origen a una expectación en torno a Elías, que se refleja en la literatura apócrifa judía, de la que participaban los discípulos de Jesús y los judíos que iban a oír la predicación de Juan en el Jordán.
La expresión El día grande y tremendo señala la distinción entre la venida de Elías en persona, para preparar el pueblo a la Parusía del Señor, y la venida de San Juan Bautista con el espíritu y la virtud de Elías, como precursor de Jesús en su primera venida, cuando “los suyos no lo recibieron”.
La misión de Elías consistirá en llevar a sus contemporáneos a la piedad de los días antiguos y a la imitación de los padres y patriarcas; por eso dice: convertirá el corazón de los padres a los hijos, etc.
Elías trabajará por la reconciliación de la comunidad, especialmente judía. En la mente del Profeta Malaquías, la misión de Elías es preparar moralmente a la sociedad antes de la aparición del día de Yahvé, para aminorar las proporciones de la catástrofe como consecuencia de la intervención justiciera de Dios sobre los pecadores.
En Apocalipsis 11: 1-14 encontramos esa misión, Elías será uno de los dos Testigos:
Me fue dada una caña, semejante a una vara, y se me dijo: “Levántate y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran allí”. Mas el atrio exterior del templo déjalo fuera, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, los cuales hollarán la Ciudad santa durante cuarenta y dos meses. Y daré a mis dos testigos que, vestidos de sacos, profeticen durante mil doscientos sesenta días. Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están en pie delante del Señor de la tierra. Y si alguno quisiere hacerles daño, sale de la boca de ellos fuego que devora a sus enemigos. Y el que pretenda hacerles mal, ha de morir de esta manera. Ellos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva durante los días en que ellos profeticen; tienen también potestad sobre las aguas, para convertirlas en sangre, y herir la tierra con toda suerte de plagas cuantas veces quisieren. Y cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará guerra, los vencerá, y les quitará la vida. Y sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad que se llama alegóricamente Sodoma y Egipto, que es también el lugar donde el Señor de ellos fue crucificado. Y gentes de los pueblos y tribus y lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres tres días y medio, y no permitirán que se dé sepultura a los cadáveres. Y los habitantes de la tierra se regocijan a causa de ellos, hacen fiesta, y se mandarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas fueron molestos a los moradores de la tierra. Pero, al cabo de los tres días y medio, un espíritu de vida que venía de Dios, entró en ellos y se levantaron sobre sus pies, y cayó un gran temor sobre quienes los vieron. Y oyeron una poderosa voz del cielo que les decía: “Subid acá”. Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos. En aquella hora se produjo un gran terremoto, se derrumbó la décima parte de la ciudad y fueron muertos en el terremoto siete mil nombres de hombres; los demás, sobrecogidos de temor, dieron gloria al Dios, del cielo. El segundo ay pasó; ved que el tercer ay viene pronto.
Es en este capítulo donde hallamos indicada la suerte que espera al pueblo judío.
La mención del Templo de Dios nos muestra al Templo de Jerusalén; y la operación de medir recuerda la de Ezequiel (Ez. 40: 3 ss.; 41: 13; 42: 16), siendo de notar que no puede tratarse del Templo histórico, pues éste había sido destruido por los Romanos el año 70.
Dieron gloria: este rasgo anuncia la conversión futura de los judíos, predicha de igual modo por San Pablo en Romanos 11: 25 ss.
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Para terminar con esta interesante cuestión consideremos ahora la misión de San Juan Bautista.
En San Lucas 1: 11-17 leemos el anuncio del nacimiento del Precursor:
Se le apareció, entonces, un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar de los perfumes. Al verle, Zacarías se turbó, y lo invadió el temor. Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías, pues tu súplica ha sido escuchada: Isabel, tu mujer, te dará un hijo, al que pondrás por nombre Juan. Te traerá gozo y alegría y muchos se regocijarán con su nacimiento. Porque será grande delante del Señor; nunca beberá vino ni bebida embriagante, y será colmado del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre; y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios. Caminará delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y los rebeldes a la sabiduría de los justos, y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”.
San Juan Bautista tenía que preparar el camino para la primera venida de Cristo, así como el Profeta Elías lo hará cuando se acerque la segunda.
San Lucas es el que nos da la verdadera clave para interpretar la misión del Bautista: caminará delante del Señor en el espíritu y poder de Elías, para reducir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a los sentimientos de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
El mismo San Juan Bautista esclarece la cuestión. Leemos en San Juan 1: 19-28:
Y he aquí el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron a él, desde Jerusalén, sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?”. Él confesó y no negó; y confesó: “Yo no soy el Cristo”. Le preguntaron: “¿Entonces qué? ¿Eres tú Elías?” Dijo: “No lo soy”. “¿Eres el Profeta?” Respondió: “No”. Le dijeron entonces: “¿Quién eres tú? para que demos una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?” Él dijo: “Yo soy la voz de uno que dama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. Había también enviados de entre los fariseos. Ellos le preguntaron: “¿Por qué, pues, bautizas, si no eres ni el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: “Yo, por mi parte, bautizo con agua; pero en medio de vosotros está uno que vosotros no conocéis, que viene después de mí, y al cual yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”. Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
En San Mateo 11: 10, Jesucristo dice a propósito del Bautista:
Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que preparará tus caminos delante de ti.
La cita está tomada del Profeta Malaquías 3: 1.
Por otra parte, en San Marcos 1: 2 se unen las profecías de Malaquías 3: 1 y de Isaías 40: 3:
He aquí que envío delante de mí a mi ángel, que preparará tu camino. Voz de quien grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos.
La voz de San Juan Bautista fue como el trueno que conmovió los desiertos; y sin embargo, Israel no escuchó su mensaje ni preparó el camino.
De ahí, como ya hemos visto, lo que dice Jesús en San Mateo 17, 12: Os declaro, empero, que Elías ya vino, pero no lo conocieron, sino que hicieron con él cuento quisieron.
En San Juan 1: 5 y 9-11 encontramos el testimonio del rechazo del Heraldo y del Mesías anunciado por él:
Y la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
La verdadera luz, la que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Él estaba en el mundo; por Él, el mundo había sido hecho, y el mundo no lo conoció. Él vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron.
El sentido de No la recibieron concuerda con vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron.
San Juan Evangelista expone el misterio de la Encarnación y la trágica incredulidad de Israel, que no lo conoció cuando vino para ser la luz del mundo.
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Todo esto no tiene ninguna relación con una supuesta restauración de la Iglesia.
Hizo bien el Padre René Trincado en modificar su texto.
Pero no procedió bien al no advertir a los lectores de su error y de su rectificación.
Esperamos que lo haga en estos días, y también de viva voz el domingo próximo.
Confiemos en que no seguirá el mal ejemplo del Obispo que nunca se retracta, a quien ya ha apañado muchas veces.
Padre Juan Carlos Ceriani

