PADRE JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN DE LA DOMÍNICA 25ª DE PENTECOSTÉS

Sermones-Ceriani

VIGESIMOQUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

SEXTO MOVIBLE DE EPIFANÍA

Les propuso esta otra parábola: “El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo. Es el más pequeño de todos los granos, pero cuando ha crecido es más grande que las legumbres, y viene a ser un árbol, de modo que los pájaros del cielo llegan a anidar en sus ramas.”

Otra parábola les dijo: “El reino de los cielos es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó.”

Todo esto, lo decía Jesús a las multitudes en parábolas, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese lo que había sido dicho por medio del profeta: “Abriré mis labios en parábolas; narraré cosas escondidas desde la fundación del mundo.”

Por la misma razón que el Domingo pasado, la Santa Liturgia toma hoy los textos del Sexto Domingo de Epifanía, sobrante en el mes de enero.

Y una vez más, el Evangelio presenta a nuestra consideración y meditación Parábolas de Nuestro Señor, que nos habla muchas veces en el Evangelio del Reino de los Cielos y nos lo representa bajo diferentes figuras, por medio de ese género literario tan propio de Él.

Dos Parábolas que han de ser separadas en su exégesis y, especialmente, en su aplicación.

Este grano de mostaza es la Iglesia. De hecho, desde el principio, fue tan pequeña como un grano de mostaza, sembrada por Nuestro Señor y por los Apóstoles en Judea, en primer lugar, y a continuación por toda la tierra, en medio de contradicciones y persecuciones.

Pero este grano de mostaza germinó, creció y se convirtió en un enorme árbol donde las aves del cielo, es decir los fieles y almas generosas, vinieron en tropel para descansar y alimentarse, hasta que puedan volar hacia el Cielo.

La levadura es una pequeña cantidad de pasta amarga que, mezclada con la masa para hacer el pan, tiene la propiedad de levantar, hinchar y fermentar; haciendo más ligero y más sabroso el pan.

Tomada en este sentido, su efecto es bueno y saludable. Pero, en el sentido moral, la levadura significa la acción malsana e indeseable que el pecado lleva a cabo en nuestra alma o en la sociedad.

Es en ese sentido que Nuestro Señor dijo a sus discípulos: Cuidaos del fermento de los fariseos…; y que San Pablo dice: Expurgaos del viejo fermento, para que seáis una nueva masa.

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Ordinariamente esta Parábola es interpretada de modo que la levadura representa el poder y la influencia del Evangelio, que va penetrando en el mundo hasta dejarlo completamente leudado en la santidad.

Creen ver con esta parábola una prueba evangélica del completo dominio espiritual, al que ha de llegar la Iglesia en la presente edad.

Sin embargo, la palabra levadura tiene, invariablemente, un sentido malo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

San Pablo dice: Echad fuera la levadura añeja para que seáis una masa nueva, como sois panes sin levadura. Porque Jesucristo ha sido inmolado como nuestro Cordero Pascual. Por tanto, celebremos fiesta, no con levadura añeja ni con levadura de malicia y corrupción, sino con los panes ázimos de la sinceridad y de la verdad.

Para San Pablo, pues, la levadura equivale a malicia y maldad.

Y Nuestro Señor Jesucristo caracterizó a la mala doctrina como levadura:

Los discípulos, al ir a la otra orilla, habían olvidado de llevar panes. Y Jesús les dijo: “Mirad y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.” Ellos dentro de sí discurrían diciendo: “Es que no hemos traído panes”. Mas Jesús lo conoció y dijo: “Hombres de poca fe; ¿qué andáis discurriendo dentro de vosotros mismos que no tenéis panes? ¿Cómo no entendéis que no de los panes os quería hablar al deciros: ‘Guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos’?” Entonces, comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.

Esta levadura se presenta en tres formas: fariseísmo, saduceísmo y herodianismo.

La levadura de los fariseos es la mala doctrina de los formalismos y prácticas exteriores.

La levadura de los saduceos es el espíritu escéptico del hombre inflado frente a todo lo sobrenatural y a las Escrituras.

La levadura de los herodianos es el espíritu mundano que contemporiza la religión con las normas del mundo, arrastrando a los cristianos en los negocios temporales.

Por el contrario, no hay ni un texto en las Escrituras en el que el símbolo de la levadura tenga un buen sentido.

La parábola de la levadura no puede pues, simbolizar el desarrollo y la penetración del Evangelio en las masas del mundo, mediante la labor de la Iglesia, sino que simboliza la infiltración de la corrupción entre los cristianos.

Precisamente se enseña esto en las parábolas del sembrador, de la cizaña y de la red; cada una de las cuales enseña, indiscutiblemente, que la maldad ha de continuar y crecer entre los cristianos hasta la consumación de la presente edad.

Como confirmación tenemos que la harina no fermentada es siempre un símbolo de buenas ofrendas y sacrificios:

Cuando alguno presentare una ofrenda en homenaje a Yahvé, su oblación será de flor de harina, sobre la cual derramará aceite y pondrá incienso. La llevará a los sacerdotes, hijos de Aarón, y el sacerdote tomará de allí un puñado de la flor de harina con el aceite, y todo el incienso, y lo quemará sobre el altar para recuerdo. Es un sacrificio de combustión, de olor grato a Yahvé. Lo restante de la ofrenda será para Aarón y sus hijos. Es cosa santísima entre las ofrendas quemadas en honor de Yahvé.

Si ofrecieres como oblación una cosa cocida al horno, será de tortas ácimas de flor de harina amasadas con aceite o de galletas ácimas untadas con aceite. Y si tu oblación fuere ofrenda hecha en sartén, será de flor de harina, sin levadura, amasada con aceite; la desmenuzarás, y derramarás sobre ella aceite; pues es ofrenda. Y si tu oblación fuere ofrenda cocida en olla, será de flor de harina con aceite. Llevarás la ofrenda así preparada a Yahvé y la entregarás al sacerdote, el cual la llevará al altar. El sacerdote tomará de la ofrenda la parte destinada para recuerdo y la quemará sobre el altar. Es un sacrificio de combustión, de olor grato a Yahvé. Lo restante de la ofrenda será para Aarón y sus hijos; es cosa santísima entre los sacrificios quemados en honor de Yahvé.

Ninguna ofrenda que presentareis a Yahvé sea hecha con levadura, pues ninguna cosa hecha con levadura, ni que contenga miel, sea quemada como sacrificio ígneo en honor de Yahvé. Podréis presentarlas como oblación de primicias a Yahvé; pero no han de ponerse sobre el altar como sacrificio de olor grato.

Sazonarás con sal toda oblación de tus ofrendas. Nunca dejarás que falte en tus ofrendas la sal de la alianza de tu Dios. Con todas tus oblaciones ofrecerás sal.” (Lev. II).

“Esta es la ley de la oblación. Los hijos de Aarón la presentarán delante de Yahvé, frente al altar. El sacerdote tomará de la oblación un puñado de flor de harina con su aceite, y todo el incienso puesto sobre la oblación, y lo quemará en el altar, para recuerdo, como olor grato a Yahvé. El resto de ella lo comerán Aarón y sus hijos; debe comerse sin levadura en lugar santo. En el atrio del Tabernáculo de la Reunión han de comerlo. No se la cocerá con levadura. Es la porción que Yo les doy de lo que se me ofrece para ser consumido por el fuego. Es cosa sacratísima, como el sacrificio por el pecado y como el sacrificio por el delito. Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de ello. Es ley perpetua de generación en generación con respecto a las ofrendas hechas a Yahvé por el fuego. Todo el que las tocare quedará santificado.” (Lev. VI).

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Como dije el domingo pasado, se nos enseña, pues, de un modo terminante que, no sólo el mundo no mejorará poco a poco, sino que, por el contrario, el misterio de iniquidad irá obrando, de más en más, en el seno mismo de la Cristiandad.

La verdadera doctrina, el alimento de los hijos del Reino, por la sutil actividad de Satanás, será mezclada, de un modo lento y progresivo, con la falsa y corruptora doctrina de los hijos del maligno, representada en la cizaña y la levadura.

Este hecho, bien triste y desagradable de consignar, es el contenido del misericordioso y alarmante aviso de las Parábolas con que Jesús quiso prevenir a todos los que creen en Él, para que se guarden tanto de la cizaña como de la levadura añeja, porque son y deben ser panes ázimos de la sinceridad y de la verdad.

San Pablo recalca esta enseñanza del Señor al decir: «Mas has de saber esto, que en los días postreros sobrevendrán tiempos peligrosos; se levantarán hombres amadores de sí mismos, codiciosos, altaneros, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, facinerosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, fieros, inhumanos, traidores, perversos, hinchados y más amadores de deleites que de Dios».

Para que no quede duda de que aquí se trata de la levadura que fermenta la masa cristiana, el apóstol agrega: «Mostrarán sí, apariencia de piedad, pero renunciarán a su eficacia».

¿Qué significa ésto? Pues, que del mismo modo que los judíos, por causa de la levadura de los fariseos, que corrompía la fe, tropezaron corriendo tras una ley de justicia sin alcanzarla; así también, en «aquellos tiempos postreros«, la levadura de la mala doctrina hará que muchos tengan la apariencia de la piedad, por sus prácticas y obras, sin que en realidad vivan la verdadera fe.

El misterio de iniquidad va en aumento. La levadura de los fariseos, saduceos y herodianos va infiltrando la masa cristiana.

Presenciamos tiempos peligrosos, y vendrán aún mayores y peores.

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Nuestro Señor dice: la levadura, que una mujer tomó y escondió…

San Juan Crisóstomo y otros comentadores hacen notar que no se dice simplemente que “puso”, sino que lo hizo en forma que quedara oculta.

La mayoría de las traducciones utilizan los verbos meter y mezclar, mitigando la fuerza del simbolismo que ciertamente quiso darle Nuestro Señor a la levadura, que es el de malicia, significando místicamente vicio y astucia.

Porque la levadura de los fariseos mataba las almas, Jesucristo mandaba a los suyos cuidarse de ellos.

Monseñor Straubinger publicó en su momento un artículo sobre el simbolismo de la levadura.

Nos dice que, aparentemente, hay unanimidad respecto de su sentido, tanto entre los exégetas antiguos como entre los modernos. Pero se pregunta: ¿no es posible que en esta misteriosa parábola se encierre un sentido más profundo de lo que comúnmente se le atribuye? ¿Tal vez un sentido que se funda en el simbolismo antiguo oriental de la levadura?

¿Y cuál era el simbolismo antiguo de la levadura, tal como lo conocían los hebreos en tiempos de Cristo y cómo lo entendían los oyentes de la parábola? ¿Como un efecto bueno o como uno malo?

En el segundo caso, la parábola de la levadura, como la de la cizaña, refleja los peligros que asechan al Reino de Dios: la astucia de los enemigos que se infiltran en el mismo e intentan depravarlo espiritualmente.

Monseñor Straubinger analiza los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento que ya hemos visto más arriba y saca las pertinentes conclusiones:

No sólo Jesucristo tomó la levadura como símbolo de la mala doctrina, sino que los Apóstoles, al darse cuenta que el Señor hablaba de la levadura espiritual, inmediatamente, y sin esperar explicaciones sobre el simbolismo, lo entendieron como figura de una cosa mala.

Esto quiere decir que este concepto (levadura igual a mala doctrina) era corriente en Israel.

Tanto los Apóstoles, como el pueblo en general, entienden el simbolismo en un sentido negativo y Nuestro Señor no hace nada para cambiarles el parecer, supuesto el caso que fuera otra la enseñanza que Él quiso inculcar.

Todo esto quiere decir que la Parábola de la Levadura es probablemente gemela de la parábola de la cizaña que se cuenta en el mismo capítulo, y presenta, como ésta, una profecía del peligro al cual está expuesto el Reino de Dios a causa de su contacto con el mundo.

Así como en la Parábola de la Cizaña el campo es el mundo, del mismo modo en la Parábola de la Levadura lo es la masa, y lo que en aquélla hace el enemigo que vino de noche y sembró la cizaña en medio del trigo, esto mismo hace en ésta la mujer que oculta un poco de levadura en la masa para corromperla.

En esta explicación el abscondit conserva su verdadero significado sin que haya que darle una nota atenuante que le quite la fuerza.

El paralelismo entre las dos Parábolas es sorprendente, y tiene la ventaja de dar a la de la Levadura más realidad, pues todos sabemos que el fermento del espíritu de este mundo ha penetrado profundísimamente en la sociedad cristiana y que las masas de hoy, simbolizadas por la masa de la Parábola, han sido fermentadas por ella completamente.

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Es de temer que los que toman la levadura como símbolo de la virtud interna del Evangelio, nunca lleguen a ver el cumplimiento total de su interpretación, porque el espíritu corruptor (el fermento farisaico) del mundo cunde cada vez más entre los pueblos cristianos, y este fenómeno no dejará de existir, pues el mismo Señor predijo la apostasía en masa, y San Pablo lo confirma.

Ambas parábolas representan, pues, el misterio de la paulatina secularización y descristianización, y ambas son una ilustración de la actividad destructora de los falsos profetas y doctores en medio de la grey de Cristo.

Con estas consideraciones, nos adentramos en el tema del Evangelio del último Domingo del Año Litúrgico que, Dios mediante, comentaremos la semana próxima.