ACTO DE FE
¡Señor mío y Dios mío! yo nunca vi tus llagas
ni manché con tu sangre mis sandalias indignas;
no introduje mi mano dentro de tu costado
ni arranqué de tu frente las brutales espinas.
Yo no bajé tu cuerpo de la cruz oprobiosa,
yo no extraje los clavos de tus palmas hendidas,
yo no lavé tu cuerpo sobre la adusta roca
ni recubrí con lino tu omnipotencia fría.
Yo no encontré apartada la losa del sepulcro
ni descubrí el sudario plegado en una esquina,
ni corrí, dando voces, a contar el milagro
de otra vida perpetua más allá de esta vida.
Pero a pesar de siglos de diferencia, ¡creo!,
Tu cruz sigue vigente para mi fe crecida
que tiene como cumbre tu pasión redentora
a la que, humilde, asisto en cada Santa Misa.

