NI PERTENECE A BALAAM NI ES BORRICA, CIERTAMENTE

UNA VOZ QUE REPRENDE… PERO QUE CLAMA EN EL DESIERTO

Cernnea

El 17 de Octubre del corriente Año del Señor, ante los participantes del Sínodo de la Familia, la Doctora Anca-María Cernea, Médica en el Centro de Diagnóstico y Tratamiento Víctor Babes y Presidente de la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest (Rumanía), realizó la siguiente exposición:

Su Santidad, padres del Sínodo, hermanos, hermanas:
Vengo en representación de la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest. Pertenezco a la Iglesia Greco-Católica Rumana. Mi padre fue un líder político católico, encarcelado durante diecisiete años por el comunismo; estaba comprometido con mi madre al ser apresado, pero su boda tuvo que esperar esos diecisiete años.
Mi madre aguardó por mi padre durante todo ese tiempo, aun ignorando si continuaba vivo. Ellos vivieron heroicamente su fidelidad a Dios y a su compromiso recíproco. Su ejemplo demuestra que con la gracia de Dios se pueden superar circunstancias sociales terribles y la pobreza material.
Nosotros, en nuestra condición de médicos católicos, que abogamos por la vida y por la familia, podemos ver que esto es, antes que todo lo demás, una batalla espiritual. El consumismo y la pobreza material no son causa principal de la crisis de la familia. Es ideológica la principal causa de la revolución cultural y sexual.
Nuestra Señora de Fátima nos predijo que Rusia esparciría sus errores por toda la tierra. En primera instancia lo hizo de manera violenta, por el Marxismo clásico que asesinó a decenas de millones. Ahora lo hace principalmente a través del Marxismo cultural. Se aprecia una continuidad de la revolución sexual, desde Lenin, pasando por Antonio Gramsci y la escuela francfortesa, hasta la actual doctrina de los derechos gay y la ideología de género.
Aquel marxismo clásico pretendía rediseñar la sociedad, a través de la violenta apropiación de la propiedad. Ahora la revolución, en una forma más profunda, intenta redefinir tanto la familia como la identidad sexual y la misma naturaleza humana.
Es una ideología que se autodenomina progresista, pero que no es otra cosa que la propuesta antigua de la serpiente, para que el hombre tome el control reemplazando a Dios, para conseguir la salvación aquí, en esta tierra. Es un error esencialmente religioso; es el gnosticismo.
Reconocerlo y advertir de este peligro al rebaño es tarea de los pastores. “Bus­cad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura.” La misión de la Iglesia es salvar a las almas. El mal viene a este mundo por el pecado, y no por la desigualdad de riquezas o por efecto del “cambio climático”.
La solución es: Evangelización, conversión; no es un incremento del control de los gobiernos, no es un gobierno mundial. Éstos son en la actualidad los agentes principales que imponen a nuestras naciones el Marxismo cultural, bajo las formas del control de la población, de la salud reproductiva, de los derechos de los homosexuales, de la educación de género, etcétera.
Lo que necesita actualmente el mundo no es una limitación de la libertad, sino la verdadera Libertad que es la liberación del pecado, la salvación.
La Iglesia Greco-Católica Rumana fue suprimida por la ocupación soviética. Pero ninguno de nuestros doce obispos traicionó la comunión con el Santo Padre. Nuestra Iglesia sobrevivió merced a la determinación y el ejemplo de los obispos, que resistieron a las prisiones y al terror. Ellos no les pidieron a sus comunidades que siguieran al mundo, ni que cooperaran con los comunistas.
Ahora necesitamos que Roma le diga al mundo: “Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el Reino de los Cielos se acerca”. No solamente nosotros, los laicos católicos, sino también muchos cristianos ortodoxos están rezando con ansiedad por este Sínodo. Porque, como expresan, si la Iglesia Católica cede al espíritu del mundo, será muy difícil para los otros cristianos resistirlo.

Bienvenida una conciencia que sabe que el problema no es sociológico, ni se limita a la familia natural, sino que supera lo temporal y proviene de nociones erróneas —más bien diabólicas— de la Teología y del pecado.

El problema es que sus auditores no pertenecen a la Iglesia Católica (Iª Juan II, 19), aunque a los jerarcas de la misma intenta dirigirse la Doctora Cernea. Si hubiese estado ante cualquier digno representante de la Esposa de Cristo, bien habría estado que le recordara cuestiones como la perversidad del comunismo, en lo social, lo cultural, lo moral y lo teológico; el heroísmo posible —mediando la Gracia de Dios— para afrontar toda adversidad ante la pobreza material y la persecución; el verdadero origen de los males sociales, familiares y personales; las revelaciones de Nuestra Señora de Fátima y su cumplimiento actual; y tantas otras que se hallan apretadamente expuestas en su testimonio.

¡Bravo por la Doctora Cernea! Ciertamente, Dios le ha de imputar por Justicia sus clarísimas palabras, sin menoscabo de su confusión entre los falsos cristianismos y el único verdadero de la Iglesia Católica, y aunque sus expresiones puedan haber caído al vacío por la sordera proterva de su auditorio.

A quienes se encontraban frente a ella (¡cuántos Balaames, y cuántos pollinos, válgame la púrpura!), dispuestos a enlodar más aun al mundo pervertido de hoy, la advertencia del águila del Apocalipsis VIII, 13, y todas las demás reprensiones del Libro de San Juan.

Así, la frase de la Doctora Cernea que con más propiedad se les puede aplicar y reiterar a los sinodales, es la de San Mateo IV, 17: «Arrepentíos porque el reino de los cielos está cerca»; Dios se apiade de sus retorcidas almas.