NEGANDO Y TRANSMUTANDO SU PROPIO APELLIDO
El inefable, el nunca bien analizado por un psicoterapeuta infantil, Nicolás Maduro, acaba de dar una muestra de que es un ejemplar perfectamente acabado de esa especie pululante en el mundo moderno: los monitos de Dios, parafraseando a Monseñor Fulton J. Sheen:
El Anticristo no será llamado así; de otra manera no tendría seguidores. Él no usará medias rojas ni vomitará azufre, ni llevará un tridente ni tendrá una cola puntiaguda como Mefistófeles en Fausto. Esa máscara ayudó al Diablo a convencer a los hombres de que no existe. Cuando nadie lo reconoce, más poder ejerce. Dios se definió a sí mismo como “Yo soy el que soy”, y el Diablo como “Yo soy el que no soy”
En ningún lugar en las Sagradas Escrituras encontramos asidero para el mito del Diablo como si fuera un bufón y como el primero en vestir de rojo. Más bien se lo describe como un ángel caído del cielo, como “El Príncipe de este mundo”, cuya misión es decirnos que no hay otro mundo. Su lógica es simple: “si no hay Cielo, no hay Infierno; si no hay Infierno, entonces no hay pecado; si no hay pecado, entonces no hay ningún juez, y si no hay juicio entonces lo malo es bueno y lo bueno es malo”. Pero por sobre todas estas descripciones, Nuestro Señor nos dice que va a ser tan parecido a Sí mismo que engañaría, si fuere posible, aun a los escogidos; y ciertamente nunca se vio que una imagen en libros de un demonio, pudiera engañar aun a los escogidos. ¿Cómo vendrá entonces en esta nueva era para conseguir seguidores para su religión?
La creencia de la Rusia Pre-comunista es que vendrá disfrazado como un Gran Humanista, que hablará de paz, prosperidad y abundancia, no como un medio para llevarnos a Dios, sino como si fueran fines en sí mismo.
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La tercera tentación en la cual Satanás le pidió a Cristo que lo adorara y todos los reinos del mundo serían suyos, se convertirá en la tentación de tener una nueva religión sin Cruz, una liturgia sin un mundo para atraer, una religión para destruir la religión, o una política que es una religión; una que dé al Cesar incluso las cosas que son de Dios.
En el medio de todo este aparente amor por la humanidad y su discurso superficial de libertad e igualdad, él tendrá un gran secreto que no le dirá a nadie: él no creerá en Dios. Porque su religión será la fraternidad sin la paternidad de Dios… Él va a crear una contra-Iglesia que será la mona de la Iglesia, porque él (como) el Diablo, es el mono de Dios. Tendrá todas las notas y las características de la Iglesia, pero a la inversa y vaciada de su Divino contenido. Será el cuerpo místico del Anticristo que se parecerá en todo lo exterior al cuerpo místico de Cristo…
FULTON J. SHEEN – “El Comunismo y la Conciencia de Occidente” Bobb-Merril Company, Indianapolis, 1948 pags. 24 a 25.
En un video que comenzó a circular en Internet el último 29 de Octubre del corriente Año del Señor, se puede ver al delirante presidente de Venezuela amenazando con vías de hecho que promoverá en el caso de que en las elecciones legislativas del 6 de Diciembre próximo, su partido —y por consiguiente la considerada por él genuina revolución (que lo es)— no consiga vencer en la lid democrática.
Algo así habría recogido la historia, si por un prodigio de la Providencia Divina, ante la requisitoria de Pilatos: «¿A cuál queréis que os suelte, a Barrabas o a Jesús, el que se dice Cristo?”, la chusma manipulada en aquella oportunidad por los sanedritas hubiese respondido: «A Jesús, el Mesías». Ya se habrían ingeniado los jerarcas judíos deicidas, ante esa hipotética situación, para cambiar la «decisión popular», terminando por sentenciar a la Cruz, a como diere lugar, a Nuestro Señor Jesucristo.
La redención se habría producido de un modo u otro, porque el Salvador ardía en deseos de entregarse por los pecadores, y Él no necesitó inspirar de cualquier modo a los escribas y sumos sacerdotes para que lo condenaran, sino que la conciencia teológica corrompida hasta la aniquilación de los integrantes de ese Sumo Tribunal de la Iniquidad, los habría llevado de todas maneras a castigar con la Sagrada Cruz a Quien ya tenían juzgado de antemano.
Este individuo niega su apellido y lo transmuta por lo contrario, al confesar que cualquier desenlace adverso a sus políticas será desconocido en los hechos; y al expresar la calificación negativa del posible resultado comicial desfavorable, efectúa un gesto que es la monería sustituta de una Santa Bendición; inicia el movimiento remedando el palo vertical de la Cruz:
y luego su mano se atraviesa horizontalmente, en una simulación del travesaño del Santo Madero:
Culminada esta inconsciente (en todas las acepciones castizas) parodia del instrumento de nuestra salvación, el inmaduro se vuelve hacia su izquierda (¿dónde, si no?), enviando una sonrisa mentecata a su seguro inspirador, Satanás.
Luego se atreve a remedar las Sagradas Escrituras: San Mateo XI, 15; San Marcos IV, 9; San Lucas VIII, 8; Apocalipsis II, 7, 11, 17 y 19. Pero él es el primero que desoye su propio consejo, como se señala en los Salmos CXIII b 6-7 y CXXXIV, 16-17; Isaías VI, 10 y Jeremías V, 21,
Véase aquí el video completo de su manifestación mediática, exquisita y sustancialmente democrática.
Jesucristo Nuestro Señor fue negado por su propio pueblo elegido, que repitió y dio culmen así a todas las traiciones que protagonizó en el Antiguo Testamento contra la Única Divinidad verdadera.
Pero el Redentor ya había anticipado y contrarrestado en la Última Cena esa pertinaz negación —reiteradas veces proferida durante su vida pública— entregándonos por una transmutación substancial (transubstanciación) el pan y el vino, dándonos a comer y beber su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Contra eso, y ante una satánica bufonada, ¿qué otra cosa se podía esperar de uno de los mayores exponentes de los políticos de los últimos tiempos, entregado de pies, manos, mente y espíritu a los dictados de Lucifer?
No se acercan los últimos tiempos; ya están aquí, y gracias a Dios se aceleran, dándonos el consuelo de saber que estamos ante los postreros estertores de los enemigos, ya en los últimos tiempos de los últimos tiempos (Lucas XXI, 28).



