“Fratres, sobrii estote et vigilate:
quia adversarius vester diabolus,
tamquam leo rugiens,
circuit quaerens quem devoret:
cui resistite fortes in fide.
Tu autem, Domine, miserere nobis”.
R./ Deo gratias.
Ése es el texto de la lección correspondiente a la última hora canónica del Oficio Divino –“Completas” –, que rezamos junto con la Iglesia todas las noches antes de entregarnos al sueño.
La susodicha lección está tomada de la Primera Epístola de San Pedro, capítulo 5, versículos 8 y 9, donde a la letra leemos:
“Sed sobrios y estad en vela: vuestro adversario el diablo ronda, como un león rugiente, buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe”.
Mis queridos lectores, hemos llegado ya a los “días postreros” de este mundo, a esos días que profetizaron los Patriarcas, los Profetas, los Apóstoles y que la Iglesia ha venido anunciando de día en día y de hora en hora a través de años, lustros, siglos…
Cuando miramos a nuestro alrededor, no podemos creer lo que vemos con nuestros ojos; porque el cuadro que se ofrece a nuestros sentidos trasciende lo razonable. Las palabras de los Apóstoles de Nuestro Señor han cobrado un valor inconmensurable, porque son una reproducción a todo color de lo que encontramos a cada paso.
Dice San Pablo, en Romanos 1: 18-32:
“La ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que injustamente cohíben la verdad; puesto que lo que es dable conocer de Dios es manifiesto en ellos, ya que Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Él, su eterno poder y su divinidad, se hacen notorios desde la creación del mundo, siendo percibidos por sus obras, de manera que no tienen excusa; por cuanto conocieron a Dios y NO lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos y su insensato corazón fue oscurecido. Diciendo ser sabios, se tornaron necios, y trocaron la gloria del Dios incorruptible en imágenes que representan al hombre corruptible, aves, cuadrúpedos y reptiles. Por lo cual, los entregó Dios a la inmundicia en las concupiscencias de su corazón, de modo que entre ellos afrentasen sus propios cuerpos. Ellos trocaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y dieron culto a la creatura antes que al Creador, el cual es Bendito por los siglos. Amén. Por esto los entregó Dios a pasiones vergonzosas, pues hasta sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza. E igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrazaron en mutua concupiscencia, cometiendo cosas ignominiosas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de sus extravíos. Y como no estimaron el conocimiento de Dios, los entregó Dios a una mente depravada para hacer lo indebido, henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidio, riña, dolos, malignidad, murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia. Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican”.
Sólo un ciego o un necio podría decir que ese pasaje no constituye un ejemplo vivo de lo que está ocurriendo en el mundo actualmente (y ninguno de nuestros países es una excepción).

Y en vista de este caos, San Pedro nos dice: “Sobrii estote et vigilate” (¡Sed sobrios y velad!).
¿Por qué velar?
1º) Porque dijo el Señor: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (San Mateo 26: 41).
2º) Y también dijo: “Velad porque no sabéis cuándo volverá el Señor” (San Marcos 13: 35).
3º) Y dijo además: “Velad, pues, y no ceséis de rogar para que podáis escapar a todas estas cosas que han de suceder, y estar en pie delante del Hijo del Hombre” (San Lucas 21: 36).
4º) Porque dijo San Pablo: “Velad; estad firmes en la fe; portaos varonilmente; confortaos, y haced todas vuestras cosas con amor.” (I Corintios 16: 13-14).
5º) Y dijo también: “orando siempre en el Espíritu con toda suerte de oración y plegaria, y velando para ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6: 18).
6º) Y el Señor dijo en el Libro de Apocalipsis: “Recuerda, pues, tal como recibiste y oíste; y guárdalo, y arrepiéntete. Si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora llegaré sobre ti” (3: 3).
7º) Y dijo más: “HE AQUÍ QUE VENGO COMO LADRÓN. Dichoso el que vela…” (16: 15).
Por consiguiente, ¡¡¡tenemos que velar!!! Ser como atalayas que contemplan a lo lejos para ver quién viene y cómo viene.
En oración me mostró el Señor que este mundo es un baile de disfraces. El “príncipe de este mundo” –Satanás– se disfraza de formas tan sutiles que es prácticamente irreconocible. (¡Santa Madre de Dios, danos el don del discernimiento para que no seamos engañados!).
En II Corintios 11: 14, San Pablo lo dice así: “Y no es de extrañar, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz”. Sí, el demonio tiene toda una colección de disfraces y si NO estamos atentos y velando, nos arrastra con sus engaños, ardides y astucias.
Por otra parte, sus agentes en este mundo, no se quedan atrás. San Pablo habla también en este contexto de “falsos apóstoles, obreros engañosos que se disfrazan de apóstoles de Cristo” y habla también de “sus ministros que se disfrazan de ministros de justicia”.
Muchos de esos “obreros engañosos” –que se hacen pasar por ministros de Cristo– confunden, “por arte de Satanás”, a los incautos realizando falsos prodigios y señales, y las pobres gentes corren tras ellos en busca de sanidad, de bienestar, de unión para sus familias. Hacen filas en sus despachos o en sus iglesias, y conste que no estoy aludiendo a ninguna secta protestante donde esos pseudo-carismas están a la orden del día, estoy refiriéndome a la mal llamada “Iglesia Católica”, en la actualidad bajo la jurisdicción de la Roma apóstata, que en nombre de Cristo y de la Iglesia efectúan esos espectáculos cirqueros en las así llamadas “misas carismáticas”, “misas de sanación”, etc.
¡Velad, amados, velad, porque ya hay muchos que han sido engañados!
Otros de esos “obreros engañosos” dicen ser “exorcistas” y afirman “liberar” a los endemoniados. Si “algo” sucede en esas sesiones es por arte del demonio para engañar.
Otros más alegan que pueden comunicar el Espíritu Santo a través de la imposición de sus manos; y la gente acude a ellos y suele bajo ese influjo “caer de espaldas” cuando supuestamente reciben esa fuerza sobrenatural. ¡Pobres ignorantes de la Palabra de Dios que no saben que los únicos que se cayeron de espaldas fueron los soldados del Sumo Sacerdote que acudieron a Getsemaní con el propósito de prender a Jesús (San Juan 18: 6), así como Saulo de Tarso cuando todavía era enemigo de Cristo (Hechos 9: 4)!
Bien advirtió Nuestro Señor en el Evangelio según San Mateo 7: 18:
“Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces”.
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El anfitrión principal en este baile de disfraces –el que fomenta todas estas doctrinas absurdas– está disfrazado de “cordero”, tiene un disfraz tan bien hecho por las expertas modistas de Lucifer que resulta difícil de saber de quién se trata. Con ese disfraz de cordero simula humildad, mansedumbre, desinterés material… ¡Claro está!, sus fines y metas son más ambiciosos.
El Libro de Apocalipsis lo presenta como una “bestia que sube de debajo de la tierra”, y en el capítulo 13, a partir del versículo 11 leemos: “Y vi otra bestia que subía de bajo la tierra. Tenía dos cuernos como un cordero, PERO HABLABA COMO DRAGÓN… [Habla como dragón cuando no condena el homosexualismo, cuando no condena el divorcio y permite la administración de los sacramentos a personas divorciadas y vueltas a casar, cuando aprueba el ecumenismo, etc.]. Obró también grandes prodigios, hasta hacer descender fuego del cielo a la tierra a la vista de los hombres [ése es el fuego falso del supuesto ‘movimiento caristmático’ dentro de la mal llamada Iglesia Católica actualmente]. Y embaucó a los habitantes de la tierra con los prodigios que le fue dado hacer en presencia de la bestia”.
El versículo 18 de este capítulo 13 de Apocalipsis dice que “Aquí la sabiduría: quien tiene entendimiento calcule la cifra de la bestia. Porque es cifra de hombre: su cifra es seiscientos sesenta y seis”.
Si bien es cierto que el Nuevo Testamento se escribió en griego, también es cierto que esa “bestia” se auto-proclama el “Vicario del Hijo de Dios” (Vicarivs Filii Dei) en la tierra, nombre que ha usurpado con alevosía porque no le corresponde.
En números romanos, donde la I vale 1, la V 5, la L 50, la C 100 y la D 500, sería:
V = 5
I = 1
C = 100
A = no tiene valor en números romanos
R = no tiene valor en números romanos
I = 1
V = 5
S = no tiene valor en números romanos
F = no tiene valor en números romanos
I = 1
L = 50
I = 1
I = 1
D = 500
E = no tiene valor en números romanos
I = 1
LA SUMA TOTAL ES: ¡¡¡666!!!
El que tiene oídos para oír, ¡oiga!
—000—
Y ahora, entramos en los “invitados” al baile…. Hay muchos que están allí “de buena fe”, les faltó discernimiento espiritual y entraron, se dejaron arrastrar por las emociones, sus sentidos se sintieron estimulados y se quedaron, y participan y “bailan al son de aquellas melodías infernales” que son sólo preludio de los ruidos estentóreos que han de escuchar en el infierno si no se arrepienten y se humillan.
Muchos de esos invitados están disfrazados de “piedad”. San Pablo los describe con lujo de detalles en II Timoteo 3: 1-5 donde a la letra leemos lo siguiente:
“Has de saber que en los últimos días sobrevendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos y del dinero, jactanciosos, soberbios, maldicientes, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, inhumanos, desleales, calumniadores, incontinentes, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traidores, temerarios, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios. Tendrán ciertamente apariencia de piedad (ÉSE ES EL DISFRAZ), mas negando lo que es su fuerza. A ESTOS APÁRTALOS DE TI”.
El Apóstol obviamente no se refiere a los paganos del mundo (a quiénes esas características se ajustan muy bien), la frase “apariencia de piedad” los ubica en un entorno religioso –en la Iglesia.
Y lamentablemente, es así…. Hay tantos en la Iglesia que “aparentan piedad”… ¡cómo hablan!, ¡cómo rezan!….; y paralelamente a eso, ¡cómo blasfeman!, ¡cuántas comuniones sacrílegas hacen!, ¡qué paupérrimo espíritu de humildad tienen!, ¡qué incapaces de pedir perdón a los hermanos ofendidos!, ¡qué soberbios y vanagloriosos!, ¡qué ciegos a la verdad espiritual!…. PERO, están disfrazados de piedad.
De esos también le escribió San Pablo a San Tito y le dijo: “Profesan conocer a Dios, mas con sus obras Lo niegan, siendo abominables y rebeldes y réprobos para toda obra buena” (1: 16).
Y el Apóstol San Judas no se queda atrás: “Esos son las manchas de vuestros ágapes, cuando se juntan para banquetear sin pudor, apacentándose a sí mismos; nubes sin agua, arrastradas al capricho de los vientos; árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos, desarraigados; olas furiosas del mar, que arrojan la espuma de sus propias ignominias; astros errantes, a los cuales está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre… Son murmuradores querellosos que se conducen según sus concupiscencias mientras su boca habla con altanería y, por interés, admiran a las personas…. Impostores que se conducen según sus impías pasiones, son disociadores, hombres carnales que no tienen el Espíritu….” (léase toda la carta).
Insisto, fíjense en que el contexto determina que esos individuos se hallan dentro de la comunidad de creyentes.
Y por último, están los fieles y verdaderos, los que NO NECESITAN DISFRAZARSE porque ya están:
1º- “Vestidos del Señor Jesucristo” (Romanos 13: 14)
2º- “Desnudados del hombre viejo que se corrompe al seguir los deseos del error y vestidos del hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4: 22-24) [Nota mía: Aunque el argumento ex silentio no es muy confiable, si San Pablo habla de “santidad de la verdad”, parece ser que también existe la “santidad de mentirita”]
3º- “Vestidos de la armadura de Dios para poder sostenerse contra los ataques engañosos del diablo” (Véase Efesios 6: 10-18).
4º- “Vestidos de blanco porque son dignos” (Apocalipsis 3: 4)
5º- “Lavaron sus vestidos, y los blanquearon en la Sangre del Cordero” (Apocalipsis 7: 14).
6º- “Esos son los que velan y guardan sus vestidos para no tener que andar desnudos y mostrar su vergüenza” (Apocalipsis 16: 15).
En fin, estos son los que “no necesitan disfrazarse de nada” porque son AUTÉNTICOS, GENUINOS, FIELES Y VERDADEROS…., y siguen al Cordero por dondequiera que va… Esos son los únicos que se sienten incómodos en este baile de disfraces y aguardan con ansia la Venida de Su Rescatador… Esos son también los que pasan por el baile y no sufren afectación de ningún tipo porque el Señor “es poderoso para guardarlos seguros y ponerlos frente a frente de su Gloria, inmaculados con exultación” (Judas 24).
Santísima, Purísima e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios…
Henos aquí, ante Tu Augusta Presencia, pidiéndote que nos des de esa gracia de la que Tú estás tan llena para que podamos mantenernos puros y sin mancha en medio de este baile de disfraces en el que estamos inmersos sin desearlo…
Madre, el enemigo de nuestras almas nos asedia, pero contamos con que Tú aplastes su infame cabeza con tu Divino Pie.
Las pasiones quieren hundirnos en el fango del pecado, pero mantennos bajo la custodia de tu Celeste Manto para que no nos dejes caer.
La perfidia de los disfrazados nos persigue y trata de seducirnos… Señora, danos discernimiento para no sucumbir.
Madre, Reina, Señora y Dueña de nuestra alma, protégenos en esta hora final del mundo… Ayúdanos a asirnos a tu Santísimo Rosario y permanecer unidos a Ti por medio de esta bendita cadena que a Ti te plugo enviarnos desde el cielo.
Nos consagramos a tu Corazón Doloroso e Inmaculado… Guárdanos como cosa y posesión tuya. Amén.

