Cuando el pesado velo de mis ojos,
se descubra finalmente,
seré capaz de develar,
lo que sentido eterno tiene.
Ya todos mis actos, buenos y malos
serán medidos, serán pesados
y mi alma inmortal encontrará
el definitivo destino.
Cuando entonces se caiga este velo,
que no me permite ver con nitidez,
que nada hay en el plano material,
entonces ahí estaré, frente a mi amado Juez,
para que aplique sobre mí, toda su Santa justicia,
Será ese día, cuando llena de temor, pero de esperanza
me presentaré ante Ti, dulce Bien,
y te entregaré mi pequeñez, mi nada, mi amor.
No tomes en cuenta mis caídas,
no mires mis traiciones,
mírame como pequeña sierva
imperfecta, pero amante.
Será ese el momento, único y definitivo,
que me quita el sueño, tantas veces,
y se roba mis lágrimas y mis suspiros.
Habrá llegado la hora de justificar
la hora de develar el destino eterno
Es por este momento, mi adorado Señor,
que cada día sigo, lucho,
para poder escuchar de tu dulce boca:
Ven bendita al Cielo prometido.
Ayúdame mi dulce Amor
que no me pierda tras el velo,
ese velo que hoy, no me deja ver con claridad
todo lo que tengo para perder,
todo lo que tengo para ganar.

