Médico y medicina de los dolientes,
Guía y Defensor de los caminantes,
Abogado y Protector de los pretendientes,
Consuelo y Alivio de los afligidos.
Por la señal, etc…
ACTO DE CONTRICIÓN
Para todos los días
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Criador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor: aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados.
La confusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas, ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser y derramó por mi toda su sangre? Sí: me levantaré y me iré al Padre, os digo como aquel pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos Señor firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un Ángel puro, semejante a vuestro querido Arcángel San Rafael.
A Vos, pues, me dirijo, Príncipe gloriosísimo y Ángel de la salud Rafael, para que a la vista de vuestras virtudes y excelencias salga con vuestra protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta novena, y que espero de aquella vuestra gran clemencia y fondo de caridad, que forma vuestro carácter. Amen.
DÍA NOVENO
SAN RAFAEL MÉDICO DE NUESTRA SALUD
Si bien en todo género de urgencias se ha mostrado siempre San Rafael un dulce amigo de los hombres; pero lo que más peculiarmente le distingue y caracteriza, es el oficioso anhelo con que se interesa en curar nuestras enfermedades.
Su nombre es ya su más completo elogio; pues Rafael significa Medicina de Dios. ¿Qué enfermedad habrá tan renitente, que no ceda a tal medicina y a tal medico? Cede en efecto la ceguera de Tobías; cede la obsesión de Sara; cede la devorante melancolía de Ana y Raguel; toda aflicción en fin, toda dolencia cede.
Persuadida la Iglesia Santa de esta verdad consoladora, invoca en las enfermedades de sus hijos a este Ángel de la Piscina, como al único instrumento de que se vale Dios en todas las curaciones milagrosas, como dicen los Santos Padres Gregorio y Agustín.
La ciudad de Córdoba con sólo acudir a este Medico celestial, y colocar su imagen en el pináculo de su catedral, vio cesar repentinamente una peste asoladora, que iba acabando con todos sus vecinos, sembrando por todo el llanto, el luto y la orfandad.
¿Qué beneficios no recibió de Él, aquel inmortal héroe de la caridad con los enfermos San Juan de Dios, hasta verle con hábito de su orden servir y curar a aquellos, y tenerle por su agonizante en la última hora de su vida? Acudamos pues a Él con viva fe, y sanará nuestras enfermedades.
Medítese un poco y pídase el favor que se desee alcanzar.
COLOQUIO
Sapientísimo Medico del Cielo y piadoso Príncipe San Rafael ¡qué tiernos que son vuestros afectos, y cuán fino y dulce vuestro amor, pues tanto interés tomáis en consolar y aliviar a los afligidos dolientes, que yacen sobre el lecho de su dolor!
Ya pues que tan tierno sois, y tan piadoso, a Vos pido y de Vos espero la salud de cuerpo, para poder trabajar continuamente a gloria del Criador y bien de sus hechuras. Pero ante todo os suplico miréis con ojo compasivo las innumerables enfermedades de que adolece mi alma. ¡Oh qué campo tan ancho ofrecen estas a vuestra compasión y humanidad!
La hinchazón de la soberbia me tiene todo entumecido, la comezón de la codicia me irrita; la maligna calentura de la lujuria me enciende, la inflamatoria ira me agita; la sedienta gula me embrutece, el tétrico humor de la envidia me tiene pálido y afilado, y la gota de la pereza me tiene del todo paralizado.
Tantos, tan graves, y tan inveterados males sólo la medicina de Dios podrá curarlos. Vos pues, a quien honra el Todopoderoso con tan interesante dictado, enterneceos sobre tan horroroso cúmulo de males, curando las dolencias de aquellos vicios capitales con los medicamentos de las virtudes opuestas.
Este es el fruto especial que deseo alcanzar por vuestra mediación en esta Novena; pues él sólo me asegura la salud eterna de la gloria.
Y para más obligaros, unido mi espíritu con las tres Jerarquías de los Ángeles, saludo a la Sacrosanta e individua Trinidad con tres Padre Nuestros, tres Ave Marías y un Gloria Patri.
ORACIÓN
(Para todos los días)
Excelentísimo Príncipe del Empíreo San Rafael, Ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono de la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador en los peligros, auxilio cierto en las necesidades, iluminador de los ciegos, y médico universal de todas las enfermedades, a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades.
Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros angélicos; tenéis la pureza y el candor de los demás Ángeles; sois Embajador de las cosas grandes, como los Arcángeles; sobre Vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre Reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros como las Virtudes; en Vos, finalmente, se ven brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los espíritus Seráficos.
Ya, pues, que residen en Vos tanta grandeza, poder y gloria, usad de vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en tiempo y eternidad. Amen.

