NOVENA DEL GLORIOSO PRÍNCIPE Y ARCÁNGEL SAN RAFAEL – DÍA OCTAVO

Médico y medicina de los dolientes,
Guía y Defensor de los caminantes,
Abogado y Protector de los pretendientes,
Consuelo y Alivio de los afligidos.

Por la señal, etc…

ACTO DE CONTRICIÓN

Para todos los días

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Criador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor: aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados.

La confusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas, ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser y derramó por mi toda su sangre? Sí: me levantaré y me iré al Padre, os digo como aquel pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos Señor firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un Ángel puro, semejante a vuestro querido Arcángel San Rafael.

A Vos, pues, me dirijo, Príncipe gloriosísimo y Ángel de la salud Rafael, para que a la vista de vuestras virtudes y excelencias salga con vuestra protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta novena, y que espero de aquella vuestra gran clemencia y fondo de caridad, que forma vuestro carácter. Amen.

DÍA OCTAVO

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SAN RAFAEL AUXILIO CIERTO EN LAS NECESIDADES

También mueve los deseos solícitos de San Rafael los socorros materiales que necesitamos para pasar esta miserable vida, si lo que pedimos no es para prodigarlo a la satisfacción de nuestras desordenadas pasiones, sino para el decente sustento, socorro de los pobres y mayor gloria de Dios, entonces, con más liberalidad atiende a nuestro auxilio.

Testigo de esta verdad será en todos los siglos la casa de Tobías, para quien no sólo fue Él mismo en persona a cobrar la considerable suma de diez talentos de plata, que le adeudaba el buen Gabelo vecino de la ciudad de Ragés en Media; más aún enriqueció su casa con la mitad del opulento patrimonio de Raguel, y aún con todo el patrimonio entero, seguida la muerte de este virtuoso varón.

Esta misma generosa providencia mostraría a los necesitados, si con los fines arriba indicados, depositasen en Él toda su confianza, como lo han experimentado diferentes, recurriendo a este tesoro del gran Rey con viva fe e inflamada devoción.

Enciéndase, pues, en nuestro pecho la viva llama de nuestro afecto y confianza; y desde luego nos inundarán las efusiones de generosidad y bizarría, con que este Arcángel de la conmiseración nos auxiliará en todas nuestras necesidades.

Medítese un poco y pídase el favor que se desee alcanzar.

 

COLOQUIO

Benéfico y próvido San Rafael, pues que tantas pruebas de socorro habéis dado en todo tiempo, a vuestra providencia me asilo para que me alcancéis todo cuanto me sea menester para pasar en tranquila paz y decencia esta breve y fugitiva vida.

No pretendo montañas de oro para fijar sobre su cumbre un trono a mi soberbia, sino precisamente aquello que Vos, ilustrado con los rayos de la eterna luz, sabéis que me conviene para mi manutención y otros fines de la Divina gloria.

Pero los bienes, de que con más ahínco os suplico me proveáis, son los bienes del alma en cuya comparación, según expresión del Sabio, la plata no es más que lodo, el oro sino despreciable arena, y todas las riquezas no merecen otro nombre que el de nada.

¿De qué me serviría, que montes de oro precediesen mi carro triunfal, como al de Pompeyo; si en remate quedase privado para siempre de las verdaderas riquezas, de que hace magnifica ostentación el Rey inmortal de los siglos, en aquel brillante Reino, que mide su duración con la eternidad?

¿Seré tan loco como Esaú, que por un puñado de legumbres me venda tan rico patrimonio?

No, no, Santo mío. Lo que primero pido es el Reino de Dios y su justicia; y lo demás sólo por añadidura. Esto espero de Vos.

Y para más obligaros, unido mi espíritu con las tres Jerarquías de los Ángeles, saludo a la Sacrosanta e individua Trinidad con tres Padre Nuestros, tres Ave Marías y un Gloria Patri.

ORACIÓN

(Para todos los días)

Excelentísimo Príncipe del Empíreo San Rafael, Ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono de la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador en los peligros, auxilio cierto en las necesidades, iluminador de los ciegos, y médico universal de todas las enfermedades, a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades.

Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros angélicos; tenéis la pureza y el candor de los demás Ángeles; sois Embajador de las cosas grandes, como los Arcángeles; sobre Vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre Reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros como las Virtudes; en Vos, finalmente, se ven brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los espíritus Seráficos.

Ya, pues, que residen en Vos tanta grandeza, poder y gloria, usad de vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en tiempo y eternidad. Amen.