Divinas palabras
Señor, cuando te miro clavado en el madero,
llagado y con las sienes traspasadas de espinas,
afloran a mi mente las palabras divinas
que de Tu cruz brotaron llenando el mundo entero;
con ellas intercedes por el vil enemigo,
le aseguras el cielo a un ferviente ladrón,
nos dejas a Tu madre como consolación
y sufres abandono cual si fuera un castigo;
por ellas comprendemos Tu sed de conversiones
y en ellas satisfaces la escritura sagrada
al entregarle al Padre Tu sangre, derramada
cual cáliz rebosante de amor y absoluciones.
Por Tus palabras crece mi amor hacia la altura
de mundos que conjugan la fe con la Verdad
y ante Tu cruz mi alma se abre a la eternidad
como una vela blanca sobre su arboladura.

