NOVENA DEL GLORIOSO PRÍNCIPE Y ARCÁNGEL SAN RAFAEL – DÍA SÉPTIMO

Médico y medicina de los dolientes,
Guía y Defensor de los caminantes,
Abogado y Protector de los pretendientes,
Consuelo y Alivio de los afligidos.

 

Por la señal, etc…

ACTO DE CONTRICIÓN

Para todos los días

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Criador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor: aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados.

La confusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas, ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser y derramó por mi toda su sangre? Sí: me levantaré y me iré al Padre, os digo como aquel pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos Señor firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un Ángel puro, semejante a vuestro querido Arcángel San Rafael.

A Vos, pues, me dirijo, Príncipe gloriosísimo y Ángel de la salud Rafael, para que a la vista de vuestras virtudes y excelencias salga con vuestra protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta novena, y que espero de aquella vuestra gran clemencia y fondo de caridad, que forma vuestro carácter. Amen.

DÍA SÉPTIMO

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SAN RAFAEL LIBERTADOR EN LOS PELIGROS

De ningún otro de los espíritus angélicos refiere la Sagrada Escritura tantas particularidades y por menores, como de San Rafael. La historia de Tobías no parece también sino la historia de este bondadosísimo Arcángel. Allí pues se descubre su sabiduría y prontitud en librar de los peligros al hijo de aquel héroe.

Un pez descomunal sale del fondo del rio Tigris, y va con furia a tragar a Tobías mozo, mientras que este quería lavarse los pies. Asustado y atónito el joven grita con alta voz al Arcángel: − Señor, mirad que me acomete. − No te asustes, le responde; antes bien agárralo por la agalla, y échalo en la tierra. Así lo hizo impávido; y lo que al principio causó susto y sobresalto, fue después origen de imponderables ventajas.

Con no menos prevención libró al mismo, y a su esposa Sara, del inminente riesgo de la crueldad del demonio, enseñándoles el medio con que precaverse de su furor, y hacerse invulnerables a sus tiros.

Y si pudiésemos abrir aquí los anales de la Iglesia, ¿no hallaríamos innumerables testigos del pronto auxilio que experimentaron, invocando a San Rafael en sus peligros?

Acudamos, pues, a él con viva fe y será nuestro fiel libertador de cuantos males pueden amenazarnos.

Medítese un poco y pídase el favor que se desee alcanzar.

 

COLOQUIO

Con tantas voces quisiera aquí llamaros, mi amado San Rafael, cuántos son los innumerables peligros que me rodean. Peligros de salud, peligros de la fama, peligros de los bienes de fortuna, peligros en la soledad, peligros en las concurrencias y falsos hermanos, peligros en el mar, peligros en la tierra, peligros de cuerpo y, lo que es más sensible y aún más frecuente, peligros del espíritu.

¡Oh con cuánta propiedad mostró Dios al gran San Antonio Abad este mundo como un campo vastísimo, todo sembrado de lazos y peligros! ¿Qué vigilancia no se necesita para poner el pie en punto seguro? ¿Qué astucia y valor, para no ser presa de nuestro adversario el diablo, que como león bravo da con feroz rugido mil vueltas a nuestro rededor para devorarnos? ¿Qué superioridad de espíritu, para no sucumbir a la fuerza dominante de unas costumbres perversas, que tanto se han generalizado en nuestros días con dispendio de la divina Ley?

Casi cuanto vemos, cuanto oímos, cuanto gustamos, cuanto, en fin, está cerca de nosotros, compromete nuestra seguridad, y pone en contingencia nuestra salvación.

Vos, pues, que tanto os distinguís en preservar de los peligros a los que os invocan, sedme presente en mis apuros, protegedme, cubridme, salvadme y no me desamparéis hasta ponerme en la excelsa región de la imperturbable seguridad.

Y para más obligaros, unido mi espíritu con las tres Jerarquías de los Ángeles, saludo a la Sacrosanta e individua Trinidad con tres Padre Nuestros, tres Ave Marías y un Gloria Patri.

ORACIÓN

(Para todos los días)

Excelentísimo Príncipe del Empíreo San Rafael, Ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono de la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador en los peligros, auxilio cierto en las necesidades, iluminador de los ciegos, y médico universal de todas las enfermedades, a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades.

Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros angélicos; tenéis la pureza y el candor de los demás Ángeles; sois Embajador de las cosas grandes, como los Arcángeles; sobre Vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre Reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros como las Virtudes; en Vos, finalmente, se ven brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los espíritus Seráficos.

Ya, pues, que residen en Vos tanta grandeza, poder y gloria, usad de vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en tiempo y eternidad. Amen.