NOVENA DEL GLORIOSO PRÍNCIPE Y ARCÁNGEL SAN RAFAEL – DÍA QUINTO

Médico y medicina de los dolientes,
Guía y Defensor de los caminantes,
Abogado y Protector de los pretendientes,
Consuelo y Alivio de los afligidos.

 

Por la señal, etc…

ACTO DE CONTRICIÓN

Para todos los días

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Criador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor: aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados.La confusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas, ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser y derramó por mi toda su sangre? Sí: me levantaré y me iré al Padre, os digo como aquel pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos Señor firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un Ángel puro, semejante a vuestro querido Arcángel San Rafael.

A Vos, pues, me dirijo, Príncipe gloriosísimo y Ángel de la salud Rafael, para que a la vista de vuestras virtudes y excelencias salga con vuestra protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta novena, y que espero de aquella vuestra gran clemencia y fondo de caridad, que forma vuestro carácter. Amen.

DÍA QUINTO

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SAN RAFAEL ABOGADO DE LA ORACIÓN

Es increíble la complacencia, que perciben los Santos Ángeles en las oraciones que dirigen los hombres al Omnipotente. Por eso se nos describen en el Apocalipsis con copas de oro en sus manos llenas de aromáticos olores, que, como allí mismo se dice, son las oraciones de los Santos, que ellos presentan como fragantes timiama ante el inaccesible Altar de la tremenda y centelleante Divinidad.

Pero además de este amoroso anhelo, con que todas las inteligencias angélicas generalmente miran y protegen la oración, tenemos datos particulares del especial interés que toma en ella el gran San Rafael. Desde los altos cielos parece está continuamente atalayando para ver y descubrir los hombres de oración y ofrecerla al Altísimo en favor de ellos.

Cuando tú orabas con tierno llanto, yo fui quien ofrecía a Dios tu oración. Así amorosamente lo manifestó a Tobías. Y no hay duda que hará lo mismo con cuantos se dediquen con esmero a la oración, especialmente si invocan su auxilio con fervor y alentada confianza; que por esto lo considera la Iglesia estar de pie con el incensario en la mano delante del ara del Templo, como que está siempre en actitud de ofrecer a Dios el oloroso perfume de nuestras oraciones.

Medítese un poco y pídase el favor que se desee alcanzar.

 

COLOQUIO

Ya que sois, excelso Príncipe Rafael, el abogado y promotor de la oración, alcanzadme de Dios el espíritu de esta virtud elevadora, que transforma los hombres en Serafines. Ella es la que corre la cortina a los sublimes espectáculos de la eternidad, entabla una amistosa correspondencia entre Dios y el hombre, da al alma alas de paloma, con que se traslada en un momento desde el abismo de la nada hasta el refulgente solio de la divinidad, enerva la fuerza tirana de las pasiones, corrige los vicios, da vida a las virtudes, hace llover del cielo muy salubres destellos en toda suerte de favores; ella, en fin, enciende en el alma aquella dulce y vehemente llama, que limpiándola de toda escoria de terrenos afectos, la eleva a los místicos óculos y abrazos del Dios del amor puro, hasta unirla y hacerla un mismo espíritu con Él.

Ella, pues, formará en adelante mis delicias, dedicando a su ejercicio tantas horas como hasta aquí se me ha llevado la ociosidad y unas tareas vanas y aun perjudiciales.

Estos son mis propósitos. Vos que sois el amigo de la oración, suplicad al Señor, que me dé la gracia de saber ponerlos en obra. Así lo espero de vuestra generosa condición.

Y para obligaros, unido mi espíritu con las tres Jerarquías de los Ángeles, saludo a la Sacrosanta e individua Trinidad con tres Padre Nuestros, tres Ave Marías y un Gloria Patri.

ORACIÓN

(Para todos los días)

Excelentísimo Príncipe del Empíreo San Rafael, Ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono de la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador en los peligros, auxilio cierto en las necesidades, iluminador de los ciegos, y médico universal de todas las enfermedades, a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades.

Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros angélicos; tenéis la pureza y el candor de los demás Ángeles; sois Embajador de las cosas grandes, como los Arcángeles; sobre Vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre Reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros como las Virtudes; en Vos, finalmente, se ven brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los espíritus Seráficos.

Ya, pues, que residen en Vos tanta grandeza, poder y gloria, usad de vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en tiempo y eternidad. Amen.