NOVENA DEL GLORIOSO PRÍNCIPE Y ARCÁNGEL SAN RAFAEL – DÍA CUARTO

Médico y medicina de los dolientes,
Guía y Defensor de los caminantes,
Abogado y Protector de los pretendientes,
Consuelo y Alivio de los afligidos.

 

Por la señal, etc…

ACTO DE CONTRICIÓN

Para todos los días

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Criador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor: aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados.La confusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas, ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser y derramó por mi toda su sangre? Sí: me levantaré y me iré al Padre, os digo como aquel pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos Señor firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un Ángel puro, semejante a vuestro querido Arcángel San Rafael.

A Vos, pues, me dirijo, Príncipe gloriosísimo y Ángel de la salud Rafael, para que a la vista de vuestras virtudes y excelencias salga con vuestra protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta novena, y que espero de aquella vuestra gran clemencia y fondo de caridad, que forma vuestro carácter. Amen.

DÍA CUARTO

Estampa de San Rafael, de juan Díaz, de 1752, basado en Antonio del Castillo

SAN RAFAEL AMIGO DE LAS OBRAS DE MISERICORDIA

Otro de los timbres que más ilustran y engrandecen a Rafael, es aquel vivo empeño que atender y recompensar las obras de misericordia, con que los hombres se socorren unos a otros. y especialmente la limosna. Su genio tierno, benéfico y bondadoso le hace mirar con fino cariño a cuantos congenian con Él en la piedad y misericordia.

Aquel héroe de la caridad para con los vivos y difuntos, el anciano Tobías, ¿qué beneficios no recibió de la mano de este generosísimo Príncipe? Cuando él distribuía con franca mano su pan a los pobres; cuando interrumpía su comida y se desprendía del descanso del sueño nocturno para dar sepultura a los muertos; cuando, en fin, desplegaba de mil modos su caritativo pecho en beneficio de sus concautivos hermanos, Rafael vigilaba solícito atendiendo con dulce complacencia estos actos de misericordia, presentándolos en copa de oro ante el acatamiento del Dios de las misericordias.

¿De qué bienes enseguida no colmó su persona, su casa y su familia? Vista, riquezas, consuelo, larga vida, toda clase de prosperidades fueron la recompensa, que con su benigna aparición le negoció. Tanto como éste, ama San Rafael la misericordia.

Medítese un poco y pídase el favor que se desee alcanzar.

 

COLOQUIO

Misericordioso San Rafael, yo no sé ver en Vos sino la más cabal y exacta imagen del Padre de las misericordias y Dios de toda consolación. A imitación suya no contento con favorecer Vos a vuestros queridos hombres, formáis, un empeño de que ellos se favorezcan recíprocamente.

Mientras que Vos estabais acumulando mil importantes beneficios sobre las dos casas de Raguel y Tobías, inculcabas con estilo enérgico el ejercicio de la limosna y demás actos de beneficencia. Mejor es, decíais, la limosna que almacenar tesoros de oro. Ella es la que preserva de la muerte; ella la que limpia los pecados, y el más seguro garante de la misericordia de Dios y de la vida eterna.

¡Ay de mí! Que tengo un corazón tan de piedra para con mis hermanos. Todo miel y regalo para conmigo, reservo la hiel y los ajenjos para los otros; y antes de arrostrar la menor incomodidad, sufriré que perezca de hambre un infeliz.

¿Cómo podréis Vos mirarme con buen ojo? No, no es vuestra protección para los insensibles y crueles. Rogad pues a Dios, mi amado Arcángel, que sensibilice mi corazón, para que a ejemplo vuestro me haga todo para todos, ejercitándome en adelante en todas las obras de misericordia. Esta es la merced que hoy os pido.

Y para más obligaros, unido mi espíritu con las tres Jerarquías de los Ángeles, saludo a la Sacrosanta e individua Trinidad con tres Padre Nuestros, tres Ave Marías y un Gloria Patri.

ORACIÓN

(Para todos los días)

Excelentísimo Príncipe del Empíreo San Rafael, Ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono de la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador en los peligros, auxilio cierto en las necesidades, iluminador de los ciegos, y médico universal de todas las enfermedades, a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades.

Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros angélicos; tenéis la pureza y el candor de los demás Ángeles; sois Embajador de las cosas grandes, como los Arcángeles; sobre Vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre Reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros como las Virtudes; en Vos, finalmente, se ven brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los espíritus Seráficos.

Ya, pues, que residen en Vos tanta grandeza, poder y gloria, usad de vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en tiempo y eternidad. Amen.